La rata de laboratorio que buscaba la felicidad 
Lograr la felicidad es un objetivo de todos los seres humanos. Pero ¿qué es la felicidad? ¿Es posible conseguir la felicidad?

Se ha convertido ya en un tópico decir que la felicidad no está en las cosas materiales, que no está en el tener, sino en el ser. Mientras la publicidad nos vende la felicidad como algo material que se puede comprar con dinero

(“el amor de nuestros hijos no se puede conseguir con dinero; para todo lo demás existe MasterCard”),

las religiones nos venden la felicidad, previo pago, como algo que sólo podremos alcanzar en otra vida

(“Jesús te ama, envía tu dinero para ofrenda y oración, aceptamos cheques, tarjetas de crédito y dinero en metálico”, cita textual de un programa de una Iglesia cristiana en TV),

y los políticos nos dicen que si les votamos, ellos harán que seamos felices

(“Yes, we can”).

En todos los casos, ellos son quienes nos dan el permiso o los medios para llegar a ser felices.

A lo largo de 30 años he visto pasar por mi consulta de psicología a miles de personas. Personas de todas las edades, de todas las religiones, de todas las ideologías. Cuando alguien acude a una consulta de un psicólogo es porque no es feliz, porque hay algo que le impide ser feliz. O tiene miedos, ansiedad, depresión, o tiene problemas con otras personas, problemas de pareja, con los hijos, con los compañeros de trabajo… En todos los casos son personas que no son felices.

¿En qué consiste el trabajo de un psicólogo? El trabajo de un psicólogo consiste en una sola cosa: hacer comprender a esas personas que la felicidad o la infelicidad está exclusivamente en sus propios pensamientos.

Me atrevo a decir lo siguiente:

Entre la felicidad y la infelicidad sólo media un pensamiento humano.

Muchas personas sufren y, generalmente, culpan a los demás. Son siempre los demás, las circunstancias o la suerte quienes influyen en su desgracia. Se sienten desgraciados porque siempre hay factores externos que les hacen sufrir. Es como si ellos no tuvieran ninguna responsabilidad de lo que le ocurre a su vida.



Emilio, un drogadicto con VIH, me decía que la sociedad lo había vuelto heroinómano. Sergio un hombre de 50 años que vive vagabundeando de ciudad en ciudad, echaba la culpa a su mujer. Nati, con cinco hijos de distintas parejas y en paro, responsabilizaba de su situación a sus padres.

Lo que determina la felicidad o la infelicidad de una persona está en cómo elabora sus pensamientos, no en lo que ocurre externamente. Todos los seres humanos tenemos problemas, todos. Los problemas no son los que determinan la felicidad o la infelicidad, sino en cómo elaboramos en nuestro pensamiento esos problemas.

Lo que marca la diferencia entre felicidad e infelicidad es lo que nos decimos a nosotros mismos en nuestro lenguaje materno, nuestros diálogos internos, codificados de forma positiva o negativa. Es lo que nos imaginamos o lo que tratamos de sentir, acercándonos o alejándonos de la realidad. Todo está en nuestra mente, en nuestro pensamiento.

¿Cuál es tu experiencia? ¿Podemos ser felices? ¿Eres feliz?


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Turnos rotatorios 
Eugenio Gonzalez, en el programa Miramos con lupa, de Canarias Radio, entrevista a Ricardo Ros sobre trabajar con turnos rotatorios.



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Los mejores huevos fritos del mundo, los que hace mi madre 
Marcos se despertó ese día con la sensación de que todo le estaba saliendo mal en la vida. Su amigo del alma, con el que había pasado la niñez y la adolescencia, era ahora el director de una importante sucursal bancaria. “Hemos ido a los mismos colegios, hemos vivido las mismas aventuras, hemos estudiado la misma carrera en la misma Universidad, tenemos las mismas amistades, y sin embargo él ha triunfado y yo sigo sin encontrar trabajo”

Marta es una Secretaria de Alta Dirección en una importante empresa del metal. Con la crisis, en una reducción de plantilla, la acaban de despedir. En la empresa había dos secretarias de alta dirección. La han despedido a ella, pero no a su compañera. Marta se queja de que haya sido ella la elegida, cuando cree que ella estaba más capacitada que su compañera y tenía más experiencia.

Pablo y Gregorio heredaron dos tiendas de comestibles. Sus padres las habían sacado adelante con gran esfuerzo, trabajando de sol a sol. Cuando se jubilaron, se repartieron las tiendas en vez de seguir juntos. La tienda de Pablo ha seguido prosperando, mientras que la tienda de Gregorio está a punto de cerrar. Gregorio se queja de la suerte de su hermano. “Si los dos sabemos lo mismo sobre comercio, vendemos los mismos productos con el mismo margen de beneficio, tratamos igual a los clientes, ¿por qué a mi hermano le va bien y a mi me va mal?

Es muy conocido el aforismo "Si haces lo que has hecho siempre, no llegarás más lejos de lo que siempre has llegado" Este aforismo es cierto en el plano individual, ¿pero qué ocurre cuando nos relacionamos con otros? Muchas personas no comprenden cómo otras personas triunfan, sacan adelante sus negocios, consiguen la felicidad personal o convierten sus sueños en realidad, cuando ellos también se esfuerzan, trabajan y luchan para sacar las cosas adelante.



Todos sabemos hacer huevos fritos. Tanto mi madre como yo ponemos el aceite a calentar, ponemos un ajo para que el aceite se queme, echamos el huevo, con una cuchara vamos vertiendo el aceite sobre el huevo, etc. ¿Por qué mi madre hace unos huevos fritos espectaculares y los míos son normalitos? Porque mi madre hace algo diferente. Utilizamos estrategias diferentes.

Cada vez que veas a alguien más exitoso que tú, piensa que está haciendo algo distinto a lo que tú estás haciendo. Si hicierais lo mismo, el resultado sería el mismo. Si la otra persona triunfa es porque está usando estrategias diferentes a las tuyas.

Gregorio piensa que está haciendo lo mismo que su hermano Pablo, pero en realidad están usando estrategias diferentes. Ocurre lo mismo con Marta y con Marcos, están convencidos de que ellos hacen lo mismo, pero no es así. Pequeñas diferencias en las estrategias producen resultados muy diferentes.

¿Cuál es tu experiencia?


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Tropezar dos veces en la misma piedra 
Aunque nos gusta pensar lo contrario, el ser humano es completamente irracional: razona a través de metáforas, de analogías, de cuentos, de historias. Como hemos visto en las anteriores reflexiones, necesita encontrar significados, necesita triunfar y sobresalir por encima de la media, necesita seguridad y libertad de elección. Sin embargo, en la práctica, se comporta como un niño pequeño, acurrucándose bajo aquello que domina y que le da certidumbre. Nos metemos bajo las sábanas y cerramos los ojos cuando se apaga la luz.

