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El número 32 de la revista "Mente Sana", editada en España por el Grupo RBA, contiene este mes un artículo de Ricardo Ros sobre la importancia de romper con los estereotipos para poder saborear la vida sin complejos.
""Lo que experimentamos es reflejo de muestra forma de ver el mundo en un momento determinado de la vida"."Las imágenes de marca o los estereotipos no son ni buenos ni malos, el problema reside en que no los actualizamos lo suficiente y queremos seguir manteniendo una imagen irreal".
"El concepto que tenemos de nosotros mismos puede convertirse en una trampa cuando hacemos estas comparaciones", comenta Ricardo Ros.
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La Revista Vive en su especial titulado "Vivir sin Estrés" ha vuelto a publicar este mes de Noviembre el test de ansiedad creado por Ricardo Ros después de la gran acogida que tuvo tras publicarse en el número 85.
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El otro día estuve con una chica de 23 años que me ha contó que a los 11 años se atragantó al comer un caramelo y desde entonces no se atreve a tragar ningún alimento sólido. Desde entonces, comenzó a pensar en la muerte, en su muerte, y todos los días dedica un rato a pensar cómo se sentirá cuando note que se está muriendo. Si yo pensara lo mismo, me sentiría como ella, angustiado.
Lo que más me ha llamado la atención es que, por una parte, su familia siempre le ha dicho que lo que tiene que hacer es aceptarse como es, ansiosa y nerviosa, y, por otro lado, que ella pensara que era normal pensar en la muerte todos los días.
Lo normal en el ser humano es sentirnos bien. Cuando nos duele una muela notamos que nos duele una muela. Cuando deja de dolernos la muela, la sensación no es maravillosa. Es normal. No pasa nada. Ese es el estado normal en el ser humano. Y lo normal en el ser humano es que nos sintamos estupendamente bien cuando hay un motivo real en nuestras vidas que haga que nos sintamos bien y que nos sintamos muy mal cuando hay un motivo real en nuestras vidas que nos haga sentirnos mal. De la misma forma que nos abrigamos cuando hace frío y nos quitamos ropa cuando hace calor, lo normal es que sintamos en relación con las cosas que nos ocurren.
En el fondo, no es más que pura imaginación. Las personas que se sienten mal o bien fuera de contexto, como la chica del caramelo, no hacen más que ocupar su imaginación con cosas que no son reales. Pero, fíjate, siempre son cosas que no forman parte del presente. O son recuerdos del pasado, que ya no existen, o son fantasías sobre el futuro, que tampoco existen. Es lógico que se sintiera muy mal cuando se atragantó con el caramelo. Pero no lo es que mantenga el mismo miedo al cabo de tantos años. Y es menos lógico que se imagine qué pasará el día que se muera.
¿Y el presente? ¿Cómo es tu presente? Si controlas tu presente, controlarás tu vida.
¿Conoces algún caso parecido? ¿Qué harías ante una situación similar? Me importa saber tu opinión.
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Aparición en el programa “El Día por Delante” de la cadena "Radio El Día" comentando los efectos que produce el cambio horario.[ añadir comentario ] | Enlace permanente
En estos días de enfrentamientos, de guerras, de terrorismo, en que salen a la luz los dos sentimientos más profundos que tenemos los seres humanos, el egoísmo enfrentado al amor, he estado reflexionando sobre nuestra responsabilidad individual en la guerra. Nos preguntamos qué podemos hacer para acabar con esta y con todas las guerras y, sin embargo, somos incapaces de visitar a nuestro vecino enfermo.
La guerra no está sólo en Irak o en Sudán. La guerra está en nuestro interior. Es una lucha diaria entre el bien y el mal. Vemos la guerra a través de la televisión y no somos capaces de ver la guerra en nuestra casa, en nuestro trabajo, en nuestro barrio. La guerra es nuestro egoísmo, el no compartir, el no dar.
¿Qué podemos hacer para acabar con todas las guerras? La respuesta es sencilla: tener paz en nuestros corazones, amar a nuestros semejantes, tratar mejor a quienes nos rodean.
La paz es interesarnos por los demás, cubrir sus necesidades, dar y darnos, pero, sobre todo, es aceptar al otro tal como es. Aceptar al otro tal como es no significa que le permitamos todo, que le consintamos comportamientos inadecuados para nosotros, sino que le reconozcamos como persona.
