Cada quince días voy a colaborar en una sección del Magazine dominical de El Mundo. Una persona conocida dice con qué personaje de una serie de TV se identifica y yo analizo a ese personaje. Que nos identifiquemos con un personaje de la TV no significa que seamos iguales que él, sino que existen algunas cualidades que tenemos parecidas o que nos gustaria tener. 
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En el número de Noviembre de la revista Vogue se publica un artículo sobre fobias. Una fobia es una de las manifestaciones de la ansiedad. Ansiedad es lo mismo que miedo. Una fobia es un temor acusado y persistente desencadenado por la presencia o anticipación de un objeto o situación específicos (p. ej., volar, precipicios, animales, administración de inyecciones, visión de sangre). La persona reconoce que este miedo es excesivo o irracional.
La exposición al estímulo fóbico provoca casi invariablemente una respuesta inmediata de ansiedad, que puede tomar la forma de una crisis de angustia situacional o más o menos relacionada con una situación determinada.
Las fobias producen comportamientos de evitación o de huída, por lo que interfieren en la vida cotidiana de la persona.
Sólo son problemáticas las fobias que suponen una alteración en la vida diaria de una persona. No es lo mismo tener fobia a los aviones si eres un comercial que tiene que viajar mucho, que si eres una persona sedentaria a la que no le interesa viajar.


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Continuamente me encuentro con personas que tienen prisa. Suelen decir que no tienen tiempo, que cuando se despiertan por la mañana ya están pensando en lo que tendrán que hacer por la noche. El tiempo se les agolpa, se les cae encima. Generalmente son personas que tienen
la ansiedad muy alta, es decir, que tienen miedo: tienen miedo de no saber hacer las cosas a tiempo, tienen miedo a fracasar, tienen miedo a no ser perfectas.Gregoria me escribe una carta en la que me dice que no sabe cómo, pero que de repente se ha quedado sola en casa porque todos sus hijos se han hecho mayores. Dice que no comprende cómo ha podido ocurrir tan rápido si hace nada eran todavía unos niños. “Toda mi vida he estado trabajando para mis hijos y no me he enterado de que se han hecho mayores. He trabajado tanto para ellos, que no he sabido disfrutarlos. ¿Cómo podría recuperar ese tiempo perdido?”, me dice.
Enrique me cuenta que se despierta e inmediatamente comienza a tener ansiedad. Le digo que tiene que haber algún pensamiento y me contesta que, ya desde la cama, comienza a trabajar en todos los proyectos que tiene en su trabajo, que les da vueltas y vueltas, que comprende que no tiene tiempo en todo el día de hacer lo que tiene que hacer y que eso le desespera. “Ni aunque trabajara quince horas diarias podría hacer todo lo que me he propuesto hacer”.
Eva dice que le preocupa mucho la educación de su hijo de cinco años y que por eso lo está ya llevando a muchas actividades extraescolares (inglés, pintura, judo, atletismo, natación) y que se le hace muy duro, porque tiene que estar todas las tardes yendo de aquí para allá. “Por la mañana trabajo. Por la tarde, recojo al niño a la salida del colegio y lo llevo a judo, que está a diez minutos del colegio. Cuando el niño sale de judo, lo tengo que llevar a inglés a otro centro que está a veinte minutos en coche. Cuando sale de inglés vamos a pintura, que está a media hora. Se me hacen las nueve de la noche cuando llegamos a casa, bañarlo, cenar, contarle un cuento, las once. No tengo tiempo para estar con mi marido, no estoy disfrutando. Tengo la sensación de estar todo el día esperando al niño para hacer de taxista”

Mario tiene 40 años y me cuenta que cuando sale del trabajo tiene necesidad de visitar a todos sus amigos. “Al principio quedábamos en un bar, nos tomábamos unas cañitas y nos íbamos a casa. Pero cuando empezaron a casarse y a tener hijos, yo empecé a visitarlos en sus casas. Sé que no hago bien, porque les estoy incomodando, les estoy quitando privacidad y las mujeres de mis amigos me odian, pero no puedo evitarlo, necesito verlos a todos porque el tiempo pasa muy rápido y en cualquier momento cualquiera de nosotros puede morir”.
A Gregoria, Enrique, Eva y Mario sus sombras se les cruzan por delante. Están tan preocupados por el futuro, están tan concentrados en el futuro, tienen tanto miedo al futuro, que no se enteran del presente, se están perdiendo el presente.
Disfruta de la fragancia que te da ahora la flor, pues es seguro que con el tiempo marchitará.
¿Qué opinas? ¿Cuál es tu experiencia?
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Un comentario que suelo oír como psicólogo con frecuencia es “tu trabajo debe ser muy penoso porque debes estar oyendo desgracias todo el día y haciéndolas tuyas para poder comprenderlas” Yo suelo contestar que no es así. Los problemas de los demás son de los demás.
Por mucho que trate de entender un problema de otra persona, sigue siendo un problema de otra persona, no mío.En algunas culturas existe la figura de la plañidera, generalmente mujeres a las que se les paga para que lloren en los funerales. Cuanto más se les paga, más lloran. No sólo lloran, también gimen, sollozan, gritan, suspiran, se dan golpes en el pecho, se estiran de los cabellos, se arrastran por el suelo… Para conseguir llorar necesitan ponerse en situación, recuerdan alguna desgracia personal, alguna pérdida familiar propia. Ocurre lo mismo con los buenos actores, que se imaginan una situación personal para poder llorar. El método Stanislavski de interpretación, conocido como El Método y usado en el Actors Studio de Nueva York, se basa en eso mismo: el actor busca en su interior una situación personal que le haya producido el mismo sentimiento que al personaje al que tiene que interpretar y crea un anclaje. Anthony Hopkins, Al Pacino o Marlon Brando han utilizado esta técnica. Es una técnica muy dura, porque el actor tiene que despertar sentimientos profundos y después saber cortarlos sin sentirse atrapado por ellos de nuevo.
Hay personas que destrozan su vida tratando de sentir lo que sienten los demás. No ya sólo tratan de sentir lo que sienten sus familiares o amigos, si no que tratan de sentir lo que sienten personajes del corazón o personajes de telenovela.
Nancy me dice que llora y llora ante las desgracias que les ocurren a unos personajes de una novela de un canal de telenovelas en México que se llama “El abuelo y yo”. Un pobre niño huérfano, me cuenta, lleno de grandes problemas. Me dice que repiten la telenovela tres veces por día y que la ve las tres veces. Tres horas al día llorando. Y me pregunta cómo puede hacer para no llorar tanto.
Joaquín me explica que se ha muerto su suegro y que no puede evitar tratar de sentir lo que siente su mujer y que está llorando más que ella.
Esther me dice que no se puede quitar de la cabeza las desgracias que está teniendo la ex de un torero. Dice que ve los programas de TV, compra las revistas de corazón y habla con sus amigas sobre el mismo tema. En conclusión, llora y llora por las desgracias de alguien a quien ni siquiera conoce.