Ahora bien, lo que nos convierte en seres racionales es la capacidad de mantener dos ideas contrapuestas al mismo tiempo en la mente y conservar, a pesar de ello, la capacidad para pasar a la acción. Esto es fácil de comprender: si tuviéramos la posibilidad de acceder a un solo pensamiento seríamos seres completamente limitados, restringidos a una sola opción. Cuando existe un único camino no existe libertad y la libertad es lo que nos convierte en seres humanos. Podemos pensar dos cosas al mismo tiempo, incluso cosas contradictorias, y seguir al mismo tiempo teniendo la posibilidad de pasar a la acción. Ideas contrapuestas no nos bloquean.

Pero, por otro lado, la mente humana funciona por analogías. El cerebro se pregunta qué conoce que sea parecido o igual a la situación que se le presenta. También se puede preguntar qué es diferente. Una analogía es una comparación. ¿En qué se parece o en qué se diferencia una cosa de la otra? Una analogía trata de crear relaciones entre los atributos de algo y nuestra propia experiencia. A eso se le llama búsqueda transderivacional.

La búsqueda transderivacional consiste en el mecanismo que hace que una persona asocie a escala inconsciente dos ideas diferentes. Es lo que hace que las metáforas funcionen. Si se le dice a alguien la frase "la orden se abrogó", la búsqueda transderivacional hará que esa persona inicie en su interior una búsqueda que le dé significado a la frase.

En una situación determinada reaccionamos de una manera concreta. Esa manera de reaccionar la experimentamos la primera vez que estuvimos en una situación similar y la aprendimos en aquel momento. El hecho de retenerlas en nuestra memoria nos permite tener un amplio conjunto de reacciones a las que acudimos ante situaciones determinadas; acudimos a la situación similar que vivimos en el pasado, vemos como reaccionamos entonces y en la situación presente reaccionamos como en aquella ocasión. A pesar de que la búsqueda transderivacional nos obliga a generalizar las experiencias y es la base del aprendizaje, por otro lado eso nos lleva a tener muy pocas opciones disponibles, a tener una gama limitada de soluciones para resolver un problema, a poseer un grupo extremadamente limitado de modelos adecuados. Las analogías nos hacen centrarnos en muy pocas variables. Una vez que hemos tenido una respuesta, volvemos a utilizar el mismo recurso una y otra vez ante situaciones que nuestro cerebro interpreta como similares.



Generalmente las analogías funcionan de dos en dos. Sin embargo, nuestro cerebro puede procesar múltiples opciones, no sólo dos. Esa es la diferencia entre usar o no usar la inteligencia. Digamos que nuestro programa básico utiliza dos opciones y que el programa avanzado puede utilizar múltiples opciones.

El hecho de que el cerebro del hombre tenga la particularidad funcional de no establecer diferencias cualitativas entre experiencias reales y experiencias construidas en la mente puede ayudar a acceder a ese potencial latente.

Plantear alternativas es salirse de lo establecido. Los grandes cocineros se plantean mezclas de ingredientes aparentemente incompatibles. ¿Cómo sería si mezclara fresas con tomates, lo horneara y le diera un toque de vodka?

¿Cuál es tu experiencia?


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El humano que se volvió chimpancé 
Una mañana te despiertas a las cinco sobresaltado. En tu cabeza bulle una idea genial. ¡Cómo no se te había ocurrido antes! Es algo maravilloso que te va a permitir avanzar en tu negocio. La idea es tan simple, que da risa.

Ya no puedes volver a dormirte, o sea que te levantas y apuntas en un papel tu genialidad. Empiezas a trabajar en tu idea. Después de muchas semanas de trabajo, la idea empieza a ser realidad, se convierte en un producto que ya puedes comercializar. Lo tienes todo preparado, la financiación, la publicidad, el marketing, los canales de distribución. Está todo perfecto.

Y el producto o el servicio sale a la calle. Parece mentira que no se le haya ocurrido a nadie antes. Empiezas a vender. Después de varios intentos fallidos y de unos cuantos cambios, tu producto te lo quitan de las manos. Pero al poco tiempo te das cuenta de que ya te lo han copiado. Otras empresas con más medios se están haciendo con el mercado. Horror, piensas, ¡para esto ha servido todo mi trabajo!

Las ideas sencillas son las más fáciles de copiar. Las ideas que necesitan poca financiación son las más imitables. Conozco empresas que se dedican exclusivamente a estudiar cómo se pueden saltar legalmente las patentes ajenas. A ti te han pillado. Te desesperas, protestas. Nada sirve.

Se instala una franquicia que tiene éxito e inmediatamente aparecen quince franquicias que ofrecen lo mismo. Se publica un libro que vende, y seguidamente se publican cien libros con la misma temática. Alguien imparte un curso que triunfa y a continuación doscientos cursos invaden el mercado incluso con el mismo título. Si algo sabemos hacer los seres humanos es copiar, somos imitadores natos. Para imitar no hace falta usar la inteligencia. Los loros son unos magníficos imitadores. Los chimpancés también.



¿Qué es lo inteligente? ¿Cómo salir de esa situación? Trabajando más, aportando algo más, ofreciendo algo que los demás no puedan dar. ¿Qué puedes hacer que los loros o los chimpancés no puedan imitar?

Pasa lo mismo en tu vida de pareja, en la relación con tus hijos, con tus amigos, con tus compañeros de trabajo. ¿Qué plus les puedes aportar cada día? ¿En qué consiste ese "poquito más" que hace que lo que tú das sea diferente? ¿Qué "poquito más" te ofreces a ti mismo cada día?

Un poquito más. Esa es la clave. Eso es lo inteligente.

¿Qué opinas?

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Evita que la crisis entre en tu cama 
Artículo de Ricardo Ros en la revista Mi Ginecólogo, editada por la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO)







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El soñador que tenía un secreto muy bien guardado 
La atención del cerebro humano es selectiva. Centramos nuestra atención en unos pocos puntos de interés. Nos fijamos en algunas cosas y despreciamos todas las demás. Esta capacidad de concentrarnos en unas pocas cosas es una enorme ventaja porque nos evita dispersarnos. También tiene el inconveniente de que perdemos muchas opciones que nos pasan desapercibidas, y ya sabemos que cuantas más opciones tenemos, más libres somos. Recuerda que la libertad es lo que nos convierte en seres humanos y que sólo existe libertad si tenemos opciones donde elegir.

Cada uno de nosotros creemos firmemente que somos especiales. Tenemos la invariable convicción de que tenemos derecho a conseguir nuestros objetivos. Todos tenemos la certeza de que tenemos derecho a triunfar en nuestra vida personal, social y profesional. Y generalmente tenemos la certidumbre de que si no lo conseguimos es por culpa de los demás.

