Es mejor ser tonto con opciones, que listo sin iniciativa 
¿Es más inteligente una mosca o una abeja? La mayor parte de las personas responderemos que las moscas son bastante tontas, mientras que las abejas demuestran una finísima inteligencia.

Cuenta Miguel de Unamuno, citando a otro autor, en su libro Recuerdos de niñez y de mocedad que "si se meten en una botella abejas y moscas y se pone la botella con el fondo hacia la luz siempre, las abejas no hacen sino agitarse contra el cristal del fondo, sin poder convencerse de aquel invisible obstáculo, mientras que las atolondradas moscas revoloteando de una a otra parte hallan, cuando menos lo esperan, la salida. Lo cual es decir que la abeja es más lógica, es decir, más estúpida que la mosca, y ésta más estética, es decir, más espiritual que aquélla. La imbécil de la abeja se está rasca que te rasca contra el cristal y hacia la luz, sin convencerse, mientras que la alegre mosca, convencida desde luego de que ha caído en una prisión, o más bien convencida de que es prisión todo o que nada lo es, la explora por todas partes, se pasea para divertirse sin importarle volar de trasero a la luz, y así por volver a la luz el trasero logra, jugando, la libertad."

El amor de las abejas a la luz es su verdadera inteligencia, que en este experimento constituye su ruina. Evidentemente imaginan que la salida de toda prisión debe estar donde la luz brilla con más claridad, y actúan en consecuencia, persistiendo en su actuación demasiado lógica. Para ellas el vidrio es un misterio sobrenatural que nunca han encontrado en la naturaleza. Carecen de experiencia de esta atmósfera súbitamente impenetrable. Y cuanto mayor es su inteligencia, más inadmisible e incomprensible aparecerá el obstáculo extraño.

Mientras que las estúpidas moscas, a quienes les tiene sin cuidado la lógica como el enigma del cristal, hacen caso omiso de la llamada de la luz, revolotean frenéticamente acá y allá y favorecidas por esa buena fortuna que a menudo sonríe al simple, encuentran la salvación donde el sabio perece, terminan necesariamente por descubrir la abertura amiga que les devuelve su libertad.



Con este conocido experimento de las moscas y las abejas podemos sacar enormes conclusiones. Todos nos hemos encontrado con personas muy inteligentes que han desaprovechado su vida y con otras con menos recursos de inteligencia que han convertido su vida en un verdadero éxito.

El experimento de las moscas y las abejas nos habla de factores muy importantes en relación con el uso de la inteligencia:

- rigidez y flexibilidad
- relación entre medios y fines
- vinculación entre acciones e intenciones
- modelar al vecino
- retroalimentación
- investigación
- asumir riesgos
- unos hechos determinan los siguientes
- la experiencia nos puede bloquear
- la lógica a veces es mala consejera
- saber elegir el camino adecuado
- la línea recta no necesariamente es el camino más rápido…

Cada mosca, al estar relacionada con la vecina y a su propio pasado, trata de hacer continuas adaptaciones, que finalmente resuelven el problema. Las abejas, al estar atadas a una sola opción, buscar la luz, se meten en un callejón sin salida que no resuelve la situación.

¿Te sugiere esta historia algo que puedas aplicar a tu vida? ¿Actúas como las moscas o como las abejas? ¿En qué aspectos de tu vida chocas continuamente con el culo de cristal de la botella? ¿Qué es lo que se repite una y otra vez y te deja insatisfecho?

¿Cuál es tu experiencia?


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Se suele relacionar la inteligencia con cosas serias. En realidad, la inteligencia consiste en tomarse la vida como un juego. ¿Y quiénes son especialistas en juegos? Los niños.

Hace dos semanas te proponia que te hicieras el loco, que te volvieras un niño. Hoy quiero proponerte algo nuevo, otro experimento. Es posible que tengas hijos pequeños, o sobrinos, o hijos de amigos, o vecinos. Estoy seguro que tienes acceso al mundo de los niños. Si la niña o el niño tienen entre tres y seis años, mejor, pero también nos sirve si es algo mayor. A falta de niños pequeños, los adolescentes en plena edad del pavo, cuando están completamente locos, también nos pueden servir, aunque es mejor que uses un adolescente sólo si estás muy desesperado +sonrisa+

Los niños están explorando la vida y cada día hacen cosas nuevas. Es como si estuvieran un poco locos, ya que no se someten a las reglas de la lógica. Miran el mundo de una manera muy diferente a como la miramos los adultos, aprenden constantemente de su experiencia, sin lógica, sin prejuicios, de forma intuitiva.

El experimento que te propongo es que cuando tengas un pequeño problema, cuando no sepas cómo resolver una dificultad, te pongas a jugar con un niño (también sirve, si no tienes un niño cercano, que juegues "como" un niño). Juega con el niño y saca conclusiones. Adapta tu problema al juego y saca conclusiones. Adecua tu problema a la mentalidad del niño, cambia las variables para que las pueda comprender, y pídele consejo. Convierte al niño en tu asesor personal.



Por ejemplo, si tienes un problema con tu pareja no sería adecuado que se lo contaras al niño, pero sí podrías convertir ese problema con tu pareja en un problema entre dos ardillas del bosque. Si tienes un problema en el trabajo con tu jefe, ¿cómo se lo puedes explicar al niño para que lo comprenda? Quizás puedas transformarlo en algo que pasa entre dos perros.

Estoy convencido de que el niño te dará la mejor respuesta posible, porque te la dará sin juicios previos, sin ningún raciocinio, de forma espontánea y abierta. Creemos que los niños no saben nada, cuando en realidad son cerebros que devoran todo lo que hay a su alrededor convirtiéndolo en aprendizaje y experiencia. Tienes cerca a los mejores asesores personales y profesionales y, además, a precio de ganga. Seguro que se conforman con un caramelo y una sonrisa.

Explora la vida, haz cosas nuevas, haz el loco. Mira el mundo de otra manera, aprende de tu experiencia, sin lógica, sin prejuicios, de forma intuitiva. Como los niños.

¿Cuál es tu experiencia?


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-Hola, ¿cómo estás? -Mal, ¿y tú? 
En la mayor parte de los países la forma de saludo más corriente es “¿Cómo estás?”. Generalmente es una pregunta tópica, que no exige una respuesta sincera. Aunque nos duelan las tripas o estemos pasando por un verdadero infierno, siempre contestamos, “bien, ¿y tú?”

