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Se ahogaba y no se atrevía a pedir auxilio

Foto: NASA's Marshall Space(Licensed Under Creative Commons)
Foto: NASA’s Marshall Space(Licensed Under Creative Commons)

Todos los seres humanos tenemos necesidades. Y a todos los seres humanos nos gusta tener cubiertas esas necesidades.

También nos gusta cubrir las necesidades de los demás. Cuando alguien nos pide algo, generalmente, procuramos ayudarle, cubrirle sus necesidades. Sobre todo cuando quien nos pide ayuda es alguien a quien queremos. Cuando quien nos pide algo es alguien a quien queremos, entonces estamos dispuestos a hacer cualquier cosa, incluso traspasando el borde del sacrificio.

Por razones fundamentalmente culturales, nos cuesta mucho, sin embargo, pedir algo a los demás. Tenemos necesidades, los demás están deseando ayudarnos y, a pesar de ello, no nos atrevemos a pedir.

Todavía es peor cuando alguien cree que son los demás quienes tienen que adivinar sus necesidades. “Si me quisieras, sabrías cuáles son mis necesidades”, es una frase absurda, ya que alguien puede quererte pero no saber cuáles son tus necesidades. “Si tengo que pedirlo, entonces ya no merece la pena” es otra de esas creencias sin ninguna base, pero que destrozan parejas y relaciones con los demás.

Si quieres algo, pídelo, no esperes que sean los demás quienes adivinen tus necesidades.

Es fundamental saber pedir. Pide lo que necesitas. Pide a tu pareja, a tus padres, a tus hijos, a tus compañeros de trabajo, a tus jefes, al banco. Pide. No pasa nada por pedir. Lo más que puede ocurrir es que te digan que no. Pero es que los demás también tienen derecho a decirte que no. Y ese ‘no’, no necesariamente significa que no te quieran. Es sólo un ‘no’ a esa demanda concreta que has hecho. Pídelo de otra manera, pídelo en otro momento, pídeselo a otra persona, pero no dejes nunca de pedir. Pedir hace que los demás sepan lo que quieres.

Pide las cosas como si estuvieras seguro de que te las van a dar, con convicción, con entusiasmo. Pide las cosas a quien pueda dártelas. Pide de forma concreta y clara. No utilices rodeos ni segundas intenciones. No uses indirectas. Pide directamente.

Me gustará que durante los próximos días comiences a ejercitar tu capacidad para pedir. Pide todo lo que necesites. Te sorprenderás de lo que ocurre cuando pides. Y si no pides, no responsabilices a los demás de no recibir.

Y recuerda que para recibir, primero hay que dar.

¿Qué opinas?

Stop a la Agorafobia

Ricardo Ros – Stop a la Agorafobia
Segunda Edición

¿Qué es la agorafobia?
– ansiedad cuando te encuentras en lugares o situaciones en los que es difícil escapar si ocurre algo (o te resulta embarazoso).
– miedo a tener una Crisis de Pánico y crees que no vas a tener posibilidad de recibir ayuda.
– miedo a estar solo fuera de casa, a mezclarte con mucha gente, a hacer cola, a pasar por encima de un puente, por debajo de un túnel, subir a un ascensor, montarte en un avión, etc.


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Manipula, manipula, que algo queda

Foto: Rudemusic .NET(Licended Under Creative Commons)
Foto: Rudemusic .NET(Licended Under Creative Commons)

Cuando queremos algo de otra persona, lo más fácil y lógico es pedirlo. La otra persona puede o no proporcionarnos lo que queremos, pero la comunicación permanece limpia, visible.

Hay, sin embargo, muchas personas que consideran que pedir algo directamente va en contra de sus principios, que no tienen derecho a hacerlo o que es una falta de educación. Otras personas creen que no hay que pedir, porque si la otra persona le quiere adivinará sus necesidades. En todos estos casos, lo que generalmente se hace es manipular a los demás.

Algunas personas tratan de culpar o de juzgar. Hay personas que se dedican a culpar a quien no le responde respecto a sus necesidades. Basan su estrategia en atacar el sentimiento y el pensamiento que sobre sí mismos tienen las personas. Saben donde les duele y ahí es donde les atacan. Para ello utilizan distintas estrategias, desde suaves y delicadas hasta irónicas y divertidas, pasando por aquellas que giran en torno a interrogaciones irracionales y tras ser rechazados saltan de manera “lógica”. La efectividad de ambas estrategias es temporal, ya que una vez que el entorno comienza a percibirlas con claridad dejan de responder ante esos ataques.