Soñamos mucho. Dedicamos mucho tiempo a soñar, a marcarnos metas, a fijar objetivos. No existe ni un solo ser humano que no sueñe con una vida mejor. Dormimos ocho horas, trabajamos ocho horas, dedicamos tiempo a comer, a relacionarnos, al cuidado de nuestro cuerpo. Y dedicamos mucho tiempo a soñar, a dejar volar nuestra imaginación programando un futuro mejor.

Pero a pesar de que dedicamos mucho tiempo a soñar con una vida más feliz, son muy pocas las personas que consiguen alcanzar sus sueños.

Hay últimamente un montaje de marketing, en el que se vende un supuesto "secreto". El argumento de "El secreto" es que todos los grandes personajes que han triunfado a lo largo de la historia tienen un secreto común que no revelan a los demás infelices mortales. Y ahora ellos, como son muy generosos, nos lo venden. El "secreto" es:

"Todo es atraído a ti en virtud de las imágenes que tienes en tu mente. Lo que estás pensando, cualquier cosa que está sucediendo en tu mente, tú lo estás atrayendo. Si quieres tener una vida feliz y exitosa tu trabajo es aferrarte a los pensamientos de aquello que deseas. ¡Sólo pide y recibirás!".


Lamento decir que esto es completamente falso. No todo lo que la mente humana es capaz de concebir se convierte en realidad. Si fuera eso cierto, todos los seres humanos conseguirían sus objetivos. Porque todos soñamos y todos somos capaces de imaginar.



Precisamente ese es el gran problema, que dedicamos mucho tiempo a soñar, pero no dedicamos nada de tiempo a trabajar sobre nuestros sueños. La dedicación que damos a nuestros sueños no es proporcional al esfuerzo que hacemos por conseguirlos. Muchos sueños, muchas fantasías, pero poca dedicación, poco trabajo. Centramos nuestra atención selectiva en los sueños y nos olvidamos de lo importante.

El gran secreto, el de verdad, no es ningún secreto, es algo de sentido común:

Sueña lo que quieres conseguir, pero tus sueños sólo se convertirán en realidad si dedicas mucho esfuerzo y tiempo a ACTUAR, si dedicas mucho esfuerzo y tiempo hasta convertir en ACCIÓN tus pensamientos

Tienes dos herramientas muy poderosas: tu mente y tus manos. La mente sin acción no sirve para nada.

Dedicas horas a soñar. ¿Cuánto tiempo vas a dedicar a partir de ahora a convertir tus sueños en ACCIÓN? ¿Qué vas a HACER ahora mismo? Si centras tu atención sólo en tu mente, tienes el fracaso asegurado. El éxito está en combinar inteligentemente tu mente con tus manos, en convertir en acción tus pensamientos.

¿Nos cuentas tu experiencia?


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El eslabón más débil de la cadena 
Vivir la vida es algo muy sencillo. Madurar no es complicado. Relacionarnos es simple. Reproducirse es lo más fácil del mundo. Los animales y las plantas lo hacen automáticamente, están programados para ello. No se complican. Sólo los seres humanos convertimos lo fácil en complejo. Somos seres con la capacidad de elección, somos libres. La libertad nos permite equivocarnos.

Todos sabemos que la resistencia de una cadena no está en su eslabón más recio por fuerte que sea, sino en el más débil. La cadena soporta lo que resiste el eslabón más débil, no el más fuerte. Una cadena con 50 eslabones de 20 cms y uno solo de 5 cms, ¿por dónde se romperá?

¿Cuál es tu eslabón más débil? No es el que tú piensas. Tu eslabón más débil no es tu egoísmo, ni tu soberbia, ni tu orgullo, que los tienes, como todos los seres humanos, y en proporciones gigantescas. Tu eslabón más débil es perder tu libertad, tu capacidad de elección. Es perder lo que te diferencia de los animales. Es el eslabón que cuando se rompe te convierte en animal.

Tener capacidad de elección, ser libre, consiste en conocer, en ser consciente. Un gato está programado por la naturaleza para cazar ratones y aunque no haya visto a sus padres hacerlo, no dudará ni un segundo en poner en marcha su mejor estrategia cazadora. Un manzano está programado para tener manzanas. Sólo los seres humanos pensamos y con nuestro pensamiento podemos cambiar nuestra programación. Eso es lo que nos hace libres. También con el pensamiento podemos dejar de ser libres.

Cada vez que haces algo por inercia, cada vez que te dejas llevar por las circunstancias, cada vez que respondes de forma automática o no eres consciente de las cosas que te ocurren, te alejas del poder que tienes como ser humano y te igualas a los animales. Cada vez que te pierdes en culpas del pasado, cada vez que te adelantas hacia el futuro, cada vez que no eres consciente de tu presente, el eslabón más débil de tu cadena se rompe y pierdes la libertad. Y sin libertad, ¿quién eres?



La Tierra está llena de seres humanos que nacen, crecen, se multiplican y mueren. Como los leones, como los nogales. No se salen de su programación. Cumplen escrupulosamente su misión animal. Hay otros muchos seres humanos que optan por hacer uso de su poder, siendo conscientes de su vida, de sus decisiones. Y lo hacen aún sabiendo que esto tiene un riesgo: se pueden equivocar.

¿Cuál es tu experiencia?


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Aviso: Haz caso de este Aviso 
La naturaleza es sabia. Nuestro cuerpo es sabio. Y no digamos nuestro cerebro. Nuestro cerebro tiene tanta información sobre nosotros mismos que casi no le cabe.

Llegó tarde a casa después de estar todo el día en el Instituto dando clases. Últimamente estaba cansada, fatigada. Preparó la cena y, al mismo tiempo, la comida del día siguiente. Bañó a los niños, les ayudó a hacer las tareas, los acostó y, de repente, notó algo en el brazo izquierdo. Un fuerte dolor en el pecho acompañado de un mareo. Ambulancia, urgencias, hospital. El médico le dice que tiene que tomarse la vida con más calma y que tiene que adelgazar 35 kilos. Su cerebro ya le había avisado antes.

Tiene once años y va muy bien en la escuela. Es un chico muy listo, trabajador, cariñoso. Pero un día, su madre se da cuenta de que ha desaparecido un billete de cinco euros que había dejado encima de la mesa. “Me habré equivocado”, pensó. Pero al día siguiente echa en falta un billete de diez euros que tenía en el bolso. Hasta que descubre que su maravilloso hijo está quitándole dinero.

Llevaban casados diez años y tenían dos hijos de 8 y 5 años. La relación de pareja se había ido enfriando poco a poco. Ya ni siquiera tenían relaciones. Hasta que un día, él le dijo que se sentía muy mal, abandonado.