Fíjate. Cuando te enfadas con alguien en realidad estás negando en el otro algo que tú tienes y que no aceptas en ti mismo. El enfado no es más que lo que te devuelve el espejo, tu propia imagen de frustración. Cuando disparas tu rabia hacia alguien, en realidad estás apuntando el arma contra ti mismo. ¿Qué hay en ti que ves reflejado en el otro? ¿Qué no reconoces en ti mismo, qué te duele de ti mismo, qué rechazas de ti mismo y que reflejas en el otro?
Hay muchas guerras en las que no hay tiros, están basadas en la indiferencia. Hay muchas guerras sin tiros en los que las personas se mueren de hambre, sufren enfermedades o viven en soledad por la indiferencia de los demás. Buscamos nuestro beneficio, grande o pequeño, buscamos poder vivir mejor, y nos olvidamos de los demás, de aquellos que ni siquiera pueden vivir con dignidad. Y no hay que irse a países del tercer mundo para encontrarnos con guerras de este tipo. Es muy posible que esa guerra esté sucediendo en la casa vecina, en la calle de al lado o en el barrio de enfrente.
Si estás leyendo estas reflexiones significa que eres un privilegiado. Es muy probable que tengas muchas dificultades en tu vida, pero el simple hecho de conectarte a Internet ya indica que tienes un nivel cultural y económico que te lo permite hacer. Quizás llevas tiempo pensando que tienes que dar un paso, que tienes que comenzar a devolver a los demás algo de lo que has recibido. Yo te animo a dar ese paso. Sal a la calle y habla con ese mendigo. Cruza la calle y pregunta a esa anciana si necesita hablar con alguien. Algo tan sencillo y que tú sabes hacer tan bien, como hablar y escuchar, es una riqueza que puedes compartir con aquellos que lo necesitan. Y de lo que sí puedes estar seguro si lo haces, es que te permitirá conocerte mucho mejor a ti mismo.
El final de las guerras se producirá el día en que comencemos a aceptarnos a nosotros mismos, porque ese día comenzaremos a amar a los demás.
Me gustará saber tu opinión.
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Psicólogo afirma cambio hora provoca un desfase biológico 'a veces peligroso'
Los cambios de horario, como el que tendrá lugar esta madrugada, pueden crear un desorden biológico muy peligroso para la salud llamado 'desorden afectivo estacional', según afirma el psicólogo experto en ansiedad y estrés Ricardo Ros.
Ros, autor del libro 'Stop a la ansiedad' y editor de un portal de Internet sobre Programación Neurolingüística, explica en un comunicado que el desorden afectivo estacional es producido por una baja exposición a la luz natural.
Usualmente empieza en otoño y sus efectos son más marcados con el cambio de horario invernal.
El psicólogo considera que no hay que hacer un drama del cambio horario, aunque 'debemos ser conscientes de los posibles efectos que podemos sufrir', como aumento de sueño o letargo diurno, desgana, falta de energía, expectativas negativas, baja autoestima y alteraciones en el apetito.
Todos estos síntomas aparecen sin un motivo aparente, pero suelen pertenecer a una serie de depresiones periódicas que se confirman a medida de que hay menos horas de luz diurna.
Este síndrome, destaca Ros, se asocia a la elevada tasa de trastornos depresivos por la falta de luz en los países nórdicos, por ejemplo en Finlandia, un país que 'a pesar de su aparente bienestar, tenía la mayor tasa de suicidios de la Unión Europea antes de la incorporación de los países bálticos'.
Aunque los países nórdicos tengan unos datos 'tan alarmantes', en Europa 'es difícil estimar hasta qué punto es influyente el clima o la exposición a la luz solar', señala el psicólogo, que subraya que, en todo caso, 'es una realidad que con la llegada del invierno los casos aumentan'.
No obstante, Ros afirma que la adaptación a un nuevo horario varía según el individuo, ya que 'no todos tenemos el mismo reloj biológico', que es el encargado de la producción de melatonina, la causante de que haya personas sin sueño por la noche, pero que a la vez les cueste levantarse por la mañana o viceversa.
La melatonina es producida en mayores cantidades durante las horas nocturnas y, 'aunque una hora de más o de menos parezca insignificante, puede desorientar nuestro reloj biológico', resalta el psicólogo.
Para evitar estos trastornos, Ros recomienda aprovechar las horas de luz solar, una buena alimentación y recuperar actividades que no es posible realizar en el verano.