En algunos países del Caribe el saludo no es “¿cómo estás?”, sino “¿cómo te sientes?”. La primera vez que lo escuché hace años me impactó, porque pensé que realmente esa persona estaba interesada en cómo me sentía. Después me di cuenta de que es una forma de saludo habitual y que tampoco exige una respuesta sincera. Pero ese “¿cómo te sientes?” me hizo reflexionar sobre las oportunidades que tenemos los seres humanos de sincerarnos con nosotros mismos, de compartir nuestros sentimientos, de establecer una relación verdaderamente afectiva, pero que no aprovechamos porque sólo contestamos al saludo por compromiso, no contestamos a la profundidad de la pregunta, ni siquiera para nosotros mismos.

Durante un tiempo hice una experiencia. Contesté con sinceridad a la pregunta “¿Cómo estás?”.

—Estoy un poco triste.
—Me siento hoy bastante solo
—Hoy estoy muy contento
—Estoy muy enfadado, muy cabreado.

La mayor parte de la gente se queda estupefacta ante la sinceridad. Ellos no estaban preguntando eso. No era más que una fórmula de cortesía. Algunos pocos, los verdaderos amigos, preguntan “¿te puedo ayudar?”, o “cuéntame, me gustará ayudarte”. Los demás se quedan pensando que estás un poco loco por contestar a algo tan personal que ellos no han preguntado, y tratan de desviar la conversación hacia temas neutros.

Pero lo realmente importante de la pregunta “¿cómo estás?” o “¿cómo te sientes?” es la posibilidad de ser consciente de cómo realmente te sientes. Cuando alguien me pregunta “¿cómo estás?” o “¿cómo te sientes?”, si es amigo contesto con sinceridad. Si no es amigo contesto “bien, gracias, ¿y tú?”, pero internamente me pregunto a mi mismo “¿cómo estoy, cómo me siento?”



Este recordatorio me hace ser consciente de mis sentimientos y me permite cambiar esos sentimientos si no son adecuados. Si estoy enfadado, me hace ser consciente de que estoy enfadado y me obliga a analizar si merece la pena seguir enfadado o cambiar mi forma de ver el problema. Si estoy contento me hace ser consciente de que estoy contento y puedo disfrutar el doble. Pero en cualquier caso me exige observarme, investigarme y averiguar sobre mi estado de ánimo en ese momento. Me hace ser testigo de mis propios sentimientos.

La próxima vez que te saluden con un "¿cómo estás?", considera tu respuesta. El resto de tu vida depende de ello.

¿Cuál es tu experiencia?

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Los seres que miden más de metro y medio y se creen serios y racionales, pero dan mucha risa 
Si estás leyendo esta reflexión es porque eres una persona adulta. Los niños no leen estas reflexiones (aunque creo, por algunos emails que he recibido, que hay algunos adolescentes que sí lo hacen). Has crecido, has madurado y crees que ya no estás para tonterías, crees que toda tu vida tiene que estar marcada por la sensatez. Dejaste de ser niño hace mucho tiempo y ahora estás empeñado es ser una persona responsable, seria, formal, prudente, juiciosa, reflexiva, cuerda, consecuente, equilibrada, razonable, perseverante, decidida, tenaz, imparcial, resuelta y completamente madura.

Te voy a proponer algo para este domingo: vuélvete loco hoy. Haz lo que nunca has hecho. Vuélvete un niño. Juega hoy. Olvida los prejuicios, deja la lógica. Explora cosas nuevas.

No te tomes las cosas en serio hoy. Intenta ser como un niño, no saber nada excepto lo que oyes, ves, hueles y sientes. Deja de pensar. Deja de pensar en el futuro. Olvídate de lo que tienes que hacer mañana. Hoy es domingo, día de fiesta. Una silla puede ser un barco, una cama puede ser un columpio. Juega, relájate y disfruta. Cuando veas un pájaro volar, permíteles a tus ojos que vuelen con él, admíralo. Fíjate en esa flor. Juega con ella. Observa esa piedra que hay a tus pies. ¿Por qué no juegas con ella? ¿Desde hace cuánto tiempo que no te atreves a tirar una piedra al aire? No te digo que rompas un cristal, pero ¿a que te gustaría?

Vete a un parque y tírate al suelo. ¿A qué huele la yerba? ¿No te trae recuerdos de tu infancia? Tu infancia olía a tierra, a yerba, a charcos, a flores. Desde que mides más de metro y medio ya no hueles el suelo, tus sentidos han cambiado, has perdido el contacto con los olores de la naturaleza. ¿A qué huele ese árbol? ¿Cuánto tiempo llevas sin oler el musgo? ¿Recuerdas que las margaritas huelen?



Busca el aspecto gracioso de las cosas negativas. ¿Te puedes reír hoy de tus errores? ¿Qué pasaría si tus problemas te los tomaras a chiste? Ríete. Ríete mucho hoy. Todas las cosas, incluso las más negativas, tienen su parte graciosa. Busca esos aspectos irracionales, absurdos. Convierte las adversidades en una parte agradable del proceso.

¿Hay niños en tu entorno, hijos, sobrinos, vecinos…? Juega con ellos como si fueras otro niño. Deja de decir lo que está bien y lo que está mal, deja de hacer juicios de valor. Acércate a ellos sin prejuicios. Simplemente juega, métete en sus juegos, revuélcate por el suelo, ensúciate de barro, haz alguna insensatez. ¿Cómo, que tienes ya cuarenta años y que no estás para tirarte por el suelo? Por eso mismo, porque ya tienes cuarenta años y ya es hora de que recuerdes cómo era aquello.

Decía Horacio: “Mezcla a tu sensatez un grano de locura. Conviene hacer a propósito alguna locura”

Cuéntame tu experiencia.


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Dos nuevos libros de Ricardo Ros 
CÓMO SABER QUE ME AMA

Este libro da las claves sobre qué es estar enamorado. ¿Realmente te ama o sólo es una mentira más?

Este libro da las claves sobre qué es estar enamorado. Es fácil saber si amas a una persona, dice el autor, ya que se trata de una sensación física que se produce entre el cuello y el ombligo, una sensación maravillosa en la que no hay ninguna duda de que se trata de amor. Pero es más difícil saber si la otra persona te ama, porque la otra persona puede ocultar sus sentimientos y mentir. La persona que ama, independientemente de su conducta, tiene una serie de características imposibles de modificar voluntariamente porque están basadas en los sentimientos. Son estas características las que vamos a analizar en este libro.