Miedos superados que vuelven, respuestas de ansiedad, depresiones, le despiden de todos los trabajos, las amistades le rehúyen, no aguanta a su familia, se enfada con todo el mundo, tiene momentos de ira, empieza a tener una úlcera, no se aguanta a si mismo, un amigo le dice que está insoportable, el jefe le amonesta por no cumplir su trabajo, tiene un amago de infarto, su pareja le dice que necesita tiempo, tiene diez años y vuelve a hacerse pis, comienza a ir mal en la escuela, pierde a todos sus amigos, se fuga del colegio, vagabundea por las calles, ha comenzado a fumar marihuana, tiene una crisis de angustia…



Todo lo anterior son ejemplos de avisos de que algo no va por donde tiene que ir. Podemos mirar hacia otro lado, hacer como que no nos enteramos, pero en el fondo todos sabemos que, o reaccionamos ante esos avisos, o algo más grave va a suceder. Son lucecitas rojas que se encienden, que parpadean, que se nos muestran como evidencias de que tenemos que hacer algo diferente.

Si la profesora no cambia su alimentación y su estilo de vida, si la madre no se da cuenta de que algo le pasa a su hijo, si la pareja no se entera que así no pueden seguir, las cosas acabarán mucho peor. Nuestro cuerpo nos avisa. También nuestro cerebro nos avisa.

Aviso: Haz caso de este aviso.

¿Cuál es tu experiencia?


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La veleta que perdió el Norte 
Tras la muerte de su marido, Celinda se hundió en una fuerte depresión. Quedaba al cuidado de tres hijos pequeños y nunca había trabajado, por lo que su situación económica estaba también al límite. Sin embargo, a las pocas semanas, decidió que tenía que hacerse fuerte y ponerse el frente de la familia. Aunque nunca había trabajado, Celinda había estudiado patronaje industrial, así que decidió empezar a trabajar en su casa confeccionando vestidos de novia y vestidos para fiestas. Primero una prima que se iba a casar le encargó su vestido, después unos vecinos, y así, poco a poco, se fue dando a conocer. Sus vestidos estaban muy bien hechos y a un precio realmente competitivo. Un año más tarde se compró una casa más grande en la que pudo crear un pequeño taller, con otras dos personas que la ayudaban. Tres años más tarde tenía un taller de mil metros cuadrados y trabajaban para ella 23 personas.

Pedro fue despedido de su trabajo cuando tenía 56 años, después de 35 años en la misma empresa y de tres infartos. Su trabajo era de mucha responsabilidad. Con esa edad pensó que nuca más iba a ser contratado. Como sus hijos eran mayores y su mujer había muerto hacía unos años, decidió vender su casa en la ciudad y volver al pueblo en el que había nacido. Allí redescubrió la vida en el campo de su infancia, una forma de vida natural basada en la tranquilidad. Volvió a cultivar la huerta que había visto sembrar a su abuelo, volvió a jugar a las cartas en la taberna del pueblo, comenzó a dar largos paseos por los montes cercanos. Pedro volvió a ser feliz.

Ismael perdió las dos piernas en un accidente de tráfico. Tras su recuperación no pudo volver al mismo trabajo de policía municipal, un trabajo que le gustaba mucho. Entonces se decidió a estudiar informática y programación de páginas web.

En la vida hay cosas que puedes cambiar y otras cosas que no puedes cambiar. Hay cosas que depende de ti y otras que no dependen de ti. Aprende a aceptar aquello que no puedes cambiar, no ciegamente, sino con pleno conocimiento. Cuanto más aceptes que hay determinadas cosas que no dependen de ti y que no puedes cambiar, más fácil será encontrar opciones diferentes. Para cambiar algo, primero tienes que aceptar la realidad. No puedes luchar contra una enfermedad si primero no aceptas que tienes esa enfermedad. No puedes resolver un problema, si primero no aceptas que tienes un problema. No puedes cubrir una pérdida si primero no reconoces que la has tenido.



Celinda no podía superar la muerte de su pareja si primero no aceptaba que había muerto. Pedro no podía luchar contra el desempleo si primero no aceptaba la realidad social en la que vivía y sus valores más profundos, que eran vivir con tranquilidad. Ismael no podía rehacer su vida si primero no aceptaba que había perdido sus dos piernas.

Aunque hay muchas cosas que no dependen de ti y que no puedes cambiar, sí que puedes cambiar tu relación con esas cosas. Cómo te sientes, depende de ti. Cómo reaccionas, depende de ti. Cómo buscas una alternativa, depende de ti.

No hay ninguna pérdida en la que no encontremos algo positivo. Todas las pérdidas son dolorosas. Pero todas las pérdidas nos obligan a cambiar. Si no aceptamos la pérdida, el cambio será negativo, nos bloqueará. Si por el contrario somos conscientes de la realidad, si aceptamos la pérdida, el cambio sólo puede ser positivo, porque nos exigirá buscar algo mejor. Las pérdidas nos sacan de la comodidad, nos fuerzan a salir del terreno conocido.

¿Cuál es tu experiencia?


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La sanguijuela que sabía demasiado 
Lo más asombroso del cerebro humano no es la capacidad de conocimiento que tiene, sino su habilidad para superarse a sí mismo. Aprendemos con la experiencia. Podemos superarnos a nosotros mismos. El conocimiento es acumulativo.

La acumulación de conocimiento es lo que hace que las ciencias avancen. Pero el conocimiento es falso. Descubrimos de repente que lo que creíamos ayer como cierto, hoy es falso. Cambiamos unos conocimientos por otros. Lo que ayer era dogma, hoy deja de serlo. Lo que hoy es dogma, mañana dejará de serlo.

Basamos nuestros conocimientos en creencias. Creemos que algo es cierto porque nos da seguridad. Lo que ayer nos servía, hoy es obsoleto. El mundo cambia constantemente. Cada vez más deprisa. La física gravitacional, que ha servido durante siglos, hoy es motivo de risa para cualquier niño que juega con su videoconsola y sabe que no somos mas que un pequeño planeta que es atraído y repelido por otros sistemas. Pero nuestro conocimiento sigue basándose en puras creencias.

El ser humano basa sus conocimientos en creencias. Incluso los científicos ateos basan sus teorías en creencias. Los médicos del pasado estaban convencidos de que había que sangrar a los pacientes con sanguijuelas. Hoy están convencidos de que hay que someterlos a radiación. Mañana nos parecerá una barbaridad radiar a un ser humano. Pero los nuevos tratamientos seguirán fundamentándose en creencias.



No podemos vivir sin creencias. Usar la inteligencia no consiste en no tener creencias, sino en saber que las creencias que tenemos son falsas pero útiles si sabemos elegirlas con inteligencia e inútiles si las convertimos en dogmas que nos bloquean. Los grandes problemas de la humanidad se producen cuando una persona o una comunidad se aferran a creencias inhabilitadoras. Los grandes avances se producen cuando una persona o una comunidad superan una creencia que las mantenía ancladas en el pasado.

¿Qué creencias has superado recientemente? ¿Qué nuevas creencias crees que te están dando el conocimiento definitivo, pero que no son más que otras creencias tan falsas como las anteriores? ¿Qué nuevas creencias pueden ayudarte a superarte, a avanzar, aún sabiendo que también son falsas?