Laura me cuenta que no puede ver las noticias en la televisión porque se mete dentro de las propias noticias y se imagina cómo se sentirá la madre a la que se le ha muerto un hijo en una guerra, al hijo al que ha abandonado su madre, a la persona a la que le acaban de atracar o a la madre del político al que acaban de descubrir una corrupción.
No dejes que los problema de los demás ocupen tu vida. Pon límites claros. Tu vida es tu vida y la vida de los demás es la vida de los demás. Tus sentimientos son tuyos. Los sentimientos de los demás, son de los demás. Siente lo que tengas que sentir, pero ese sentimiento tiene que estar relacionado con la realidad.
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La ventaja competitiva se produce cuando una empresa es capaz de producir productos o servicios exclusivos, productos a un precio más bajo que la competencia o con alguna característica que lo haga diferente.
Una empresa que fabrica cajas de cartón, por ejemplo, se puede diferenciar de las demás fábricas de cartón produciendo a más bajos costes o en menor tiempo, llegando a segmentos a los que otros no llegan, dando un servicio comercial diferente o fabricando cajas con diseños exclusivos. Esta será su ventaja competitiva.Jaime me pregunta si conozco a alguien que necesite un jardinero. Le pregunto cuál es su ventaja competitiva. Me dice que sabe hacer lo que saben hacer todos los jardineros, podar, regar, sembrar. Da la casualidad de que tengo un amigo que busca desesperadamente un jardinero desde hace mucho tiempo, pero no encuentra ninguno que haga lo que él necesita, un jardinero que sepa recortar setos: su jardín está lleno de setos recortados con figuras de animales. Hay cientos de jardineros en paro, pero ninguno tiene esa ventaja competitiva.
Otro amigo mío tiene un taller de reparación de vehículos en un país del Caribe. Aquí casi todos los coches tienen más de diez años, por lo que los talleres tienen un exceso de trabajo. Samuel me dice que no encuentra personal experto en motores diesel. Hay miles de mecánicos en paro, pero no encuentra personal especializado.
Miguel tiene un bar en una calle en la que hay otros diez bares. Con la crisis ya han cerrado la mitad. Pero Miguel pensó que tenía que encontrar una ventaja competitiva, algo que lo hiciera diferente al resto. Te invita a comer cada cuatro comidas, es decir, quienes acuden a su bar a comer diariamente, pagan de lunes a jueves y el viernes les sale gratis. Hace lo mismo con las bebidas, te invita a una cerveza cada cuatro que consumes. Si vas con cuatro amigos, la tuya te sale gratis. Posiblemente cerrarán los demás bares antes que el suyo, ya que tiene lista de espera para poder comer.