Te ama si es cómplice y confidente, no te necesita, tiene pequeños detalles, es congruente, respeta tu identidad, acepta incondicionalmente tus sentimientos, no busca culpables, es capaz de perdonar, no hay miedo, hay empatía, puedes decir que no, no hay celos, te ayuda a aumentar la autoestima, decide las cosas de común acuerdo, demuestra su amor de todas las maneras posibles, se piensa en el futuro trabajando en el presente, los hijos no son el centro de la relación, no hay juego de perseguidores y víctimas.
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CÓMO OLVIDAR A UNA PERSONA

Técnicas efectivas que te ayudarán a olvidarte de esa persona que ya no tiene derecho a invadir tu vida.

Hay muchas personas —dice el autor— que necesitan olvidar a otra persona, cambiar sus relaciones afectivas con ella, pero no saben cómo hacerlo: nos quedamos atrapados en recuerdos de personas que nos hacen sentirnos mal, situamos a una persona en un lugar que no le corresponde, tenemos dos sentimientos contradictorios hacia alguien, una persona nos atrae, pero al final siempre acaba por hacernos daño, racionalmente no tenemos ninguna atracción por una persona, pero no podamos evitar sentirnos fascinados emocional o sexualmente… Las causas son muy variadas, pero las consecuencias son siempre las mismas: no podemos olvidar a una persona, es como si nos invadiera, como si ocupara un lugar en nuestros pensamientos que no le corresponde.

En este método, el autor explica cómo darle instrucciones a nuestro cerebro para hacerle entender que no deseamos seguir teniendo a esa persona en nuestras vidas.
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El ratón que dudó... y se murió de hambre 
A mi me gusta hablar con las personas mayores. El tópico de que son pozos de sabiduría se queda corto, son mucho más que eso. Las personas mayores están llenas de experiencia y de vida. Es útil hablar con ellos y es muy gratificante. Si te sientas en un banco en el parque y les escuchas aprenderás mucho más que en cualquier Universidad.

Samuel tiene 75 años. Se quedó viudo hace cinco años y vive con una hija soltera de 45. Me cuenta que tuvo que emigrar cuando era joven, que tuvo que trabajar muy duro, con mucho sacrificio toda su vida. Como él no pudo estudiar se empeñó en que estudiaran sus tres hijos más pequeños. Dos son médicos y otro es arquitecto. No pudo conseguir que estudiaran sus dos hijos mayores porque tuvieron que ponerse a trabajar muy jóvenes para ayudar a mantener a los demás.

—Si de algo me arrepiento —me dice— es de no haberme sacrificado más para que estos dos hijos mayores también hubieran podido estudiar.

Y entonces me dice una frase que me impacta:

Dentro de veinte años estarás más desilusionado por lo que no hiciste que por lo que hiciste.

Me pongo a reflexionar sobre esa frase y me doy cuenta de que es justamente la frase que resume todo lo que yo estoy tratando de transmitir en estas reflexiones: Si no quieres arrepentirte en el futuro, actúa hoy.

En la vida tenemos que tomar decisiones continuamente. Unas decisiones son importantes, otras son menos importantes, pero todas crean caminos que nos llevan hacia un sitio o hacia otro. Una decisión nos hace tomar el camino de la derecha que nos lleva a una meta. Si hubiéramos tomado el camino de la izquierda posiblemente habríamos llegado a otro sitio diferente, o al mismo. En cualquier caso habríamos llegado a algún sitio. Pero si nos quedamos observando los dos caminos sin decidirnos, dentro de veinte años seguiremos en el mismo lugar, frustrados y amargados.



Samuel no estudió, pero sabe mucho de la vida. Samuel sabe que la clave de todo está en hacer, en pasar a la acción. Y sabe que las decisiones equivocadas que tomamos son mucho mejores que las decisiones que no tomamos. Es mejor equivocarnos que no decidir. Tomar decisiones no es difícil. Lo difícil es asumir sus consecuencias.

¿Cuál es tu experiencia? ¿Qué decisiones no tomaste en su momento y ahora te arrepientes? ¿Qué decisión deberías tomar ahora para no arrepentirte dentro de un tiempo? No necesariamente tiene que ser una gran decisión. Puede ser una pequeña decisión. Puedes hacerlo. Deja de pensar y, simplemente, hazlo. Así no podrás arrepentirte dentro de veinte años.


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Las aspas del molino sólo se mueven si hay viento 
Hay personas que basan su vida en los recuerdos. Salvador lleva tres años lamentándose y dándole vueltas a cómo sería su vida si su madre no hubiera muerto. Dice que su madre era una gran mujer, que se preocupaba de sus hijos, que nunca permitió que pasaran hambre y que si no hubiera fallecido ahora él podría estudiar, ir a la Universidad y que su vida sería feliz. Pero Salvador lleva tres años sin hacer nada, no se ha movido de su sitio. Ni trabaja ni estudia, sólo ve pasar la vida.

Mariluz perdió a su marido hace siete años. Tiene tres hijos de entre diez y veinte años. Mariluz no consigue quitar de su cabeza la idea de que todos los proyectos que tenía con su marido, poner una tienda, hacer un crucero por el Caribe, comprarse una casa en la playa, se esfumaron cuando él se marchó. Mariluz se lamenta constantemente de lo feliz que era antes y lo desgraciada que es ahora.

Javier y su familia tuvieron que cambiarse de ciudad al conseguir un nuevo trabajo, con el que iba a ganar mucho más dinero. Con ese dinero extra podrían cumplir sus sueños, comprar una casa y un nuevo automóvil. Han podido comprar una casa nueva y un nuevo automóvil, pero Javier se queja de que ya no tiene amigos como tenía en su antigua ciudad. Se siente abatido y no para de pensar en lo que se está perdiendo.

Los recuerdos son geniales, pero nunca permitas que arrojen su sombra sobre tus sueños.

Otras personas basan su vida en el futuro. Andrés lleva tres años imaginando el negocio que quiere crear. Es una idea increíblemente buena, original, única. El mes que viene comenzará a hacer las diligencias legales. El mes que viene empezará a buscar financiación. El mes que viene intentará buscar un local comercial bien situado. Lleva así tres años. Mientras tanto sigue trabajando doce horas diarias como vigilante jurado.



Minerva se siente muy sola. Está segura de que dentro de poco todo cambiará: encontrará nuevos amigos, buscará un trabajo muy creativo, que es lo que a ella le gusta, podrá comprarse una casa y salir de la casa paterna, encontrará a un novio que le quiera, el príncipe de sus sueños, y conseguirá ser feliz.

No pases demasiado tiempo preocupándote por el futuro o te olvidarás de vivir. Sólo se puede vivir hoy.

¿Cuál es tu experiencia?