Otras personas fomentan la culpabilidad. Los que utilizan esta estrategia buscan que los otros se sientan culpables por no servirles de ayuda. Tratan despertar ese sentimiento que tenemos todas las personas de ser buenos respecto a los demás, de ser útiles a la sociedad. Tratan de que las personas que no responden a sus necesidades se sientan culpables, hacen que sientan que están fallando a los demás. De esta manera lo que buscan es que, aunque tengan una cierta actitud de rechazo interior hacia quien fomenta su culpabilidad, las personas hagan lo que ellos desean.

Otros tratan de provocar la lástima. Mediante una actitud de pena y abandono buscan llamar la atención y la simpatía de las personas. Lo hacen con distintas tácticas aunque con el paso del tiempo esta estrategia deja de funcionar ya que para la familia, los amigos esta situación se hace insoportable.

Bastantes personas utilizan el chantaje. Utilizando distintas estrategias amenazantes el usuario del chantaje lo que busca es no soltar algo necesario para los demás. Si las técnicas utilizadas no son las correctas poco a poco irá perdiendo efectividad y terminará por no funcionar. Quien utilice esta técnica tendrá que tener en cuenta que puede acabar resultando perjudicial hacia él mismo ya que puede crear una situación de rechazo en las personas a las que intenta chantajear.

Otras utilizan el soborno. El manipulador que utiliza el soborno lo que hace es prestar un interés falso hacia otra persona debido a que necesita algo de ella. El tiempo de efectividad también es escaso pero si se sigue manteniendo puede acarrear una actitud de rechazo desde los demás.

Otro, tratan de apaciguar. Quien utiliza está técnica tiene una actitud muy distinta de las anteriores, ya que busca conseguir una actitud positiva de los demás hacia su persona. No les gusta nada el conflicto y tratan de no llegar a él de cualquier manera. Tratan de resultar personas agradables, con una actitud positiva hacia el hecho de tener que pedir perdón y creen que deben hacerlo, buscando ser aprobadas y con estas tácticas tratan de conseguir después de los demás lo que quieren, ya que se lo deben porque él antes lo hizo por ellos. Con esta táctica buscan que los demás sean como ellos. El problema de esta estrategia reside en que en muchas ocasiones después de haber realizado cosas por los demás estos no le responden, no cumplen lo que se espera que ocurra.

Algunos se vuelven fríos. El manipulador que toma una actitud fría respecto a los demás lo que busca es que tengan claro que no van a conseguir nada de él, trata de intimidar, y los que finalmente consigue es que las personas no confíen en él.

Por último, hay personas que hacen ver que están enfermas. Es la táctica utilizada cuando después de utilizar el resto de las estrategias no se ha conseguido lo que se buscaba. Con esta estrategia tratan de crear un sentimiento de compasión, aunque tampoco dura demasiado, ya que los demás finalmente se dan cuenta de que todo es falso.

¿Cómo evitar todas estas manipulaciones? Muy fácil: pidiendo directamente, sin rodeos, sin indirectas.

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Stop a la Agorafobia

Ricardo Ros – Stop a la Agorafobia, Segunda Edición

¿Qué es la agorafobia?
– ansiedad cuando te encuentras en lugares o situaciones en los que es difícil escapar si ocurre algo (o te resulta embarazoso).
– miedo a tener una Crisis de Pánico y crees que no vas a tener posibilidad de recibir ayuda.
– miedo a estar solo fuera de casa, a mezclarte con mucha gente, a hacer cola, a pasar por encima de un puente, por debajo de un túnel, subir a un ascensor, montarte en un avión, etc.
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El león que se creía gacela

Foto: kepjuru(LCC)

Estamos hablando sobre el éxito como si fuera algo ajeno a nuestras vidas, como si fuera algo a lo que queremos llegar, pero que no conocemos. Nada hay más alejado de la realidad. Conoces el éxito en casi todas sus facetas. Si analizas tu vida, te darás cuenta de que es el éxito el que la rodea desde que naciste. Has obtenido el éxito en casi todas las cosas, aunque tu atención está centrada en lo que no has conseguido.

Quiero pedirte que ahora centres tu atención en todo aquello que te ha salido bien a lo largo de tu vida: has crecido sano y has superado la mayor parte de las enfermedades, has desarrollado tu inteligencia resolviendo prácticamente todos los desafíos que se te han presentado, has conseguido ser feliz con tu pareja durante mucho tiempo, tienes unos hijos que te quieren, tu trabajo te ha llenado durante muchos años… ¡Hay tantas cosas que se pueden considerar como un éxito!

Haz, por favor, una lista, con todo aquello que has conseguido a lo largo de tu vida en el aspecto personal, familiar, social y laboral. Analiza tu vida desde que naciste. Supiste salir adelante cuando te quedaste sin trabajo, encontrando uno mejor. Acabaste tus estudios a pesar de tener que trabajar al mismo tiempo. Superaste aquella crisis familiar tomando unas decisiones sabias. Has sabido convertir a tus hijos en unos seres felices…

Seguro que encuentras cientos, miles, de situaciones en tu vida que has sabido resolver con éxito.