¿Cuál es tu ventaja competitiva? ¿Qué puedes ofrecer diferente a los demás? ¿Qué tienes que no tienen los demás?
En el aspecto personal, ¿qué ventaja competitiva puedes ofrecer a tus hijos, a tu pareja, a tus amistades? ¿Qué tienes de valor? ¿Cuál es el tesoro que puedes entregar a los demás?
Y centrándonos en ti, ¿qué ventaja competitiva te puedes ofrecer a ti mismo?
Si no tienes una ventaja competitiva, no compitas.
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Hoy es el día en que desde los blogs de divulgación científica se protesta por el recorte-que-no-es-recorte (todo depende del punto de vista que uno defienda) de un 15% de media en el presupuesto de los organismos públicos de investigación dependientes del Ministerio de Ciencia e Innovación en España -porque recordemos que no son todos: el Instituto Nacional de Técnica Aerospacial depende, sorprendentemente, de Defensa-. Este ministerio es el que se lleva el mayor tajo -450 millones de euros- en unas medidas que, dicen, son una apuesta por un “nuevo modelo productivo”.Por supuesto, los científicos han puesto el grito en el cielo y Joan Guinovart ha señalado que el recorte equivale a la ficha de 6 Cristiano Ronaldos -el recorte parece ser menor al que manejaba este científico y se queda en 4,7 Ronaldos- . Y 5 veces las ayudas al cine español en 2009, añado. Por cierto, que mientras las ayudas del Ministerio de Cultura al cine aumentaban un 14% del 2008 al 2009, las destinadas a proyectos de conservación de bienes declarados Patrimonio Mundial o estudios arqueológicos en el exterior -ciencia a fin de cuentas- caían más de un 200%.
Esto nos permite hacer unas pequeñas comparaciones: reducir el sueldo a 5 científicos equivale a hacer la misma reducción a un futbolista de éxito, y lo que deja de ingresar un centro de investigación es como si no se financiaran cinco películas españolas. Aún hay más. El recorte total a la ciencia vale lo que las pensiones de 10 máximos ejecutivos del BBVA y el Banco Santander y entre 2 y 3,5 veces lo que las entidades gestoras de propiedad intelectual han ingresado este año.
Y no entro en los sueldos comparados porque ya sería de risa. ¿Es la ciencia importante para un país? Seguro que no hay nadie que diga que no, pero lo que nadie acaba por matizar es cuán importante consideran que es. Ahora se ha visto. Y después queremos que los jóvenes se sientan motivados para lanzarse, cuesta abajo, a una carrera científica malpagada la mayor parte de su vida.
(publicado en 20minutos)
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Juan trabaja en una Ferretería desde que tenía 16 años. Al principio tuvo un contrato para el verano, después hasta Navidades. Más adelante hasta las siguientes vacaciones. Él siempre ha pensando que ese trabajo era temporal hasta que él pudiera poner en marcha todos
sus planes. Ahora, a sus 40 años, sigue pensando que su trabajo en la Ferretería sigue siendo transitorio, hasta que consiga ordenar su cabeza y poner su propio negocio. Juan acude a mi consulta con una gran depresión, acuciada por la crisis de los cuarenta. Me dice que han pasado 25 años desde que comenzó a trabajar y que no comprende cómo ha pasado el tiempo tan rápido, si él ayer era un niño.Davinia trabaja como empleada en una peluquería. Primero trabajó en su país durante diez años y ahora, tras emigrar, lleva otros cinco trabajando en España. No ha conseguido traer a su familia y se siente sola y sin dinero, ya que dejó tres hijos en su país a los que envía el dinero que gana. Se queja de que así nunca conseguirá suficiente dinero para crear su propia peluquería.
Andrés tiene 18 años y dice que quiere ser cocinero. Cuando consigue un puesto como ayudante en un restaurante y ve que le obligan a limpiar y recoger, se despide porque él ya sabe cocinar, él ya es un gran cocinero, nadie le puede enseñar más de lo que ya sabe. “¿Qué sabes cocinar?, le pregunto. Y me contesta “hago unos espaguetis deliciosos”.

Publio Ovidio Nasón escribió un libro titulado “Ars Amandi” (El arte de amar), el año 2 antes de Cristo. El Emperador Augusto lo desterró de por vida a un pequeño pueblo en el Mar Negro porque consideró el libro como un ataque a la moral y las buenas costumbres. Murió en el año 17, a los 60 años, después de escribir otros muchos libros poéticos.
Son célebres sus frases “la gota orada la piedra, no por fuerza, sino por constancia” o “mientras hablo, se pasa el tiempo”. Pero hay sobre todo una cita que aprendí en la clase de latín en el Colegio y que he recordado constantemente a lo largo de mi vida:
“apresúrate; no te fíes de las horas venideras. El que hoy no está dispuesto, menos lo estará mañana”.
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Vivimos en un mundo lleno de información. La información nos desborda. Recibimos información de todas partes, la mayoría de las veces contradictoria. Depende del periódico que leas o de la TV que veas, la misma noticia puede estar presentada de forma muy diferente.
Depende de quién te cuente una historia, su versión de los hechos será muy distinta. Esto lo saben muy bien los políticos, que manipulan la información para sus propios intereses.Prácticamente todos los partidos políticos y todas las grandes empresas tienen su Gabinete de Comunicación, cuya finalidad no es otra que generar noticias favorables a sus intereses, manipular las que no les benefician y sondear ante la opinión pública qué es lo que más beneficio les puede acarrear. Se suele decir que quien controla la información es quien tiene el poder. Y es verdad.
Los grandes negocios se hacen por tener información privilegiada, por disponer de una información verificada antes que los demás. Lo hacemos todos en la medida de nuestras posibilidades. Si sé que mañana va a subir el precio de la gasolina, hoy llenaré el depósito. Si sé que mañana va a haber una oferta en el supermercado, esperaré a mañana para comprar.
Es muy difícil saber cuál es la información correcta. Tener un exceso de información no verificada es lo mismo que no tener ninguna información. Por eso es tan difícil tomar decisiones.
Las empresas que se dedican a hacer encuestas lo saben muy bien. Mi amigo Wilberto trabaja en una empresa multinacional de encuestas, de sondeos. Los contratan empresas y, sobre todo, partidos políticos y Gobiernos. Ellos tratan de saber qué opinan los consumidores de un determinado producto o marca, qué intención de voto tienen o qué opinan de determinadas medidas gubernamentales. Me cuenta Wilberto que en el país en el que él vive, una de sus encuestas ha hecho que un partido político que era históricamente de izquierdas se haya pasado al centro derecha, ya que una encuesta decía que el país se había vuelto muy conservador. Pero me cuenta que las preguntas que se hicieron sólo podían llevar a ese resultado. Todas las preguntas habían sido creadas para que las respuestas de los encuestados se inclinaran por una ideología conservadora.