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Ganar o perder es lo más sencillo del mundo 
Un día, dos amigos, uña y carne desde la niñez, discuten. La discusión es sobre algo banal, sin importancia, pero comienzan a perderse el respeto, a lanzarse dardos envenenados, a resucitar cosas antiguas ya olvidadas. Comienzan los insultos y llegan a las manos. La relación se rompe. Ambos pierden

Una gran empresa del metal se enfrenta a un enorme dilema: tiene que conseguir que sus proveedores bajen los precios. Saben que si estiran mucho de la cuerda los contratos se romperán, ya que las demás empresas también tienen que sobrevivir. Sin embargo presionan hasta el límite, de tal forma que se crea una cadena entre empresas, cada una de ellas presionando a sus propios proveedores hasta la extenuación. La empresa grande gana, las demás pierden.

La relación de pareja se mantiene porque siempre ella cede. Llega un momento en que pierde a sus amigos, se aleja de su propia familia y se encierra en casa, preocupándose sólo de su marido y de sus hijos. Ella siempre pierde. Él siempre gana.

Muchas personas consideran la vida como una guerra, en la que hay que luchar por sobrevivir. Y para sobrevivir hay que imponerse a los demás, hay que humillarlos, hay que dominarlos, hay que vencerlos. Y no sólo hay que vencerlos, se tiene que notar quién es el vencedor.



Muchos Gobiernos, empresas, medios de comunicación y familias siguen esta misma doctrina: O gano yo, o no gana nadie. Algunos prefieren perder a que gane el otro.

Ganar o perder es muy sencillo. Lo difícil es no ganar ni ser vencido.

Ganar o perder depende de la fuerza que tengas, de tu capacidad para presionar o ser presionado y de los medios que tengas a tu disposición. Si tienes una pistola es más fácil que ganes que si tienes un cuchillo. Pero es más fácil que pierdas si el otro tiene un misil. Ganarás o perderás la batalla, pero no tendrás ni más ni menos razón.

El otro día vi en la calle a dos niños que se golpeaban entre sí. Los separé y les pregunté el motivo por el que se estaban pegando. Se peleaban porque uno decía que el Real Madrid era mejor equipo que el Barcelona. Yo les dije que estaba de acuerdo en que siguieran pegándose. “Si lo matas tú a él —les dije— el campeón será el Barcelona. Si lo matas tú a él, el mejor es el Madrid”. Me miraron como a un loco, sonrieron y se fueron jugando con su balón como si nada hubiera pasado.

Nos educan en la competición, en la rivalidad, en el enfrentamiento. No nos educan en compartir, en cooperar, en ayudar.

¿Cuál es tu experiencia? Cuéntame situaciones conflictivas en las que no has ganado ni has perdido.


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El Power Ranger que se quedó obsoleto 
Elvira, junto a un hermano, fundó una pequeña empresa hace veinte años dedicada a la fabricación de pequeños componentes electrónicos. Llegó a tener más de 200 empleados. Hoy quedan cuatro y está a punto de cerrar.

José y Eider se casaron hace diez años y han tenido dos hijos. Han ido a un abogado para tramitar la separación.

Francisco lleva trabajando en la misma empresa desde hace quince años. Lo acaban de despedir.

Eduardo tiene trece años. Se ha quedado sin amigos y se siente solo e incomprendido.

Elvira fue una pionera en un nuevo sistema de ensamblaje de pequeñas piezas. La tecnología ha ido avanzando, mientras que su empresa no ha sido capaz de adelantarse a los tiempos. Ha dejado de ser rentable.

José y Eider se casaron muy enamorados. La vida ha cambiado, ellos han cambiado y la relación entre ellos ha cambiado, pero el amor de hace diez años no puede ser el mismo que el amor actual.

Francisco se especializó en la reparación de televisores de tubo analógicos. Su jefe hace cinco años le pidió que se especializara en plasma y en circuitos digitales. Él no quiso reciclarse, porque pensaba que el plasma no iba a durar mucho, que iba a ser superado inmediatamente por alguna otra tecnología. Ahora está sin trabajo.



A Eduardo, a pesar de tener trece años, sus padres lo siguen tratando como si fuera un bebé. Le encantan los Power Rangers y los robots que se transforman. No comprende cómo sus amigos, con los que hasta hace poco jugaba con los robots, prefieren los videojuegos, el fútbol y las chicas (en este orden).

Enfrentarse al mañana con métodos de ayer es arriesgar la razón misma de vivir hoy.

Para que la vida siga hace falta adaptación. Para la vida del ser humano, la adaptación es imprescindible. Si no somos capaces de adaptarnos a los cambios, sufrimos y perecemos. La ansiedad, por ejemplo, es un aviso de nuestro cerebro de que hay algo en nuestra vida que necesita una nueva adaptación. Una crisis, del estilo que sea, suele reflejar la necesidad de hacer una adaptación, de movernos en una nueva dirección.

Las soluciones que antes funcionaban no tienen por qué funcionar hoy. Las respuestas correctas del pasado es muy probable que hoy se hayan convertido en un problema. Si no estamos atentos a los cambios, el presente nos devorará.

Puedes creer que entiendes la situación, pero lo que no entiendes es que la situación acaba de cambiar

¿Qué te sirvió en el pasado pero ahora es una carga? ¿Qué necesitas cambiar en este momento? ¿Cuál es tu experiencia?


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La rata de laboratorio que buscaba la felicidad 
Lograr la felicidad es un objetivo de todos los seres humanos. Pero ¿qué es la felicidad? ¿Es posible conseguir la felicidad?

Se ha convertido ya en un tópico decir que la felicidad no está en las cosas materiales, que no está en el tener, sino en el ser. Mientras la publicidad nos vende la felicidad como algo material que se puede comprar con dinero

(“el amor de nuestros hijos no se puede conseguir con dinero; para todo lo demás existe MasterCard”),

las religiones nos venden la felicidad, previo pago, como algo que sólo podremos alcanzar en otra vida

(“Jesús te ama, envía tu dinero para ofrenda y oración, aceptamos cheques, tarjetas de crédito y dinero en metálico”, cita textual de un programa de una Iglesia cristiana en TV),

y los políticos nos dicen que si les votamos, ellos harán que seamos felices

(“Yes, we can”).

En todos los casos, ellos son quienes nos dan el permiso o los medios para llegar a ser felices.

A lo largo de 30 años he visto pasar por mi consulta de psicología a miles de personas. Personas de todas las edades, de todas las religiones, de todas las ideologías. Cuando alguien acude a una consulta de un psicólogo es porque no es feliz, porque hay algo que le impide ser feliz. O tiene miedos, ansiedad, depresión, o tiene problemas con otras personas, problemas de pareja, con los hijos, con los compañeros de trabajo… En todos los casos son personas que no son felices.