Si después de un mes el afectado sigue padeciendo la sensación depresiva, Ros aconseja realizar una terapia con un profesional antes de que el problema se extienda.
Publicado en:
Europa Press
Yahoo Noticias
Diario de Navarra
Terra
Canarias 7
Palencia Digital
Xornal Galicia
Málaga Hoy
Canarias 24 Horas
El Correo Gallego
Diario de Léon
Huelva Información
Diario del Bierzo
Granada Hoy
Hispanidad
Interbusca
Kaixo
Diario de Cádiz
Web de Hogar
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Hoy he estado observando a un gato. Para él, todo el día es fiesta. Es fiesta cazar, es fiesta dormir, es fiesta pelearse, es fiesta no hacer nada. Incluso cuando ha aparecido un perro, el gato lo ha tomado como una fiesta, retirándose rápidamente. Los seres humanos hemos perdido ese lado festivo de la vida. Pero si te fijas bien, es fiesta poder respirar, es fiesta ver amanecer, es fiesta trabajar, es fiesta dormir, es fiesta ver a una bandada de pájaros en el cielo.
Nos damos cuenta de lo importante que es la salud cuando dejamos de tenerla, de lo interesante de nuestro trabajo cuando nos quedamos sin él, de nuestros sentimientos hacia personas queridas cuando las perdemos. Nuestra cultura está basada en las promesas del futuro, en paraísos probables, en cielos demasiado alejados. La influencia religiosa nos hace poner la esperanza en el futuro, situar la felicidad más adelante, conseguir el bienestar en la eternidad.
Muchas personas desperdician su vida lamentándose por lo que les gustaría tener y no tienen.
Es muy interesante reflexionar todos los días sobre lo que tengo. Tengo salud, tengo una familia que me quiere, tengo para vivir con dignidad, tengo amigos que me aprecian, tengo un trabajo que me gusta, tengo... ¡Tengo tantas cosas!
Lo inteligente es valorar lo que se tiene, disfrutar de lo que se tiene. Es bueno marcarse objetivos, pero sabiendo siempre que la felicidad está en lo que tenemos, no en lo que podríamos tener. Lo dice el refranero popular: "Más vale pájaro en mano que ciento volando", "Es mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer"
Mi propuesta para ti esta semana es que todos los días durante cinco minutos, mientras te duchas, mientras paseas, mientras esperas en un semáforo, pienses sobre las cosas que tienes, no sobre las que no tienes o te gustaría tener. Verás cómo algo cambia en tu interior.
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La otra tarde iba caminando por un sendero que he recorrido mil veces. Bordea un río y se adentra por un pequeño bosque. Iba mirando al suelo y, de repente, levanté la vista. En medio del bosque siempre había habido una granja de animales, con una superficie de unos dos mil metros cuadrados. Cuando levanté la vista, la granja había desaparecido. Todos los edificios, establos y almacenes habían desaparecido como por ensalmo y quedaba sólo el terreno vacío en medio del bosque. Pensé que si no hubiera levantado la vista no me habría dado cuenta de que habían tirado aquellas edificaciones. No quedaba ni rastro, pero yo paso por allí dos o tres veces a la semana y no me había fijado en su desaparición. ¿Y si llevaba varias semanas o meses así y yo había pasado sin mirar?
Pasamos por la vida sin mirar. Nos metemos en nuestros bucles cotidianos, repetimos y repetimos los mismos gestos, los mismos pensamientos. Miramos siempre a los mismos sitios. Centramos nuestra atención siempre en las mismas cosas. Y nos perdemos todo lo demás.
Pensamos, pero no percibimos. Los pensamientos nos absorben, llenan todo nuestro ser y llegamos tristemente a pensar que la realidad es nuestro pensamiento, confundimos la realidad con lo que pensamos. El pensamiento se adueña, el pensamiento se hace uno conmigo mismo, y me lleva a creer que el pensamiento es la realidad.
El pensamiento funciona por repetición. Y como los pensamientos se repiten una y otra vez, al final esos pensamientos me impiden ponerme en comunicación con el mundo. Y cuando los pensamientos bloquean la relación con la realidad, ni siquiera mis ojos son capaces de ver, ni mis oídos de escuchar, ni mis sensaciones de percibir lo que realmente está ocurriendo fuera de mí.