No es lo mismo preguntar “¿usted es partidario de una sanidad pública estatal, o prefiere una sanidad privada que le permitirá operarse en las mejores clínicas de Estados Unidos?, que preguntar “¿es usted partidario de una sanidad pública de calidad, o prefiere pagar de su bolsillo una sanidad privada y cara?
Me cuenta Wilberto que ese partido político está en estos momentos hundiéndose en el abismo, puesto que su base social ha dejado de tenerle confianza y el espacio que deseaban ocupar ya está cubierto por otro partido. Posiblemente la encuesta la hicieron sus enemigos.
Las respuestas son en función de las preguntas. Por eso, lo difícil es hacerse la pregunta correcta. Lo difícil es saber distinguir cual es la pregunta correcta.
Estamos saturados de información. Sólo podemos depurar la información falsa haciéndonos las preguntas correctas.
¿Tienes un problema? La clave está en hacerte las preguntas correctas, en saber platearte la pregunta que te pueda dar la respuesta correcta.
A veces sabemos cuál es la pregunta, pero no nos la hacemos porque sabemos que la respuesta nos va a obligar a cambiar cosas en nuestra vida.
¿Qué opinas? Me gustará saber tu opinión.
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La revista Corazón y Salud está editada mensualmente por la Fundación Española del Corazón, de la Sociedad Española de Cardiología. La Sociedad Española de Cardiología y la Fundación Española del Corazón constituyen una organización cuyo impulso vital es velar por la salud cardiovascular de la población través de la excelencia clínica e investigadora, así como educativa y divulgativa. Entidades sin ánimo de lucro, ambas se han convertido en el referente en castellano de la lucha contra la enfermedad cardiovascular, primera causa de muerte en nuestro país, gracias a su estructura profesionalizada y al desarrollo de exitosas líneas de trabajo en constante proceso de desarrollo y mejora.


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No conozco a nadie que no tenga un problema. Tenemos problemas económicos, problemas personales, de relación, de pareja, con los hijos, en el trabajo, con el perro del vecino, con la bomba de la gasolina del coche…
Wittgenstein decía: Un problema tiene la forma siguiente: «Desconozco la manera de resolverlo» porque si sabes cómo solucionar el problema de la bomba de la gasolina del coche, deja de ser un problema. Si sabes evitar al perro del vecino, deja de ser un problema. Es de Perogrullo, pero es así: un problema deja de ser un problema en el momento en que encontramos la solución.Hace poco el coche no me arrancaba. Yo estaba desesperado, porque tenía mucha prisa e iba a llegar tarde a una reunión. Tengo que decir que no tengo ni idea de mecánica. Esperé al mecánico del seguro, que tardó en llegar más de una hora. Cuando el mecánico llegó, se agachó y le dio un golpe con un enorme martillo a algo que estaba en la parte de abajo del coche. Me dijo “pruebe ahora”, y el coche arrancó. El mecánico, al ver mi cara de sorpresa, se echó a reír y me dijo que se había bloqueado la bomba de la gasolina. “Esto es provisional, no se olvide de llevarlo mañana al taller”. El mecánico sabía, pero yo no sabía cómo resolverlo. Para mi era un problema. Él tenía la solución porque sabía cómo resolverlo.
Al cabo de unos tres meses, una mañana, el coche no arrancó de nuevo. Como había visto cómo lo había hecho, comencé a darle golpes a aquella zona debajo del coche. Pero el coche no arrancó. Llamé al seguro. Cuando el mecánico llegó echó un vistazo y me dijo que el problema era la batería, que había que cambiarla. A veces, los mismos síntomas no tienen el origen en el mismo problema, pero, muchas veces, seguimos dando la misma solución que no funciona.
Hay problemas que no podemos resolver, generalmente porque no dependen de nosotros y sobre los que no tenemos capacidad de maniobra. Ante estos problemas lo que podemos hacer es realizar un esfuerzo para adaptarnos a nosotros mismos a ese problema no resuelto. La experiencia no es lo que nos sucede, sino lo que hacemos con lo que nos sucede. Además, cuando no encuentres la solución, siempre podrás admirar el problema. ¡Qué maravilla es un problema no resuelto! ¿Te gustan los acertijos, las preguntas difíciles? Pues tener un problema sin resolver te tiene que llenar de satisfacción (excepto si el coche no arranca y tienes mucha pria).