¿Cómo lo has hecho? ¿Cómo has conseguido el éxito en esas situaciones? ¿Has analizado cuáles han sido las estrategias que has utilizado para conseguir esos éxitos? ¿Has desmenuzado las etapas, los mecanismos que te han acercado hacia el éxito en tantas situaciones? ¿Te das cuenta de que eres un experto en éxito?

Pero no te quedes ahí. Las cosas que has conseguido con éxito están muy bien, realmente tienes que felicitarte a ti mismo. ¿Son suficientes? ¿Merece la pena apoltronarte de por vida en determinadas áreas, porque ya has conseguido el éxito en algunas cosas?

Me gustaría pedirte que revisaras todas esas cosas que han constituido un éxito para ti. ¿Te va muy bien con tu pareja? Estupendo, ¿cómo puedes hacer para que te vaya todavía mucho mejor? ¿Has tenido éxito en tu negocio? Perfecto, ¿cómo vas a hacer para que tu negocio sea todavía más próspero? ¿Tienes muchos y buenos amigos? Maravilloso, ¿cómo vas a hacer para tener todavía más y mejores amigos? ¿Son tus hijos felices? Genial, ¿cómo ayudarás a tus hijos para que todavía sean más felices?

¿Por qué te conformas con lo que ya tienes? Las cosas que has conseguido convertir en éxito pueden ser una buena plataforma para seguir invirtiendo en nuevos éxitos cada día.

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Stop a la Agorafobia

Ricardo Ros – Stop a la Agorafobia, Segunda Edición

¿Qué es la agorafobia?
– ansiedad cuando te encuentras en lugares o situaciones en los que es difícil escapar si ocurre algo (o te resulta embarazoso).
– miedo a tener una Crisis de Pánico y crees que no vas a tener posibilidad de recibir ayuda.
– miedo a estar solo fuera de casa, a mezclarte con mucha gente, a hacer cola, a pasar por encima de un puente, por debajo de un túnel, subir a un ascensor, montarte en un avión, etc.
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Los baches del camino

Foto: Alex Proimos(Licensed Under Creative Commons)
Foto: Alex Proimos(Licensed Under Creative Commons)

Solemos quejarnos de los demás. Decimos que nos hacen la vida imposible. Mi pareja me reclama continuamente y me pide que sea perfecto. Mis padres están todo el día encima, tratando de presionarme. Mi jefe se extralimita en sus exigencias, me pide demasiadas cosas que yo no tendría que hacer. Mis amigos tensan demasiado la cuerda y se pasan en sus pretensiones, parece que tengo que resolverles yo la vida.

Por otro lado nos quejamos también de las personas que creemos que nos hacen daño. Un compañero de trabajo no me habla y parece que siempre está enojado conmigo. Un hermano parece que está todo el día buscando pelea, si no es una cosa es otra, pero al final acabamos enfadados. Un compañero de mi equipo de futbol amateur siempre me está echando puyas, tratando de que salte o de que le de un golpe. La secretaria de mi jefe me trata como si fuera basura, ni siquiera me mira a la cara.

¡Qué suerte tienes de que haya personas así a tu alrededor! Te va a parecer sorprendente lo que te voy a decir: gracias a ellos tú creces como persona.

Agradece a los demás lo que hacen para tu transformación. ¿Qué ocurriría si no hubiera baches en tu camino, si la vida fuera perfecta, si todo te saliera bien, si no tuvieras choques con otras personas? ¿Qué pasaría si tus padres o tu pareja no te presionaran o si tus amigos no te exigieran más de lo que les puedes dar? ¿Cómo sería tu vida si no te encontraras con personas que se bloquean contigo, que no te aceptan como eres o que tratan de desafiarte?

Si eres como eres, si estás creciendo como persona, es porque has encontrado todas esas dificultades en tu camino, porque hay personas cerca de ti con esas características, que te sacan de quicio, que te hacen sentirte mal, que te exigen demasiado.

Haces músculo cuando utilizas tus brazos o tus piernas. Tienes más inteligencia cuando tienes problemas difíciles de resolver. Las dificultades, los conflictos, los peligros, nos hacen fuertes.

La próxima vez que tu hermano te desafíe o que tus padres te presionen, aprovecha esa situación para aprender sobre ti mismo. No les eches la culpa a los demás. Aprende sobre ti mismo. Todo lo que te sucede es una buena oportunidad para crecer. Crecemos como personas cuando aceptamos nuevos desafíos, cuando aprendemos de la experiencia, cuando somos capaces de aceptar nuevas responsabilidades.

¡Qué suerte tienes de que haya personas así a tu alrededor!

¿Qué opinas?