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¡Nuevo descubrimiento! El reloj que se adelanta a los tiempos 
En 1578 un marinero inglés llamado William Bourne inventó el primer submarino. Lo dibujó, pero nunca lo realizó. El holandés Cornellius Drebbel construyó el primer submarino en 1624. Para ello utilizó madera, pieles y grasa. En 1680 el italiano Giovanni Borelli mejoró el invento, introduciendo lastres de agua. En 1776 David Bushnell añadió un tanque de agua que introducía o sacaba mediante una bomba manual, unos patines propulsores y unos torpedos.

La historia del submarino es fascinante, porque se puede seguir la trayectoria de un invento, desde que fue una simple idea hasta su más alta sofisticación moderna. Actualmente hay unos 600 submarinos en el mundo, casi todos de uso militar.

Hace 5000 años, los chinos ya conocían el reloj de sol. Alguien en Babilonia inventó las Clepsidras, unos recipientes con agua. Después se mejoró con el reloj de arena. Hacia 1200 se inventó el primer reloj mecánico. En 1300 el de pesas, en 1400 el de muelles, en 1600 el de péndulos. En el siglo XX el de cuarzo digital y el atómico, que tiene un margen de error de solo un segundo cada 30 millones de años. ¿Se puede perfeccionar más el reloj?

El conocimiento en el ser humano es acumulativo. La tecnología actual no habría sido posible si antes no hubiera habido precedentes. Acumulamos información a lo largo de siglos y la vamos perfeccionando. Es como si necesitáramos ir asumiendo datos a lo largo de las generaciones. A los adultos nos cuesta todavía entender cómo funcionan los PCs, a los niños no les cuesta nada. Le regalas a un niño un lector de MP3 y no tiene ninguna dificultad en entender cómo funciona, aunque nunca antes haya visto uno. Yo tuve que leer las instrucciones para comprender su funcionamiento.

El conocimiento es acumulativo. Por eso es necesario que se den determinadas circunstancias para que se pueda dar un nuevo paso. Sólo tras el descubrimiento de la capacidad resonante del cuarzo se pudo empezar a utilizar en relojes y microprocesadores. Sólo se pudo construir un reloj atómico cuando se descubrió la capacidad de vibración atómica del cesio.



Aprendemos por acumulación a lo largo de generaciones. Para que se cree un nuevo reloj más exacto, es necesario que alguien comprenda que un nuevo elemento se puede aplicar a la relojería. Si no aprendiéramos por acumulación, si cada nueva generación tuviera que empezar de nuevo, todavía estaríamos en la edad del hierro.

Todo en apariencia funciona bien hasta que alguien menos perezoso descubre una manera de que funcione mejor. El descubrimiento consiste en ver lo que todos han visto y pensar lo que nadie pensó

Si el conocimiento en el ser humano es acumulativo, también lo es en cada individuo por separado. Tú aprendes por acumulación. Eres la suma de tus experiencias. Cuando naciste no sabías casi nada. Ni siquiera podías sobrevivir solo. Pero has ido aprendiendo cosas. Cuando eras pequeño te atrevías a enfrentarte a todos los nuevos conocimientos que se iban presentando en tu vida. Aprendiste por ensayo y error. ¿Pero qué ha ocurrido a medida que te has ido haciendo mayor? Que cada vez te cuesta más aprender, porque estás enrocado en la comodidad. Ya no necesitas más conocimientos para sobrevivir y te quedas parado.

En cuanto la vida se vuelve costumbre, dejamos de aprender. Ahora tienes miedo. Tienes miedo de no saber enfrentarte a nuevos conocimientos. Tienes miedo a equivocarte. Los grandes avances en tecnología, ciencia, medicina, han ocurrido porque algunas personas decidieron enfrentarse a sus miedos y buscar alternativas diferentes. Las personas crecemos cuando somos capaces de salirnos de la norma.

Haz aquello que temes y dejarás de temer. La acción es incompatible con el temor.

¿Cuál es tu experiencia?


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Cuando los bucaneros hunden el barco y se quedan atrapados en la bodega 
Hace quince días, viajando por un país del Caribe, fui a comprar una tarjeta 3G para mi ordenador portátil a una prestigiosa empresa de telecomunicaciones. Me atendió una señorita muy amable. Pero me dijo que como yo era extranjero tenía que abrir un “protocolo especial”. Tomó nota de mis datos, me preguntó para qué empresa trabajaba, cuál era mi salario mensual y me dijo que me llamaría por teléfono, ya que tenían que investigarme, a ver si yo era una persona solvente. Yo le dije que lo único que yo quería era comprar una tarjeta-modem, que se la pagaría por adelantado, que la necesitaba ya. “No se preocupe, que yo le llamo mañana”, me dijo.

Pasó mañana y el día siguiente y tres días más. Volví a la tienda. Me dijo que lo lamentaba, pero que habían cambiado el sistema y el nuevo no estaba funcionando como esperaban. Le insistí, que yo necesitaba la tarjeta en ese momento, que se la pagaría con dinero en metálico. Pero me dijo que el protocolo era el protocolo y que ella no se lo podía saltar. “Si el sistema no me da esa autorización, el sistema no me permite venderle nada”, me dijo. Lógicamente, me fui a otra empresa de la competencia que lo único que quería era vender y no enredarse con “protocolos especiales”.

En el mismo país, abro una cuenta en un Banco y me dan los datos para poder hacer operaciones a través Internet. Todo contento, desde mi casa, quiero hacer una transferencia, un pago. Y cuando meto los datos del beneficiario, me dice que para activar el proceso me tiene que llamar un agente del banco. Al cabo de unas tres horas suena el teléfono y un empleado del Banco me pide todos mis datos de identificación, desde mi número de pasaporte o mi fecha de nacimiento hasta cuánto dinero tengo ingresado. Y entonces, para mi sorpresa, me dice que para acabar de activar el proceso tengo que pasar personalmente por una oficina.

No hay nada peor que una mala estrategia bien implementada. ¿Cuántas empresas pierden dinero por aplicar estrategias, supuestamente eficaces, que lo único que hacen es bloquear los procesos naturales? ¿Cuántas estrategias tienes en tu vida personal que lo único que hacen es acorralarte?

¿Te has fijado en la cantidad de procesos que repites y repites y siempre te llevan al mismo lugar no deseado? ¿Eres consciente de las tácticas y conductas que repites pero que te llevan a la frustración o a la desesperación?



Una vez tomaste una decisión. Esa decisión pudo llevarte a un resultado satisfactorio. O no. Pero cualquiera que fuera el resultado, adecuado o no, posiblemente has seguido repitiendo el mismo proceso una y otra vez. Si el resultado no fue satisfactorio, es absurdo que lo sigas repitiendo. Pero si el resultado fue satisfactorio, también es absurdo que lo sigas repitiendo. Quizás si cambiaras algo el resultado sería más satisfactorio todavía. Se suele decir que más vale malo conocido que bueno por conocer. Pero muchas veces es mejor arriesgarse cambiando algo, incluso si las cosas van bien.