Existen otros problemas, la mayoría, que sí dependen de nosotros. Hay muchas personas que leen libros sobre el cambio, acuden a cursos, se dejan llevar por un coach, pero no consiguen resolver sus problemas. Hace poco me llamó por teléfono una persona y me contó que había estado con una conocida coach durante seis meses, pero que no había conseguido avanzar. La coach le había dicho que “se le resistía, que no estaba dispuesto a cambiar” y que por eso ella no podía ayudarle. Me bastó hacerle una pregunta para darme cuenta de lo que pasaba. Le pregunté “en las sesiones de coaching, ¿hablasteis de cómo cambiar creencias?”. Su respuesta fue que sólo habían hablado de técnicas para el cambio, tareas que él tenía que cumplir entre una sesión y la siguiente.
El aprendizaje y el cambio permanentes se basan en la apertura continua a que se cuestionen nuestras creencias y supuestos básicos sobre lo que son las cosas. A menos que las creencias y los valores cambien, los nuevos procesos no funcionarán. Resolver un problema es salirnos fuera del problema y poner en duda todos nuestros conocimientos anteriores, es cambiar nuestras creencias y nuestros valores, dudar de las cosas más seguras, poner en la picota cualquier cosa sobre la que estemos convencidos. No encontramos la solución porque vemos el problema desde dentro del problema. Y nuestras creencias nos impiden ver las cosas de otra manera.
Wittgenstein no lo dijo, pero lo digo yo: Un problema tiene la forma siguiente: «Desconozco la manera de resolverlo porque no estoy dispuesto a cambiar mi forma de pensar ni a poner en duda mis más profundas creencias»
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A partir de este mes, me voy a hacer cargo del consultorio de la revista Sexologies. La revista Sexologies se publica en francés, inglés y español.



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Muchas personas y empresas confunden creatividad e innovación. Son dos cosas muy diferentes. La creatividad consiste en pensar cosas nuevas, en imaginar cosas nuevas. La innovación, sin embargo, es hacer cosas nuevas. Muchas personas y muchas empresas tienen una gran creatividad, pero muy poca innovación.
Se suele creer que la creatividad acaba siempre en innovación. Esto es falso. La mayor parte de las ideas se quedan muertas sin que se conviertan en realidades. Las ideas en sí mismas no sirven para nada. Pasar las ideas a acciones es lo que conlleva un esfuerzo, un gasto de energía, una persistencia, que no todo el mundo está dispuesto a aceptar. La creatividad que no acaba en acción es una pérdida de tiempo. Hacer un brainstorming, una tormenta de ideas, es lo más fácil del mundo. Es una técnica que se puso de moda hace treinta años y que todavía se sigue usando en muchísimas empresas. Se reúne a un grupo de persona y se les pide que generen ideas libremente sobre algo. Cada nueva idea genera una nueva cadena de ideas hasta que se llega a la idea genial. Eso es fácil, no tiene ningún secreto. Lo realmente difícil es lo que viene a continuación, conseguir que la idea se convierta en acción, conseguir que alguien asuma esa idea y se ponga a trabajar sobre ella hasta convertirla en algo real.
Los niños son creativos e innovadores. Los adultos seguimos siendo creativos —a todos se nos ocurren de vez en cuando ideas geniales—, pero dejamos de ser innovadores. La persona que usa su inteligencia convierte la creatividad en innovación, como el niño que imagina una bonita cabaña mientras la construye con cuatro tablas. Los niños no se quedan sólo con la idea, la plasman en algo que se puede tocar.

A mi sobrino Mikel le encanta trabajar con sus manos. El otro día me fijé cómo era capaz de crear e innovar al mismo tiempo. Había ideado hacer un pequeño carromato al que él pudiera subirse y deslizar por una cuesta. Miró qué materiales tenía: un triciclo roto, una bañera vieja de bebe, varias maderas, clavos, alambres y cinta de embalar. Mientras imaginaba cómo construir su juguete comenzó a hacer. Le pidió a su padre que le hiciera algunos agujeros con un taladro, imaginando dónde tenían que estar esos agujeros, y después montó toda la estructura que ya tenía imaginada en su cabeza. Tras algunos retoques, el carromato estaba acabado y terminado en dos días. Mikel, como todos los niños, crea y actúa al mismo tiempo. A Mikel no le funcionó su invento a la primera: el carromato se volcaba, se bloqueaban las ruedas, perdía la dirección. Mikel fue introduciendo mejoras al mismo tiempo que las pensaba. Creatividad e innovación, o van de la mano, o no sirven para nada.
A medida que crecemos, dejamos de innovar. Lo que da un sesgo de inteligencia a algo es hacer que creatividad e innovación sean una misma cosa. Personas y empresas son innovadoras al principio, y después dejan de serlo.
¿En qué fuiste innovador y después dejaste de serlo? ¿Podrías retomar ese aspecto innovador de tu vida que abandonaste hace años?
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La semana pasada hablábamos de experimentar de forma fraccionada. Es decir, para fraccionar dividimos el problema (la duda, la dificultad, el proyecto, el programa, el plan, el método, lo que sea) en fracciones más pequeñas y empezamos a concentrarnos en los resultados que sean más tangibles, olvidándonos de preparativos, informes, disquisiciones y filosofías baratas. Los resultados más tangibles son los que sean más fáciles de conseguir.
Empezamos por lo más fácil, por aquello que sabemos que va a salir bien. Céntrate en aquello que dominas, en aquello sobre lo que tienes control. En vez de preguntarte qué dificultades te vas a encontrar por el camino, pregúntate para qué estás preparado y qué es lo que puedes lograr de forma inmediata. Si acumulas pequeños éxitos, cada vez te vas a ir atreviendo con cosas más difíciles. Determinar tus objetivos específicos a corto plazo, aquellos que puedes dominar con poco esfuerzo, te abrirá el camino hacia lo más difícil. La persona inteligente valora la acción por encima de la planificación, la realización por encima del pensamiento, lo concreto por encima de lo abstracto. Al principio, se trata de nadar a favor de la corriente, aprovechar la fuerza del agua para conseguir pequeños avances.
Comienza con tareas factibles, busca los objetivos más fáciles, más realistas, más a tu disposición. Empieza por el pequeño riesgo que estás dispuesto a asumir. Si fracasas no es más que un pequeño experimento. Primero márcate un solo objetivo y no pases al segundo mientras no hayas conseguido el primero. Desde luego, nunca te marques más de dos objetivos al mismo tiempo.