Hoy he vuelto a pasear por el bosque. Me he sentado bajo un árbol. He cerrado los ojos y he escuchado los cantos de los pájaros, el ruido de las hojas otoñales que ya comienzan a caer, el murmullo lejano del río, crecido tras las últimas lluvias. Después he abierto los ojos. Y sin oír nada, he mirado. Unas hormigas trabajaban incansables. Unos petirrojos hacían cabriolas sobre unas matas. Unas campanillas trepaban por un seto. He vuelto a cerrar los ojos y he tocado. La hierba. El tronco del árbol. Una piedra. Después he olido. Olores mezclados de hojas caídas, flores en decadencia, corteza de castaño. Una suave brisa sobre mi piel. Y, por último, he sentido. Mi infancia, el final del verano, el recuerdo de un beso adolescente.
Cuando lo he mezclado todo, percepciones y sentimientos, sin dejar que el pensamiento tome el mando, he sabido lo que significa vivir.
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El periódico ADN publica una entrevista con Ricardo Ros en la que se habla de la depresión y la repercusión en las bajas laborales.
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La depresión es 'la enfermedad más grave a la que nos enfrentamos' los profesionales de la salud, aseguró hoy el psicólogo experto en ansiedad y estrés Ricardo Ros, con motivo de la celebración mañana del Día Europeo de la Depresión, un trastorno que en España sufren unos seis millones de personas, entre el 10 y el 15% de la población.
Ros, autor del libro 'Stop a la ansiedad' y editor de un portal de Internet sobre Programación Neurolingüística, aseguró en un comunicado que, hasta ahora, la persona deprimida 'era acusada de tener un carácter débil', pero 'ahora la gente está concienciada que es una enfermedad que necesita un tratamiento adecuado'.
Una persona con un episodio depresivo, explicó, es aquella que al menos durante dos semanas ha sentido un empeoramiento claro en su estado, con una pérdida de interés en actividades placenteras y con un nivel de autoestima muy bajo.
Muchas veces, estas personas se quejan de dolores físicos o molestias en lugar de referirse a sentimientos de tristeza, pero 'lo que realmente desean es que se les escuche', señaló el psicólogo.
Ros destacó que la depresión es ya la segunda causa de baja laboral en España y sobre todo afecta a colectivos como los de la sanidad o la enseñanza, ya que, a la fatiga psíquica, 'muchas veces se le tiene que añadir la frustración ante la falta de logros'.
A este tipo de pacientes, dijo Ros, hay que eliminarles ese 'sentimiento de inutilidad', porque provoca evaluaciones negativas que no resultan realistas, ya que 'malinterpretan los acontecimientos y los emplean como prueba de sus defectos personales'.
El psicólogo afirmó que la depresión no tiene un desencadenante claro, ya que, por un lado, puede deberse a una causa endógena provocada por factores genéticos o errores en la metabolización de algunos neurotransmisores neuronales y, por otro, puede ser causada por la reacción a un entorno depresivo, una experiencia traumática o una pérdida afectiva.
El tratamiento ante causas endógenas se basa en el uso de medicamentos, pero con las reactivas no son necesarios y una terapia adecuada con un psicólogo es suficiente, un hecho, aseguró Ros, que 'es desconocido por la población y, como consecuencia, el abuso en el consumo de antidepresivos y tranquilizantes es cada día mayor'.
Según datos del Ministerio de Sanidad, en España se triplicó el consumo de estos medicamentos entre 1994 y 2003, al pasar de 7,2 a 21,2 millones en el caso de los antidepresivos, y se duplicó en el caso de los tranquilizantes, al aumentar de 22,5 a 38 millones.
Ros subrayó que los datos actuales en España se desconocen, pero en Francia las autoridades sanitarias 'están alarmadas', porque ya alcanzan los 65 millones, 'algo insólito', resaltó.
Publicado en:
Terra Noticias
Canarias 24 horas
Xornal de Galicia
Depresión y Salud
Instituto Geontológico
Además: Diario de León, Deia, Diario Meditarráneo.
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Hace poco una periodista me preguntaba sobre las crisis existenciales. Yo le estaba explicando que los seres humanos vamos pasando por distintas crisis a lo largo de nuestra vida y que quizás la más difícil de superar es cuando nos preguntamos "¿quiénes somos nosotros?". La periodista me dijo: "Es que hay muchas personas que no están preparadas para hacerse esa pregunta". Y yo le contesté: "Sólo se hacen esa pregunta quienes están preparados para recibir la respuesta. Quien no está preparado para la respuesta, no se plantea la pregunta".