¿En qué consiste el trabajo de un psicólogo? El trabajo de un psicólogo consiste en una sola cosa: hacer comprender a esas personas que la felicidad o la infelicidad está exclusivamente en sus propios pensamientos.

Me atrevo a decir lo siguiente:

Entre la felicidad y la infelicidad sólo media un pensamiento humano.

Muchas personas sufren y, generalmente, culpan a los demás. Son siempre los demás, las circunstancias o la suerte quienes influyen en su desgracia. Se sienten desgraciados porque siempre hay factores externos que les hacen sufrir. Es como si ellos no tuvieran ninguna responsabilidad de lo que le ocurre a su vida.



Emilio, un drogadicto con VIH, me decía que la sociedad lo había vuelto heroinómano. Sergio un hombre de 50 años que vive vagabundeando de ciudad en ciudad, echaba la culpa a su mujer. Nati, con cinco hijos de distintas parejas y en paro, responsabilizaba de su situación a sus padres.

Lo que determina la felicidad o la infelicidad de una persona está en cómo elabora sus pensamientos, no en lo que ocurre externamente. Todos los seres humanos tenemos problemas, todos. Los problemas no son los que determinan la felicidad o la infelicidad, sino en cómo elaboramos en nuestro pensamiento esos problemas.

Lo que marca la diferencia entre felicidad e infelicidad es lo que nos decimos a nosotros mismos en nuestro lenguaje materno, nuestros diálogos internos, codificados de forma positiva o negativa. Es lo que nos imaginamos o lo que tratamos de sentir, acercándonos o alejándonos de la realidad. Todo está en nuestra mente, en nuestro pensamiento.

¿Cuál es tu experiencia? ¿Podemos ser felices? ¿Eres feliz?


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Turnos rotatorios 
Eugenio Gonzalez, en el programa Miramos con lupa, de Canarias Radio, entrevista a Ricardo Ros sobre trabajar con turnos rotatorios.



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Los mejores huevos fritos del mundo, los que hace mi madre 
Marcos se despertó ese día con la sensación de que todo le estaba saliendo mal en la vida. Su amigo del alma, con el que había pasado la niñez y la adolescencia, era ahora el director de una importante sucursal bancaria. “Hemos ido a los mismos colegios, hemos vivido las mismas aventuras, hemos estudiado la misma carrera en la misma Universidad, tenemos las mismas amistades, y sin embargo él ha triunfado y yo sigo sin encontrar trabajo”

Marta es una Secretaria de Alta Dirección en una importante empresa del metal. Con la crisis, en una reducción de plantilla, la acaban de despedir. En la empresa había dos secretarias de alta dirección. La han despedido a ella, pero no a su compañera. Marta se queja de que haya sido ella la elegida, cuando cree que ella estaba más capacitada que su compañera y tenía más experiencia.

Pablo y Gregorio heredaron dos tiendas de comestibles. Sus padres las habían sacado adelante con gran esfuerzo, trabajando de sol a sol. Cuando se jubilaron, se repartieron las tiendas en vez de seguir juntos. La tienda de Pablo ha seguido prosperando, mientras que la tienda de Gregorio está a punto de cerrar. Gregorio se queja de la suerte de su hermano. “Si los dos sabemos lo mismo sobre comercio, vendemos los mismos productos con el mismo margen de beneficio, tratamos igual a los clientes, ¿por qué a mi hermano le va bien y a mi me va mal?

Es muy conocido el aforismo "Si haces lo que has hecho siempre, no llegarás más lejos de lo que siempre has llegado" Este aforismo es cierto en el plano individual, ¿pero qué ocurre cuando nos relacionamos con otros? Muchas personas no comprenden cómo otras personas triunfan, sacan adelante sus negocios, consiguen la felicidad personal o convierten sus sueños en realidad, cuando ellos también se esfuerzan, trabajan y luchan para sacar las cosas adelante.



Todos sabemos hacer huevos fritos. Tanto mi madre como yo ponemos el aceite a calentar, ponemos un ajo para que el aceite se queme, echamos el huevo, con una cuchara vamos vertiendo el aceite sobre el huevo, etc. ¿Por qué mi madre hace unos huevos fritos espectaculares y los míos son normalitos? Porque mi madre hace algo diferente. Utilizamos estrategias diferentes.

Cada vez que veas a alguien más exitoso que tú, piensa que está haciendo algo distinto a lo que tú estás haciendo. Si hicierais lo mismo, el resultado sería el mismo. Si la otra persona triunfa es porque está usando estrategias diferentes a las tuyas.

Gregorio piensa que está haciendo lo mismo que su hermano Pablo, pero en realidad están usando estrategias diferentes. Ocurre lo mismo con Marta y con Marcos, están convencidos de que ellos hacen lo mismo, pero no es así. Pequeñas diferencias en las estrategias producen resultados muy diferentes.

¿Cuál es tu experiencia?


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Tropezar dos veces en la misma piedra 
Aunque nos gusta pensar lo contrario, el ser humano es completamente irracional: razona a través de metáforas, de analogías, de cuentos, de historias. Como hemos visto en las anteriores reflexiones, necesita encontrar significados, necesita triunfar y sobresalir por encima de la media, necesita seguridad y libertad de elección. Sin embargo, en la práctica, se comporta como un niño pequeño, acurrucándose bajo aquello que domina y que le da certidumbre. Nos metemos bajo las sábanas y cerramos los ojos cuando se apaga la luz.

Ahora bien, lo que nos convierte en seres racionales es la capacidad de mantener dos ideas contrapuestas al mismo tiempo en la mente y conservar, a pesar de ello, la capacidad para pasar a la acción. Esto es fácil de comprender: si tuviéramos la posibilidad de acceder a un solo pensamiento seríamos seres completamente limitados, restringidos a una sola opción. Cuando existe un único camino no existe libertad y la libertad es lo que nos convierte en seres humanos. Podemos pensar dos cosas al mismo tiempo, incluso cosas contradictorias, y seguir al mismo tiempo teniendo la posibilidad de pasar a la acción. Ideas contrapuestas no nos bloquean.

Pero, por otro lado, la mente humana funciona por analogías. El cerebro se pregunta qué conoce que sea parecido o igual a la situación que se le presenta. También se puede preguntar qué es diferente. Una analogía es una comparación. ¿En qué se parece o en qué se diferencia una cosa de la otra? Una analogía trata de crear relaciones entre los atributos de algo y nuestra propia experiencia. A eso se le llama búsqueda transderivacional.