Pero recuerda que un objetivo es una actividad, una acción. Un objetivo no es algo teórico, no es algo impreciso o genérico, sino una acción, algo que haces. La orientación hacia la acción es lo que te dará un sesgo de inteligencia. Las personas sólo somos capaces de manejar de una vez una pequeña cantidad de información. Convierte tus objetivos en acciones, experimenta, haz ensayos, y tendrás el éxito asegurado.
"Preparados. . . listos. . . ¡ya!" no es un planteamiento inteligente. El planteamiento inteligente es "¡ya!. . . listos. . . preparados. . ." Primero disparas hacia un blanco fácil y después apuntas. Poco a poco podrás ir ajustando tu puntería y podrás buscar blancos más difíciles.
La primera flecha que Guillermo Tell lanzó se clavó en la oreja de su hijo. La segunda se acercó un poco más a la manzana. La tercera, dio en el blanco.
Me gustará saber tu opinión.
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Y también la Agencia de noticias Europa Press entrevista a Ricardo Ros por el mismo motivo:
El estrés postvacacional se ceba con trabajadores perfeccionistas e inseguros
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"Comer sin control antes de ir a dormir" es el título del artículo que publica este mes la revista Mi Ginecólogo, revista oficial de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO)



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Las personas que utilizan la inteligencia, sea cual sea un nivel de inteligencia, lo que hacen es fragmentar su actividad, aumentando la eficacia. Por fragmentar la actividad quiero decir que generan un gran volumen de acciones rápidas. Primero actúan y después aprenden de lo que han hecho. Experimentan, cometen errores, generan éxitos imprevistos, vuelven a actuar, se equivocan, e inician nuevas orientaciones estratégicas.
Un factor decisivo es no olvidar nunca cómo se aprende. Se aprende por experimentación, por prueba y error. Lo que hace que las cosas vayan bien es siempre la experimentación continua y los ensayos repetitivos. Una persona que usa su inteligencia dedica su tiempo a ensayar, a experimentar, estimulando sus propias mutaciones. Fragmentar es dividir las cosas en unidades más pequeñas para facilitar la flexibilidad y estimular la acción. Fragmentar es iniciar una actividad dirigida hacia la tarea en pequeños segmentos.
Una vez leí en algún sitio que la acción caótica es preferible a la inactividad organizada. Sólo existe aprendizaje cuando existe algo de lo que aprender y ese algo, que es la materia del aprendizaje y del progreso, es una acción llevada a su término.
"No se quede ahí, haga algo" es una frase que resume lo que quiero decir. Haga "algo" quiere decir haga un poco, lo que sea, pero empiece. Hacer algo, sobre todo en presencia de algo complejo, es simplemente dar un primer paso.
Usar la inteligencia es lo mismo que experimentar, ensayar, probar. Experimentar consiste en hacer algo y comprobar los resultados, con el fin de experimentar de nuevo e iniciar un proceso de ensayo y error, que es la base del aprendizaje.

Los bebés se dedican en cuerpo y alma a experimentar. Por eso aprenden tan rápido, por eso avanzan tan rápido. Los niños tocan, huelen, prueban, se caen, se levantan, siguen adelante. Muchos adultos se han olvidado de experimentar. Prefieren analizar en profundidad las cosas, debatir teóricamente las consecuencias o enfrascarse en interminables reflexiones que no llevan a ningún sitio.
Experimentar de forma fraccionada es experimentar de forma segura. Si hacemos pequeños ensayos podemos controlar mucho más fácilmente todo el proceso. Poner todos los huevos en la misma cesta es asumir un enorme riesgo. Experimentar con unos pocos huevos es convertir el riesgo en algo que se puede asumir.
¿En qué partes se puede descomponer ese problema que te preocupa? ¿Estás dispuesto a romper unos pocos huevos de la cesta mientras ensayas nuevos enfoques?
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¿Es más inteligente una mosca o una abeja? La mayor parte de las personas responderemos que las moscas son bastante tontas, mientras que las abejas demuestran una finísima inteligencia.
Cuenta Miguel de Unamuno, citando a otro autor, en su libro Recuerdos de niñez y de mocedad que "si se meten en una botella abejas y moscas y se pone la botella con el fondo hacia la luz siempre, las abejas no hacen sino agitarse contra el cristal del fondo, sin poder convencerse de aquel invisible obstáculo, mientras que las atolondradas moscas revoloteando de una a otra parte hallan, cuando menos lo esperan, la salida. Lo cual es decir que la abeja es más lógica, es decir, más estúpida que la mosca, y ésta más estética, es decir, más espiritual que aquélla. La imbécil de la abeja se está rasca que te rasca contra el cristal y hacia la luz, sin convencerse, mientras que la alegre mosca, convencida desde luego de que ha caído en una prisión, o más bien convencida de que es prisión todo o que nada lo es, la explora por todas partes, se pasea para divertirse sin importarle volar de trasero a la luz, y así por volver a la luz el trasero logra, jugando, la libertad." El amor de las abejas a la luz es su verdadera inteligencia, que en este experimento constituye su ruina. Evidentemente imaginan que la salida de toda prisión debe estar donde la luz brilla con más claridad, y actúan en consecuencia, persistiendo en su actuación demasiado lógica. Para ellas el vidrio es un misterio sobrenatural que nunca han encontrado en la naturaleza. Carecen de experiencia de esta atmósfera súbitamente impenetrable. Y cuanto mayor es su inteligencia, más inadmisible e incomprensible aparecerá el obstáculo extraño.
Mientras que las estúpidas moscas, a quienes les tiene sin cuidado la lógica como el enigma del cristal, hacen caso omiso de la llamada de la luz, revolotean frenéticamente acá y allá y favorecidas por esa buena fortuna que a menudo sonríe al simple, encuentran la salvación donde el sabio perece, terminan necesariamente por descubrir la abertura amiga que les devuelve su libertad.