Realmente sólo estamos preparados para hacernos preguntas cuando estamos dispuestos a aceptar nuevas responsabilidades. Ni antes ni después. El crecimiento personal está unido a la responsabilidad. Un adolescente tiene una crisis cuando está preparado para entrar en la vida adulta y asumir las responsabilidades de la vida adulta. Si un adolescente no tiene esa crisis y no se plantea las preguntas adecuadas, seguirá siendo un adolescente aunque tenga cuarenta años. Las crisis existenciales nos preparan para dar un paso más hacia el crecimiento personal. El crecimiento personal es hacernos más responsables.
Hay que estar preparado y reconocer el momento en que se está preparado para plantearse algunas preguntas que nos meterán en una crisis, y conseguir las respuestas que nos sacarán de la crisis. Lo inteligente es hacer las cosas en el momento oportuno, cuando estás preparado y tienes el conocimiento suficiente. Nadie se plantea una pregunta si no está preparado para la respuesta.
Las crisis más importantes de la vida tienen que ver con dos preguntas fundamentales: ¿quién soy yo? (la identidad) y ¿quiénes somos nosotros? (lo transpersonal). Estas preguntas no tienen que ver con la edad (yo he conocido niños de doce años que ya se las hacían y a personas de ochenta que nunca se las habían hecho), sino con el nivel de madurez a la hora de asumir más responsabilidades. Saber esperar es adecuado a veces. Otras veces, esperar impide llegar al cruce de caminos que nos señalará el camino correcto.
Si nunca te has planteado "quién eres" o "quiénes somos", no te preocupes. El hecho de que te interese leer este Blog indica que ya tienes la escalera y estás buscando la pared adecuada donde apoyarla. Y si no es esta pared, será la siguiente.
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Una vez superado el precio de coste (fabricación y comercialización) un producto vale lo que alguien esté dispuesto a pagar por él. Es la ley de la oferta y la demanda. También influye la imagen de marca.
Un amigo me decía que ellos aplican un 500% de beneficio a los productos que venden. Es decir, los venden quinientas veces más caros que lo que les cuesta. Si ellos lo compran a un precio y los fabricantes y los intermediarios ya se han quedado su comisión, el precio de coste de esos productos no tiene ninguna relación con el precio final de venta. Si pueden hacer esto es porque alguien está dispuesto a pagar ese sobreprecio por unos productos que realmente valen mucho menos.
De lo que haces a lo largo del día, ¿cuál es tu valor real y cuál es tu valor de venta? Me refiero a ti como persona. En tu trabajo, ¿vales lo que exiges que te paguen? Con tu pareja, ¿pides más de lo que tú estás dando? ¿Les das a tus amigos el valor correspondiente a lo que tú les pides a ellos? ¿Exiges a tus hijos cosas que tú no les estás dando en el mismo grado, atención, dedicación, cariño. . .?
¿Cuánto estás dispuesto a pagar por ti? ¿Te comprarías a ti mismo? ¿Cuánto vales para ti? ¿Crees que los demás están dispuestos a pagar por ti más de lo que vales? ¿Te cotizas con un sobreprecio? ¿Estás sobre valorado? ¿Cuál es tu precio real y tu precio de venta? ¿Quién se queda con las comisiones? ¿Se pierden comisiones por el camino?
Si hubiera una caída de tu cotización en la bolsa de tu vida, ¿qué queda realmente al final? ¿Qué tienes que merezca la pena? ¿Qué estarían dispuestos los demás, las personas que te rodean, a salvar de ti? ¿En qué estarían dispuestos los demás a invertir en ti? ¿Conoces tus límites?
¿En qué mercados cotizas? ¿Cotizas en el mercado del trabajo, pero no en el mercado social? ¿Cotizas en el mercado familiar, pero no en el mercado laboral? ¿Vales más en unos mercados que en otros? ¿Tienes algunos mercados abandonados?
¿Coincide tu identidad de marca con tu imagen de marca, es decir, lo que tú piensas de ti mismo con la imagen que los demás perciben de ti? ¿Los demás te dan un valor inferior o superior al que tú te das a ti mismo?
¿Valoras a los demás en su justa valía?
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