A la empresa de telecomunicaciones que no quiso venderme una tarjeta por no saltarse un protocolo absurdo, le diría que sería muy conveniente que revisara sus procesos internos, eliminando situaciones como la que he descrito. Al Banco, que digan claramente: “Nuestro oficina online no sirve para nada”. A las personas que se quedan bloqueadas repitiendo procesos (buenos o malos), les diría que todavía están a tiempo de modificar sus estrategias.

Porque la excelencia consiste en salirse de procesos repetitivos, buenos o malos, buscando siempre un mejor resultado. La excelencia es ir un poco más allá del buen resultado.

¿Tienes alguna experiencia que nos puedas contar?


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El chef que sabía cocinar, pero no sabía bailar bachata 
Tienes capacidad para hacer muchas cosas. Te has preparado durante años y has adquirido mucha experiencia. Cada día que pasa tienes más conocimientos. Posiblemente estás especializado en algún aspecto determinado de tu profesión y dominas con maestría la resolución de muchos problemas.

Sin embargo, para otras cosas no tienes capacidad, no te has preparado o no tienes las cualidades necesarias para sacarlas adelante.

Salvador había estudiado derecho y había comenzado a trabajar en un bufete de abogados dedicado a asesorar a empresas. Él se encargaba de la sección fiscal, mientras otros colegas se encargaban del derecho contable, finanzas, laboral, inversiones, etc. Tras ocho años trabajando en el área fiscal, su experiencia era excelente y sus informes eran muy bien valorados por las empresas. Su vida era perfecta, feliz. Pero un día sus compañeros le pidieron que se hiciera cargo de una nueva sección, fiscalidad internacional, ya que una empresa multinacional con sede en un paraíso fiscal estaba en apuros y les había pedido ayuda.

Salvador sabía hablar perfectamente español y francés, pero no tenía conocimientos de inglés. Así que cuando tuvo que leer la legislación de otros países en inglés o cuando tuvo que comunicarse con directivos que sólo hablaban inglés, el mundo se le cayó encima. Tuvo una primera crisis de ansiedad. El médico le aconsejó que estuviera en casa sin trabajar durante quince días. Le recetó tranquilizantes. Salvador no podía dormir, estaba todo el día y toda la noche lamentándose de no haber aprendido inglés cuando era pequeño.

Mavi cuidaba de su padre con Alzheimer desde hacía cuatro años. Al principio le ayudaba una enfermera, pero pensó que era un gasto superfluo y que ella podría con todo. Abandonó el trabajo y empezó a dedicarle todo su tiempo. Mavi se desvivía durante 24 horas al día, cubriendo no sólo todas sus necesidades, sino también tratando de transmitirle todo su cariño. El marido y los hijos comprendieron la dedicación a su padre, pero sentían que ellos estaban siendo abandonados. Pero un día se sintió tan agotada, que se quedó en la cama enferma. Tuvieron que contratar a dos enfermeras.



Maira comenzó vendiendo seguros para el automóvil. Era muy buena en su trabajo y la empresa estaba muy satisfecha con ella. Unos años después, una empresa, basándose en su experiencia comercial, la contrató para la venta de chalets de superlujo. Sus operaciones eran brillantes, generando grandes beneficios. Un cliente que compró un chalet se fijó en ella y le ofreció trabajar para él. Su trabajo consistiría en realizar compraventa de joyas a nivel internacional. Para ello tendría que viajar mucho. Pero Maira tenía pánico a los aviones. Así que lo rechazó, se sumió en una terrible depresión, se encerró en casa y casi pierde su trabajo.

Moraleja: Nunca dejes que lo que no puedes hacer interfiera en lo que puedes hacer.

¿Cuál es tu experiencia?


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La rana que tropezó cuando era pequeña y nunca más se atrevió a saltar 
Sonia estudió psicología en el mismo curso que yo. Era una buena estudiante y conseguía unas notas magníficas. Lamentablemente no acabó la carrera, una asignatura y una profesora se le atravesaron y no consiguió aprobar. No obtuvo el título a falta de una asignatura.

Cuando se le acabaron las convocatorias y comprendió que ya no podía hacer nada por sacar la carrera adelante, Sonia buscó trabajo. Primero trabajó como encuestadora. Ir por las casas haciendo encuestas es muy duro, pero se superó, aprendió y la ascendieron a coordinadora de zona. Además de hacer sus propias encuestas, tenía a su cargo a otros 7 encuestadores. Los supervisaba y comprobaba que las respuestas no eran inventadas. Trabajó duro, quería cumplir perfectamente su trabajo. Estaba satisfecha con su trabajo bien hecho. Y entonces le ofrecieron ser Directora de toda una provincia, con más de 200 encuestadores a su cargo. Se trasladó de una ciudad a otra y comenzó a trabajar en su nuevo destino.

Y ahí comenzaron los problemas. El trabajo la desbordó de tal manera que no pudo hacerle frente. Tres meses más tarde la despidieron.

Encontró trabajo como camarera en un restaurante de lujo. Al principio todo fue bien, se esmeraba en cumplir fielmente con sus obligaciones. Pero cuando la nombraron Jefa de Camareras, el mundo se le volvió a hundir. La despidieron. Después trabajó como dependienta en unos grandes almacenes. Volvió a ocurrir lo mismo, fracasó en el momento en el que la ascendieron. Y así, fue pasando por docenas de trabajos, en los que empezaba muy bien y cuando parecía que iba a triunfar, fracasaba.

Ella explicaba que sabía que era capaz de hacer bien esos trabajos, pero que siempre le venía a la mente la maldita asignatura que nunca consiguió aprobar. El miedo a volver a fracasar le hacía volver a fracasar. Tenía miedo al éxito. Sonia se superaba, trabajaba muy duro hasta que llegaba al final del recorrido. Y cada vez que estaba a dos pasos de la meta, abandonaba la carrera.



A muchas personas les pasa lo mismo, se quedan tan traumatizadas ante un fracaso que después no se permiten triunfar en otra cosa. Una vez una señora de cincuenta años me dijo que su gran trauma fue que había suspendido un examen para entrar en el conservatorio de música cuando tenía diez años y que ese trauma le había bloqueado progresar en otras muchas facetas de la vida.

No permitas que el recuerdo de los fracasos pasados te aleje de los éxitos futuros. El que hayas fracasado anteriormente, no significa que vayas a fracasar ahora. Antes era antes y ahora es ahora. El fracasar en algo, no indica que vayas a fracasar en todo. Ahora tienes muchos más recursos que antes no tenías. Has crecido en todos los aspectos, has aprendido, tienes mucha más práctica, dispones de más estrategias para resolver las situaciones.

¿Nos cuentas tu experiencia?