Con este conocido experimento de las moscas y las abejas podemos sacar enormes conclusiones. Todos nos hemos encontrado con personas muy inteligentes que han desaprovechado su vida y con otras con menos recursos de inteligencia que han convertido su vida en un verdadero éxito.
El experimento de las moscas y las abejas nos habla de factores muy importantes en relación con el uso de la inteligencia:
- rigidez y flexibilidad
- relación entre medios y fines
- vinculación entre acciones e intenciones
- modelar al vecino
- retroalimentación
- investigación
- asumir riesgos
- unos hechos determinan los siguientes
- la experiencia nos puede bloquear
- la lógica a veces es mala consejera
- saber elegir el camino adecuado
- la línea recta no necesariamente es el camino más rápido…
Cada mosca, al estar relacionada con la vecina y a su propio pasado, trata de hacer continuas adaptaciones, que finalmente resuelven el problema. Las abejas, al estar atadas a una sola opción, buscar la luz, se meten en un callejón sin salida que no resuelve la situación.
¿Te sugiere esta historia algo que puedas aplicar a tu vida? ¿Actúas como las moscas o como las abejas? ¿En qué aspectos de tu vida chocas continuamente con el culo de cristal de la botella? ¿Qué es lo que se repite una y otra vez y te deja insatisfecho?
¿Cuál es tu experiencia?
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Se suele relacionar la inteligencia con cosas serias. En realidad, la inteligencia consiste en tomarse la vida como un juego. ¿Y quiénes son especialistas en juegos? Los niños.
Hace dos semanas te proponia que te hicieras el loco, que te volvieras un niño. Hoy quiero proponerte algo nuevo, otro experimento. Es posible que tengas hijos pequeños, o sobrinos, o hijos de amigos, o vecinos. Estoy seguro que tienes acceso al mundo de los niños. Si la niña o el niño tienen entre tres y seis años, mejor, pero también nos sirve si es algo mayor. A falta de niños pequeños, los adolescentes en plena edad del pavo, cuando están completamente locos, también nos pueden servir, aunque es mejor que uses un adolescente sólo si estás muy desesperado Los niños están explorando la vida y cada día hacen cosas nuevas. Es como si estuvieran un poco locos, ya que no se someten a las reglas de la lógica. Miran el mundo de una manera muy diferente a como la miramos los adultos, aprenden constantemente de su experiencia, sin lógica, sin prejuicios, de forma intuitiva.
El experimento que te propongo es que cuando tengas un pequeño problema, cuando no sepas cómo resolver una dificultad, te pongas a jugar con un niño (también sirve, si no tienes un niño cercano, que juegues "como" un niño). Juega con el niño y saca conclusiones. Adapta tu problema al juego y saca conclusiones. Adecua tu problema a la mentalidad del niño, cambia las variables para que las pueda comprender, y pídele consejo. Convierte al niño en tu asesor personal.

Por ejemplo, si tienes un problema con tu pareja no sería adecuado que se lo contaras al niño, pero sí podrías convertir ese problema con tu pareja en un problema entre dos ardillas del bosque. Si tienes un problema en el trabajo con tu jefe, ¿cómo se lo puedes explicar al niño para que lo comprenda? Quizás puedas transformarlo en algo que pasa entre dos perros.
Estoy convencido de que el niño te dará la mejor respuesta posible, porque te la dará sin juicios previos, sin ningún raciocinio, de forma espontánea y abierta. Creemos que los niños no saben nada, cuando en realidad son cerebros que devoran todo lo que hay a su alrededor convirtiéndolo en aprendizaje y experiencia. Tienes cerca a los mejores asesores personales y profesionales y, además, a precio de ganga. Seguro que se conforman con un caramelo y una sonrisa.
Explora la vida, haz cosas nuevas, haz el loco. Mira el mundo de otra manera, aprende de tu experiencia, sin lógica, sin prejuicios, de forma intuitiva. Como los niños.
¿Cuál es tu experiencia?
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En la mayor parte de los países la forma de saludo más corriente es “¿Cómo estás?”. Generalmente es una pregunta tópica, que no exige una respuesta sincera. Aunque nos duelan las tripas o estemos pasando por un verdadero infierno, siempre contestamos, “bien, ¿y tú?”
En algunos países del Caribe el saludo no es “¿cómo estás?”, sino “¿cómo te sientes?”. La primera vez que lo escuché hace años me impactó, porque pensé que realmente esa persona estaba interesada en cómo me sentía. Después me di cuenta de que es una forma de saludo habitual y que tampoco exige una respuesta sincera. Pero ese “¿cómo te sientes?” me hizo reflexionar sobre las oportunidades que tenemos los seres humanos de sincerarnos con nosotros mismos, de compartir nuestros sentimientos, de establecer una relación verdaderamente afectiva, pero que no aprovechamos porque sólo contestamos al saludo por compromiso, no contestamos a la profundidad de la pregunta, ni siquiera para nosotros mismos.Durante un tiempo hice una experiencia. Contesté con sinceridad a la pregunta “¿Cómo estás?”.
—Estoy un poco triste.
—Me siento hoy bastante solo
—Hoy estoy muy contento
—Estoy muy enfadado, muy cabreado.
La mayor parte de la gente se queda estupefacta ante la sinceridad. Ellos no estaban preguntando eso. No era más que una fórmula de cortesía. Algunos pocos, los verdaderos amigos, preguntan “¿te puedo ayudar?”, o “cuéntame, me gustará ayudarte”. Los demás se quedan pensando que estás un poco loco por contestar a algo tan personal que ellos no han preguntado, y tratan de desviar la conversación hacia temas neutros.
Pero lo realmente importante de la pregunta “¿cómo estás?” o “¿cómo te sientes?” es la posibilidad de ser consciente de cómo realmente te sientes. Cuando alguien me pregunta “¿cómo estás?” o “¿cómo te sientes?”, si es amigo contesto con sinceridad. Si no es amigo contesto “bien, gracias, ¿y tú?”, pero internamente me pregunto a mi mismo “¿cómo estoy, cómo me siento?”