La búsqueda transderivacional consiste en el mecanismo que hace que una persona asocie a escala inconsciente dos ideas diferentes. Es lo que hace que las metáforas funcionen. Si se le dice a alguien la frase "la orden se abrogó", la búsqueda transderivacional hará que esa persona inicie en su interior una búsqueda que le dé significado a la frase.

En una situación determinada reaccionamos de una manera concreta. Esa manera de reaccionar la experimentamos la primera vez que estuvimos en una situación similar y la aprendimos en aquel momento. El hecho de retenerlas en nuestra memoria nos permite tener un amplio conjunto de reacciones a las que acudimos ante situaciones determinadas; acudimos a la situación similar que vivimos en el pasado, vemos como reaccionamos entonces y en la situación presente reaccionamos como en aquella ocasión. A pesar de que la búsqueda transderivacional nos obliga a generalizar las experiencias y es la base del aprendizaje, por otro lado eso nos lleva a tener muy pocas opciones disponibles, a tener una gama limitada de soluciones para resolver un problema, a poseer un grupo extremadamente limitado de modelos adecuados. Las analogías nos hacen centrarnos en muy pocas variables. Una vez que hemos tenido una respuesta, volvemos a utilizar el mismo recurso una y otra vez ante situaciones que nuestro cerebro interpreta como similares.



Generalmente las analogías funcionan de dos en dos. Sin embargo, nuestro cerebro puede procesar múltiples opciones, no sólo dos. Esa es la diferencia entre usar o no usar la inteligencia. Digamos que nuestro programa básico utiliza dos opciones y que el programa avanzado puede utilizar múltiples opciones.

El hecho de que el cerebro del hombre tenga la particularidad funcional de no establecer diferencias cualitativas entre experiencias reales y experiencias construidas en la mente puede ayudar a acceder a ese potencial latente.

Plantear alternativas es salirse de lo establecido. Los grandes cocineros se plantean mezclas de ingredientes aparentemente incompatibles. ¿Cómo sería si mezclara fresas con tomates, lo horneara y le diera un toque de vodka?

¿Cuál es tu experiencia?


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El humano que se volvió chimpancé 
Una mañana te despiertas a las cinco sobresaltado. En tu cabeza bulle una idea genial. ¡Cómo no se te había ocurrido antes! Es algo maravilloso que te va a permitir avanzar en tu negocio. La idea es tan simple, que da risa.

Ya no puedes volver a dormirte, o sea que te levantas y apuntas en un papel tu genialidad. Empiezas a trabajar en tu idea. Después de muchas semanas de trabajo, la idea empieza a ser realidad, se convierte en un producto que ya puedes comercializar. Lo tienes todo preparado, la financiación, la publicidad, el marketing, los canales de distribución. Está todo perfecto.

Y el producto o el servicio sale a la calle. Parece mentira que no se le haya ocurrido a nadie antes. Empiezas a vender. Después de varios intentos fallidos y de unos cuantos cambios, tu producto te lo quitan de las manos. Pero al poco tiempo te das cuenta de que ya te lo han copiado. Otras empresas con más medios se están haciendo con el mercado. Horror, piensas, ¡para esto ha servido todo mi trabajo!

Las ideas sencillas son las más fáciles de copiar. Las ideas que necesitan poca financiación son las más imitables. Conozco empresas que se dedican exclusivamente a estudiar cómo se pueden saltar legalmente las patentes ajenas. A ti te han pillado. Te desesperas, protestas. Nada sirve.

Se instala una franquicia que tiene éxito e inmediatamente aparecen quince franquicias que ofrecen lo mismo. Se publica un libro que vende, y seguidamente se publican cien libros con la misma temática. Alguien imparte un curso que triunfa y a continuación doscientos cursos invaden el mercado incluso con el mismo título. Si algo sabemos hacer los seres humanos es copiar, somos imitadores natos. Para imitar no hace falta usar la inteligencia. Los loros son unos magníficos imitadores. Los chimpancés también.



¿Qué es lo inteligente? ¿Cómo salir de esa situación? Trabajando más, aportando algo más, ofreciendo algo que los demás no puedan dar. ¿Qué puedes hacer que los loros o los chimpancés no puedan imitar?

Pasa lo mismo en tu vida de pareja, en la relación con tus hijos, con tus amigos, con tus compañeros de trabajo. ¿Qué plus les puedes aportar cada día? ¿En qué consiste ese "poquito más" que hace que lo que tú das sea diferente? ¿Qué "poquito más" te ofreces a ti mismo cada día?

Un poquito más. Esa es la clave. Eso es lo inteligente.

¿Qué opinas?

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Evita que la crisis entre en tu cama 
Artículo de Ricardo Ros en la revista Mi Ginecólogo, editada por la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO)







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El soñador que tenía un secreto muy bien guardado 
La atención del cerebro humano es selectiva. Centramos nuestra atención en unos pocos puntos de interés. Nos fijamos en algunas cosas y despreciamos todas las demás. Esta capacidad de concentrarnos en unas pocas cosas es una enorme ventaja porque nos evita dispersarnos. También tiene el inconveniente de que perdemos muchas opciones que nos pasan desapercibidas, y ya sabemos que cuantas más opciones tenemos, más libres somos. Recuerda que la libertad es lo que nos convierte en seres humanos y que sólo existe libertad si tenemos opciones donde elegir.

Cada uno de nosotros creemos firmemente que somos especiales. Tenemos la invariable convicción de que tenemos derecho a conseguir nuestros objetivos. Todos tenemos la certeza de que tenemos derecho a triunfar en nuestra vida personal, social y profesional. Y generalmente tenemos la certidumbre de que si no lo conseguimos es por culpa de los demás.

Soñamos mucho. Dedicamos mucho tiempo a soñar, a marcarnos metas, a fijar objetivos. No existe ni un solo ser humano que no sueñe con una vida mejor. Dormimos ocho horas, trabajamos ocho horas, dedicamos tiempo a comer, a relacionarnos, al cuidado de nuestro cuerpo. Y dedicamos mucho tiempo a soñar, a dejar volar nuestra imaginación programando un futuro mejor.

Pero a pesar de que dedicamos mucho tiempo a soñar con una vida más feliz, son muy pocas las personas que consiguen alcanzar sus sueños.