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La salchicha que no encontraba su lugar en el mundo 
Álvaro tenía un problema. Su trabajo como vendedor de salchichas en un puesto callejero no le estaba dando los beneficios suficientes como para mantener a su familia. Sin embargo, él veía que otros puestos semejantes al suyo en otras zonas de la ciudad estaban produciendo suficiente dinero a sus propietarios.

Como estaba muy preocupado, comenzó a analizar el problema. Analizó los productos que utilizaba, el precio, la zona, pero nada, no veía una solución. Los productos eran de calidad, el precio igual que el de la competencia, la zona estaba al lado de tres colegios y algunos edificios de oficinas. Bajó el precio, pero seguía sin vender. Empezó a dar dos por el precio de una salchicha, pero nada, muy pocas personas aceptaban su oferta. Hizo otra oferta de “bebida a mitad de precio” y entonces comprobó que esa oferta sí que era un éxito, casi todos los ejecutivos y casi todos los niños de los colegios le compraban bebidas al salir de clase y durante el recreo. Pero, claro, con esa oferta no estaba ganando dinero, no había margen de beneficio. Salchichas seguía sin vender.

Tienes un problema que te quita el sueño, un problema que te dificulta seguir adelante en algún aspecto de tu vida. Y le das vueltas y vueltas tratando de encontrar una solución.

Lo primero que haces es estudiar los hechos, analizar lo que tienes entre manos. Desgranas el problema, lo divides en partes y estudias cada una de esas partes. Después piensas cómo cada una de esas partes puede ayudarte a encontrar una solución. Pero es complicado encontrar la solución.

Álvaro analizó el servicio que daba, la forma de tratar a los clientes, los platos, el pan, el Ketchup, la mostaza, las servilletas. Cambió de marcas. Pero seguía sin vender salchichas.



Hasta que un día se le ocurrió preguntar a un niño que compraba un refresco todos los días si no le gustaban las salchichas. El niño le contestó que no lo sabía porque nunca las había probado. Le dijo si quería probar una gratis. Y entonces el niño le dijo:

—Gracias, pero no puedo hacer eso, me lo prohíbe mi religión.

Y entonces se fijó que el barrio en el que había puesto su puesto de salchichas era un barrio habitado mayoritariamente por judíos.

Si no encuentras una solución es porque lo que estás analizando es precisamente parte del problema, no de la solución. Los datos que manejas, las partes en las que has dividido el problema, es el problema, no la solución.

No encontrarás una solución mientras sigas buscando dentro del problema, mientras no te salgas fuera del problema.

Álvaro cambió de estrategia. Comenzó a vender salchichas hechas con pollo, no con cerdo, y solucionó la crisis.

¿Cuál es tu experiencia a la hora de salirte del problema?


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La estrategia del pez que no quería acabar en el anzuelo 
Millones y millones de personas en todo el mundo dedican su tiempo a planificar estrategias. Si pusiéramos en fila todas las listas de buenas intenciones de la gente, el montón de papeles llegaría hasta Marte.

Estoy seguro de que tú también lo has hecho muchas veces a lo largo de tu vida. Piensas "hasta aquí hemos llegado, no puedo seguir así", agarras un papel y una pluma y haces interminables listas de las cosas que quieres conseguir y de las cosas que tienes que hacer para conseguirlas. Te han enseñado que tienes que marcarte objetivos y planificar lo que tienes que hacer para alcanzarlos. Cada objetivo junto a su tarea correspondiente. Dedicas mucho tiempo a planificar tu futuro, pero no pasas de ahí, ahí te quedas, en la planificación.

No quiero decir que no haya que planificar. Lo que digo es que dedicamos mucho tiempo a planificar y muy poco tiempo a poner en marcha los planes que tanto tiempo nos ha costado realizar.

Hay dos formas de enfocar la vida: crear estrategias para pasar a la acción, o convertir nuestras acciones en estrategias. Parece simple, pero no lo es.

Si creas estrategias para pasar a la acción tendrás la sensación de que no avanzas, de que te quedas siempre esperando que ocurra algo, generalmente algo que depende de los demás. Un buen ejemplo de este enfoque son las buenas intenciones de cada principio de año o de cada inicio de curso, que se quedan la mayor parte de las veces en meras intenciones. Planificas lo que vas a hacer y te quedas en la planificación.

Si, por el contrario, haces que tus acciones se conviertan en estrategias, tu sensación será que ocurren las cosas que tú quieres que ocurran en el momento en que tú has decidido que sucedan. Primero actúas y el resultado se convierte en la estrategia para la siguiente acción.



Los seres humanos sólo creemos en lo que estamos haciendo cuando actuamos, cuando pasamos a la acción. Muchos ensayos, muchos intentos, originan un aprendizaje, una adaptación, un compromiso contigo mismo que te impulsa hacia adelante.

Si haces que tus acciones se vuelvan estrategias te convertirás en el líder de tu propia vida. La misión de un líder consiste en ser el director de la orquesta, tomar lo que existe, traducirlo en actividad y cambiar el resultado en un compromiso duradero que desembocará en una nueva dirección estratégica, para volver a comenzar el ciclo.

¿Qué planteamiento prefieres? El primero ya lo conoces y sabes a dónde te ha llevado. ¿Te arriesgas con el segundo?


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El humano que no se encontraba el ombligo 
Si lo pensamos bien, es extraño que haya seres humanos sobre la Tierra. No sabemos cómo hemos llegado, ni de dónde hemos salido, ni qué hacemos aquí. Tenemos una estancia muy corta, muy breve. Como grupo tenemos una antigüedad de unos pocos cientos de miles de años (una nimiedad comparándolo con la edad del universo que nos acoge). Como individuos vivimos sólo unos pocos años y nos vamos tan rápidos como aparecemos.

Estamos avanzando tecnológicamente como nunca antes se había hecho, pero seguimos sin comprender casi nada de lo que ocurre a nuestro alrededor. Llevamos siglos tratando de entender a la naturaleza o el funcionamiento de nuestro cuerpo sin conseguirlo. El efecto invernadero que nos amenaza es el mayor síntoma de que no entendemos nada.

Tenemos sentimientos, nos relacionamos afectivamente, nos autodenominamos "seres racionales", pensamos y nos consideramos inteligentes, pero seguimos sin entender cómo funciona nuestro cerebro.

La mosca del vinagre ha sido objeto de muchos estudios científicos debido a su corto ciclo de vida. A la pobre mosca se le ha hecho de todo en investigaciones genéticas. También se cría para alimentar acuarios. Cuando queremos hacer una metáfora de alguien que ha tomado una decisión equivocada solemos decir que tiene un "cerebro de mosca". Pues bien, las últimas investigaciones han demostrado que la mosca del vinagre es capaz de aprender, formar conceptos abstractos y tomar decisiones. Estas capacidades cognitivas complejas las han conseguido empaquetar en mini-cerebros de un centímetro cúbico, con una maquinaria molecular de precisión y algoritmos neuronales sumamente eficientes, de tal forma que estas investigaciones van a servir para desarrollar robots mucho más pequeños. Las moscas no son tan tontas como pensábamos, tienen una inteligencia básica. Conocemos muy poquito sobre el funcionamiento de esa inteligencia básica, pero no conocemos casi nada de nuestro propio cerebro.