Este recordatorio me hace ser consciente de mis sentimientos y me permite cambiar esos sentimientos si no son adecuados. Si estoy enfadado, me hace ser consciente de que estoy enfadado y me obliga a analizar si merece la pena seguir enfadado o cambiar mi forma de ver el problema. Si estoy contento me hace ser consciente de que estoy contento y puedo disfrutar el doble. Pero en cualquier caso me exige observarme, investigarme y averiguar sobre mi estado de ánimo en ese momento. Me hace ser testigo de mis propios sentimientos.
La próxima vez que te saluden con un "¿cómo estás?", considera tu respuesta. El resto de tu vida depende de ello.
¿Cuál es tu experiencia?
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Si estás leyendo esta reflexión es porque eres una persona adulta. Los niños no leen estas reflexiones (aunque creo, por algunos emails que he recibido, que hay algunos adolescentes que sí lo hacen). Has crecido, has madurado y crees que ya no estás para tonterías, crees
que toda tu vida tiene que estar marcada por la sensatez. Dejaste de ser niño hace mucho tiempo y ahora estás empeñado es ser una persona responsable, seria, formal, prudente, juiciosa, reflexiva, cuerda, consecuente, equilibrada, razonable, perseverante, decidida, tenaz, imparcial, resuelta y completamente madura.Te voy a proponer algo para este domingo: vuélvete loco hoy. Haz lo que nunca has hecho. Vuélvete un niño. Juega hoy. Olvida los prejuicios, deja la lógica. Explora cosas nuevas.
No te tomes las cosas en serio hoy. Intenta ser como un niño, no saber nada excepto lo que oyes, ves, hueles y sientes. Deja de pensar. Deja de pensar en el futuro. Olvídate de lo que tienes que hacer mañana. Hoy es domingo, día de fiesta. Una silla puede ser un barco, una cama puede ser un columpio. Juega, relájate y disfruta. Cuando veas un pájaro volar, permíteles a tus ojos que vuelen con él, admíralo. Fíjate en esa flor. Juega con ella. Observa esa piedra que hay a tus pies. ¿Por qué no juegas con ella? ¿Desde hace cuánto tiempo que no te atreves a tirar una piedra al aire? No te digo que rompas un cristal, pero ¿a que te gustaría?
Vete a un parque y tírate al suelo. ¿A qué huele la yerba? ¿No te trae recuerdos de tu infancia? Tu infancia olía a tierra, a yerba, a charcos, a flores. Desde que mides más de metro y medio ya no hueles el suelo, tus sentidos han cambiado, has perdido el contacto con los olores de la naturaleza. ¿A qué huele ese árbol? ¿Cuánto tiempo llevas sin oler el musgo? ¿Recuerdas que las margaritas huelen?

Busca el aspecto gracioso de las cosas negativas. ¿Te puedes reír hoy de tus errores? ¿Qué pasaría si tus problemas te los tomaras a chiste? Ríete. Ríete mucho hoy. Todas las cosas, incluso las más negativas, tienen su parte graciosa. Busca esos aspectos irracionales, absurdos. Convierte las adversidades en una parte agradable del proceso.
¿Hay niños en tu entorno, hijos, sobrinos, vecinos…? Juega con ellos como si fueras otro niño. Deja de decir lo que está bien y lo que está mal, deja de hacer juicios de valor. Acércate a ellos sin prejuicios. Simplemente juega, métete en sus juegos, revuélcate por el suelo, ensúciate de barro, haz alguna insensatez. ¿Cómo, que tienes ya cuarenta años y que no estás para tirarte por el suelo? Por eso mismo, porque ya tienes cuarenta años y ya es hora de que recuerdes cómo era aquello.
Decía Horacio: “Mezcla a tu sensatez un grano de locura. Conviene hacer a propósito alguna locura”
Cuéntame tu experiencia.
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