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Stop a la Agorafobia

Ricardo Ros – Stop a la Agorafobia, Segunda Edición

¿Qué es la agorafobia?
– ansiedad cuando te encuentras en lugares o situaciones en los que es difícil escapar si ocurre algo (o te resulta embarazoso).
– miedo a tener una Crisis de Pánico y crees que no vas a tener posibilidad de recibir ayuda.
– miedo a estar solo fuera de casa, a mezclarte con mucha gente, a hacer cola, a pasar por encima de un puente, por debajo de un túnel, subir a un ascensor, montarte en un avión, etc.
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La olla a presión: la ira

Foto: Strick(LCC)
Foto: Strick(LCC)

La cólera y la ira son sentimientos que aunque propios de todo ser humano pueden dejar de ser meras manifestaciones espontáneas casuales y convertirse en el factor determinante de nuestras vidas.

Las personas coléricas son verdaderos enfermos sometidos a las exigencias de su propia rabia.

Si algo define la cólera es precisamente que se trata como de una especie de olla a presión que se pone al fuego. Cuando está suficientemente caliente es realmente difícil de controlar. El individuo deja de controlar su ira y es ella quien pasa a controlar al individuo.

La ira llega a modelar de tal manera nuestra personalidad que llegamos a definirnos como “personas coléricas”, cualquier motivo es suficiente para calentar los ánimos y que estallen.

Podemos definir una serie de pasos que suelen seguir estas personas coléricas.

Todo comienza por enfado generalizado con todo, con la vida en general, con una desaprobación global de cualquier cosa, nada es lo suficientemente bueno para nosotros. Es una ira encubierta que cualquier chispa hará explotar. Se busca cualquier tipo de excusa para provocar a los demás y comenzar la escalada de violencia. “¡Ay! ¡Cuanto lo siento! ¡No me había fijado!” El iracundo gruñe en voz baja sin que se entienda lo que dice. En realidad esto importa poco. Lo verdaderamente importante es que lo demás noten que está de mal humor.

El siguiente paso es echar la culpa a los demás, despreciarlos, descalificarlos de tal manera que el otro se sienta mal aunque sin darle demasiados detalles de qué es lo que nos desagrada en concreto.

Más tarde se continúa por los gritos y los malos modos: dar golpes a las cosas, portazos, insultos. Se intenta que el otro se sienta amenazado. En esto no nos diferenciamos demasiado del resto de los animales que antes de la pelea intentan atemorizar al contrincante a base de gruñidos y zarpazos al aire para demostrar su fiereza.

Esta escalada demuestra una pérdida total de autocontrol. El colérico no es consciente – ¿o sí lo es?- de que comienza la verdadera escalada de violencia. Se trata de culpar a los demás, de humillarlos. Se les amenaza con emplear la violencia física, incluso se le empuja o se les agarra por las solapas o las muñecas. Se invade el espacio físico del otro, que note la proximidad de nuestra presencia.

Una vez rota “la distancia de seguridad” cualquier cosa puede pasar ya. De un simple empujón podemos pasar a una bofetada, a un puñetazo, a una patada, a una pelea en toda regla e incluso a una cuchillada o un disparo. Todo es posible cuando se desata el monstruo de la violencia incontrolada. El límite es difícil de precisar.

Los juzgados están llenos de casos todos los días. “Yo no quería pero él me empujó y…”
“Mi intención no era golpearle tan fuerte, pero perdí los estribos…” “No sé cómo ocurrió. No fui consciente de lo que hice…” “Para cuando quise reaccionar ya era demasiado tarde. No pude evitarlo.”

La violencia no es en absoluto algo que podamos dominar una vez que se desata, por eso es peligroso acercarnos demasiado a ella. Una cosa es sentir la rabia y otra muy diferente que la rabia se convierta en conductas destructivas. Podemos sentir, pero mi mano o mi lengua no se mueve si yo no quiero.

El colérico pasa demasiado tiempo cerca de la ira incontrolada como para pretender dominarla. En un momento de obcecación podemos perder todo lo que amamos y sentirlo para el resto de nuestros días.

Además la rabia es como un deporte: se entrena. Cuantas más veces experimentemos esta escalada, más entrenados estaremos y más fácil será para nosotros traspasar la barrera y perder el control.

Nuestro principal objetivo debe ser cambiar nuestra actitud en su raíz.

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Stop a la Agorafobia

Ricardo Ros – Stop a la Agorafobia, Segunda Edición

¿Qué es la agorafobia?
– ansiedad cuando te encuentras en lugares o situaciones en los que es difícil escapar si ocurre algo (o te resulta embarazoso).
– miedo a tener una Crisis de Pánico y crees que no vas a tener posibilidad de recibir ayuda.
– miedo a estar solo fuera de casa, a mezclarte con mucha gente, a hacer cola, a pasar por encima de un puente, por debajo de un túnel, subir a un ascensor, montarte en un avión, etc.
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