Nuestro ciclo de vida es un poco más amplio que el de la mosca. La mosca del vinagre tiene una importante misión: ayudar a la descomposición de la levadura que se encuentra en frutas licuadas y fermentadas. El hombre utiliza pesticidas para evitar que la mosca cumpla su misión y así retrasar la descomposición de algunos vegetales, pero creo que esa no debe ser la misión del hombre sobre la Tierra.

¿Cuál es la misión del ser humano sobre la Tierra? ¿Para qué el ser humano tiene un cerebro más desarrollado que el de la mosca del vinagre?

¿Cuál es tu misión sobre la Tierra? ¿Para qué tienes un cerebro más desarrollado que el de la mosca del vinagre?

Me interesa mucho tu opinión.


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Cuando Supermán se rompió el fémur por calcular mal la distancia a la Luna 
Marisa no ha trabajado nunca. Fue a la escuela hasta los 14 años, apenas sabe leer y escribir, y ahora, con 21 años, tiene que atender a sus dos hijos y a seis hermanos menores. Ella dice que está enferma y que no puede trabajar. No va al médico, no vaya a ser que le diga que tiene algo grave. Pero Marisa lo que sí sabe hacer es soñar.

Cuando a Marisa se le ofreció la posibilidad de un mini crédito sin intereses para iniciar un negocio, Marisa dijo que iba a comprar y vender ropa de segunda mano. Sin embargo, cuando terminó el plazo y se le pidió que devolviera el dinero, a Marisa no le quedaba nada para devolver. Marisa es pobre, pero sabe soñar a lo grande. En vez de vender ropa usada y empezar poco a poco, lo que hizo fue prestar el dinero a otros más pobres, pidiendo un 20% de interés. Evidentemente nadie le devolvió el dinero. Marisa soñó a lo grande, se veía como un gran prestamista, con una enorme casa con piscina. Es fácil soñar.

El mundo es como es, no como a ti te gustaría que fuera. El mundo funciona con sus leyes. Los objetos caen al suelo por la Ley de la Gravedad y si no respiras, te ahogas. Superman vuela y no necesita respirar, pero sólo es una película. La vida real es como es. Nuestra vida no es una película. Un Supermán real se partiría el fémur si saltara entre dos edificios.



Pero todos imaginamos que triunfamos, nos vemos rodeados del éxito, en el amor, en el trabajo, en los negocios. Es fácil soñar.

Para poder modificar algo primero hay que reconocer que existe. Para poder modificar la realidad, primero tenemos que centrarnos en la realidad. Si negamos la realidad nunca vamos a poder cambiarla. Puedes soñar, pero si no trabajas en contacto con la realidad, la realidad te superará y te absorberá.

No estar bien psicológicamente significa no saber distinguir entre nuestros sueños y la realidad. Tienes que soñar, pero es necesario que sepas que eso no es la realidad, es sólo un sueño, un deseo, una fantasía, una ilusión. Por un lado está la imaginación, y por otro lado está la realidad. Son dos cosas diferentes. Saber diferenciarlas es la frontera entre poder realizar los sueños o quedarnos estancados en la fantasía.

No aceptes las cosas como están, lucha por cambiarlas. Pero tienes que tener claro que sólo puedes cambiar las cosas si estás en contacto directo con la realidad. Las fantasías no necesitan de tu ayuda para cambiar, se cambian solas.

Cuéntanos tu experiencia.


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Las pequeñas decisiones del jugador de póker 
Aurora nunca había estado en un trance semejante. Dejar su trabajo seguro, pero poco atractivo para ella, o embarcarse en un proyecto seductor, sin ninguna seguridad de futuro. Aurora ha decidido lo segundo, asumir el riesgo de quedarse sin nada y probar fortuna en algo nuevo.

Pablo se ha topado sin querer con el paro. Tenía un futuro muy prometedor como analista de sistemas, pero la crisis mundial le ha afectado directamente. Ahora Pablo está dudando si volver a buscar un trabajo adecuado a su experiencia y conocimientos, o marcharse al extranjero a recorrer mundo, su ilusión frustrada de toda la vida. Pablo ha decidido seguir buscando trabajo.

Santi se ha tenido que enfrentar a la decisión más importante de su vida. Ha tenido que decidir si seguir la vida que ha llevado hasta ahora o aceptar un cambio sustancial que marcará el resto de su existencia. La decisión era difícil. O seguir viviendo en la pobreza, sin posibilidades de salir del mundo marginal y sin recursos en el que ha vivido toda su vida, o subirse a un tren que le proporcionará seguridad, acceso a la educación y un futuro prometedor. Santi ha tomado su decisión: quedarse donde está. Pero es que Santi tiene sólo once años.

Edurne tiene claro que no va a seguir soportando a su pareja. Llevan tres años juntos, pero cada día que pasa hay más tensión y menos amor. Separarse significa quedarse sin amistades, todas sus amistades son las de su marido, sin recursos, no trabaja, y tener que volver a vivir con sus padres, ya que la casa también es de él. Duda y duda y no sabe qué hacer.



Estos son ejemplos de grandes decisiones que tenemos que tomar a lo largo de nuestra vida. Pero nuestra existencia está también llena de pequeñas decisiones que igualmente marcan nuestra vida: beber más de la cuenta, tomar una calle en lugar de otra, llamar por teléfono a una persona y no a otra, comer determinados alimentos, decirle algo o no a un hijo, dedicar un tiempo a leer, quedar con los amigos…

¿Qué consecuencias tienen a medio y largo plazo las decisiones que has tomado hoy? Seguramente son pequeñas decisiones, sin demasiada importancia, a las que no les prestas atención. Sin embargo, la suma de pequeñas decisiones son las que marcarán nuestro destino. Es como jugar al tetris, en el que tienes que encajar pequeños ladrillos. Depende de dónde y cómo sitúes los ladrillos tendrá consecuencias en el resto del juego. Ganarás si sabes encajar cada uno de los ladrillos de forma correcta, en función de los que has colocado antes y de los que llegarán después. Perderás si colocas los ladrillos sin pensar en los que vendrán más tarde.

Quizás hoy has decidido dejar de tomar tantos cafés. O quizás has decidido ir al trabajo andando o en transporte público. Puede ser que hoy hayas decidido estar diez minutos más con tus hijos cada noche antes de acostarlos. Son pequeñas decisiones, sin demasiada importancia, pero que seguramente marcarán tu vida y la vida de los demás.

Cuéntanos tu experiencia.


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