Hay últimamente un montaje de marketing, en el que se vende un supuesto "secreto". El argumento de "El secreto" es que todos los grandes personajes que han triunfado a lo largo de la historia tienen un secreto común que no revelan a los demás infelices mortales. Y ahora ellos, como son muy generosos, nos lo venden. El "secreto" es:

"Todo es atraído a ti en virtud de las imágenes que tienes en tu mente. Lo que estás pensando, cualquier cosa que está sucediendo en tu mente, tú lo estás atrayendo. Si quieres tener una vida feliz y exitosa tu trabajo es aferrarte a los pensamientos de aquello que deseas. ¡Sólo pide y recibirás!".


Lamento decir que esto es completamente falso. No todo lo que la mente humana es capaz de concebir se convierte en realidad. Si fuera eso cierto, todos los seres humanos conseguirían sus objetivos. Porque todos soñamos y todos somos capaces de imaginar.



Precisamente ese es el gran problema, que dedicamos mucho tiempo a soñar, pero no dedicamos nada de tiempo a trabajar sobre nuestros sueños. La dedicación que damos a nuestros sueños no es proporcional al esfuerzo que hacemos por conseguirlos. Muchos sueños, muchas fantasías, pero poca dedicación, poco trabajo. Centramos nuestra atención selectiva en los sueños y nos olvidamos de lo importante.

El gran secreto, el de verdad, no es ningún secreto, es algo de sentido común:

Sueña lo que quieres conseguir, pero tus sueños sólo se convertirán en realidad si dedicas mucho esfuerzo y tiempo a ACTUAR, si dedicas mucho esfuerzo y tiempo hasta convertir en ACCIÓN tus pensamientos

Tienes dos herramientas muy poderosas: tu mente y tus manos. La mente sin acción no sirve para nada.

Dedicas horas a soñar. ¿Cuánto tiempo vas a dedicar a partir de ahora a convertir tus sueños en ACCIÓN? ¿Qué vas a HACER ahora mismo? Si centras tu atención sólo en tu mente, tienes el fracaso asegurado. El éxito está en combinar inteligentemente tu mente con tus manos, en convertir en acción tus pensamientos.

¿Nos cuentas tu experiencia?


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El eslabón más débil de la cadena 
Vivir la vida es algo muy sencillo. Madurar no es complicado. Relacionarnos es simple. Reproducirse es lo más fácil del mundo. Los animales y las plantas lo hacen automáticamente, están programados para ello. No se complican. Sólo los seres humanos convertimos lo fácil en complejo. Somos seres con la capacidad de elección, somos libres. La libertad nos permite equivocarnos.

Todos sabemos que la resistencia de una cadena no está en su eslabón más recio por fuerte que sea, sino en el más débil. La cadena soporta lo que resiste el eslabón más débil, no el más fuerte. Una cadena con 50 eslabones de 20 cms y uno solo de 5 cms, ¿por dónde se romperá?

¿Cuál es tu eslabón más débil? No es el que tú piensas. Tu eslabón más débil no es tu egoísmo, ni tu soberbia, ni tu orgullo, que los tienes, como todos los seres humanos, y en proporciones gigantescas. Tu eslabón más débil es perder tu libertad, tu capacidad de elección. Es perder lo que te diferencia de los animales. Es el eslabón que cuando se rompe te convierte en animal.

Tener capacidad de elección, ser libre, consiste en conocer, en ser consciente. Un gato está programado por la naturaleza para cazar ratones y aunque no haya visto a sus padres hacerlo, no dudará ni un segundo en poner en marcha su mejor estrategia cazadora. Un manzano está programado para tener manzanas. Sólo los seres humanos pensamos y con nuestro pensamiento podemos cambiar nuestra programación. Eso es lo que nos hace libres. También con el pensamiento podemos dejar de ser libres.

Cada vez que haces algo por inercia, cada vez que te dejas llevar por las circunstancias, cada vez que respondes de forma automática o no eres consciente de las cosas que te ocurren, te alejas del poder que tienes como ser humano y te igualas a los animales. Cada vez que te pierdes en culpas del pasado, cada vez que te adelantas hacia el futuro, cada vez que no eres consciente de tu presente, el eslabón más débil de tu cadena se rompe y pierdes la libertad. Y sin libertad, ¿quién eres?



La Tierra está llena de seres humanos que nacen, crecen, se multiplican y mueren. Como los leones, como los nogales. No se salen de su programación. Cumplen escrupulosamente su misión animal. Hay otros muchos seres humanos que optan por hacer uso de su poder, siendo conscientes de su vida, de sus decisiones. Y lo hacen aún sabiendo que esto tiene un riesgo: se pueden equivocar.

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Aviso: Haz caso de este Aviso 
La naturaleza es sabia. Nuestro cuerpo es sabio. Y no digamos nuestro cerebro. Nuestro cerebro tiene tanta información sobre nosotros mismos que casi no le cabe.

Llegó tarde a casa después de estar todo el día en el Instituto dando clases. Últimamente estaba cansada, fatigada. Preparó la cena y, al mismo tiempo, la comida del día siguiente. Bañó a los niños, les ayudó a hacer las tareas, los acostó y, de repente, notó algo en el brazo izquierdo. Un fuerte dolor en el pecho acompañado de un mareo. Ambulancia, urgencias, hospital. El médico le dice que tiene que tomarse la vida con más calma y que tiene que adelgazar 35 kilos. Su cerebro ya le había avisado antes.

Tiene once años y va muy bien en la escuela. Es un chico muy listo, trabajador, cariñoso. Pero un día, su madre se da cuenta de que ha desaparecido un billete de cinco euros que había dejado encima de la mesa. “Me habré equivocado”, pensó. Pero al día siguiente echa en falta un billete de diez euros que tenía en el bolso. Hasta que descubre que su maravilloso hijo está quitándole dinero.

Llevaban casados diez años y tenían dos hijos de 8 y 5 años. La relación de pareja se había ido enfriando poco a poco. Ya ni siquiera tenían relaciones. Hasta que un día, él le dijo que se sentía muy mal, abandonado.

Miedos superados que vuelven, respuestas de ansiedad, depresiones, le despiden de todos los trabajos, las amistades le rehúyen, no aguanta a su familia, se enfada con todo el mundo, tiene momentos de ira, empieza a tener una úlcera, no se aguanta a si mismo, un amigo le dice que está insoportable, el jefe le amonesta por no cumplir su trabajo, tiene un amago de infarto, su pareja le dice que necesita tiempo, tiene diez años y vuelve a hacerse pis, comienza a ir mal en la escuela, pierde a todos sus amigos, se fuga del colegio, vagabundea por las calles, ha comenzado a fumar marihuana, tiene una crisis de angustia…



Todo lo anterior son ejemplos de avisos de que algo no va por donde tiene que ir. Podemos mirar hacia otro lado, hacer como que no nos enteramos, pero en el fondo todos sabemos que, o reaccionamos ante esos avisos, o algo más grave va a suceder. Son lucecitas rojas que se encienden, que parpadean, que se nos muestran como evidencias de que tenemos que hacer algo diferente.

Si la profesora no cambia su alimentación y su estilo de vida, si la madre no se da cuenta de que algo le pasa a su hijo, si la pareja no se entera que así no pueden seguir, las cosas acabarán mucho peor. Nuestro cuerpo nos avisa. También nuestro cerebro nos avisa.

Aviso: Haz caso de este aviso.

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La veleta que perdió el Norte 
Tras la muerte de su marido, Celinda se hundió en una fuerte depresión. Quedaba al cuidado de tres hijos pequeños y nunca había trabajado, por lo que su situación económica estaba también al límite. Sin embargo, a las pocas semanas, decidió que tenía que hacerse fuerte y ponerse el frente de la familia. Aunque nunca había trabajado, Celinda había estudiado patronaje industrial, así que decidió empezar a trabajar en su casa confeccionando vestidos de novia y vestidos para fiestas. Primero una prima que se iba a casar le encargó su vestido, después unos vecinos, y así, poco a poco, se fue dando a conocer. Sus vestidos estaban muy bien hechos y a un precio realmente competitivo. Un año más tarde se compró una casa más grande en la que pudo crear un pequeño taller, con otras dos personas que la ayudaban. Tres años más tarde tenía un taller de mil metros cuadrados y trabajaban para ella 23 personas.

Pedro fue despedido de su trabajo cuando tenía 56 años, después de 35 años en la misma empresa y de tres infartos. Su trabajo era de mucha responsabilidad. Con esa edad pensó que nuca más iba a ser contratado. Como sus hijos eran mayores y su mujer había muerto hacía unos años, decidió vender su casa en la ciudad y volver al pueblo en el que había nacido. Allí redescubrió la vida en el campo de su infancia, una forma de vida natural basada en la tranquilidad. Volvió a cultivar la huerta que había visto sembrar a su abuelo, volvió a jugar a las cartas en la taberna del pueblo, comenzó a dar largos paseos por los montes cercanos. Pedro volvió a ser feliz.

Ismael perdió las dos piernas en un accidente de tráfico. Tras su recuperación no pudo volver al mismo trabajo de policía municipal, un trabajo que le gustaba mucho. Entonces se decidió a estudiar informática y programación de páginas web.

En la vida hay cosas que puedes cambiar y otras cosas que no puedes cambiar. Hay cosas que depende de ti y otras que no dependen de ti. Aprende a aceptar aquello que no puedes cambiar, no ciegamente, sino con pleno conocimiento. Cuanto más aceptes que hay determinadas cosas que no dependen de ti y que no puedes cambiar, más fácil será encontrar opciones diferentes. Para cambiar algo, primero tienes que aceptar la realidad. No puedes luchar contra una enfermedad si primero no aceptas que tienes esa enfermedad. No puedes resolver un problema, si primero no aceptas que tienes un problema. No puedes cubrir una pérdida si primero no reconoces que la has tenido.



Celinda no podía superar la muerte de su pareja si primero no aceptaba que había muerto. Pedro no podía luchar contra el desempleo si primero no aceptaba la realidad social en la que vivía y sus valores más profundos, que eran vivir con tranquilidad. Ismael no podía rehacer su vida si primero no aceptaba que había perdido sus dos piernas.

Aunque hay muchas cosas que no dependen de ti y que no puedes cambiar, sí que puedes cambiar tu relación con esas cosas. Cómo te sientes, depende de ti. Cómo reaccionas, depende de ti. Cómo buscas una alternativa, depende de ti.

No hay ninguna pérdida en la que no encontremos algo positivo. Todas las pérdidas son dolorosas. Pero todas las pérdidas nos obligan a cambiar. Si no aceptamos la pérdida, el cambio será negativo, nos bloqueará. Si por el contrario somos conscientes de la realidad, si aceptamos la pérdida, el cambio sólo puede ser positivo, porque nos exigirá buscar algo mejor. Las pérdidas nos sacan de la comodidad, nos fuerzan a salir del terreno conocido.

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La sanguijuela que sabía demasiado 
Lo más asombroso del cerebro humano no es la capacidad de conocimiento que tiene, sino su habilidad para superarse a sí mismo. Aprendemos con la experiencia. Podemos superarnos a nosotros mismos. El conocimiento es acumulativo.

La acumulación de conocimiento es lo que hace que las ciencias avancen. Pero el conocimiento es falso. Descubrimos de repente que lo que creíamos ayer como cierto, hoy es falso. Cambiamos unos conocimientos por otros. Lo que ayer era dogma, hoy deja de serlo. Lo que hoy es dogma, mañana dejará de serlo.

Basamos nuestros conocimientos en creencias. Creemos que algo es cierto porque nos da seguridad. Lo que ayer nos servía, hoy es obsoleto. El mundo cambia constantemente. Cada vez más deprisa. La física gravitacional, que ha servido durante siglos, hoy es motivo de risa para cualquier niño que juega con su videoconsola y sabe que no somos mas que un pequeño planeta que es atraído y repelido por otros sistemas. Pero nuestro conocimiento sigue basándose en puras creencias.

El ser humano basa sus conocimientos en creencias. Incluso los científicos ateos basan sus teorías en creencias. Los médicos del pasado estaban convencidos de que había que sangrar a los pacientes con sanguijuelas. Hoy están convencidos de que hay que someterlos a radiación. Mañana nos parecerá una barbaridad radiar a un ser humano. Pero los nuevos tratamientos seguirán fundamentándose en creencias.



No podemos vivir sin creencias. Usar la inteligencia no consiste en no tener creencias, sino en saber que las creencias que tenemos son falsas pero útiles si sabemos elegirlas con inteligencia e inútiles si las convertimos en dogmas que nos bloquean. Los grandes problemas de la humanidad se producen cuando una persona o una comunidad se aferran a creencias inhabilitadoras. Los grandes avances se producen cuando una persona o una comunidad superan una creencia que las mantenía ancladas en el pasado.

¿Qué creencias has superado recientemente? ¿Qué nuevas creencias crees que te están dando el conocimiento definitivo, pero que no son más que otras creencias tan falsas como las anteriores? ¿Qué nuevas creencias pueden ayudarte a superarte, a avanzar, aún sabiendo que también son falsas?


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