Como estaba muy preocupado, comenzó a analizar el problema. Analizó los productos que utilizaba, el precio, la zona, pero nada, no veía una solución. Los productos eran de calidad, el precio igual que el de la competencia, la zona estaba al lado de tres colegios y algunos edificios de oficinas. Bajó el precio, pero seguía sin vender. Empezó a dar dos por el precio de una salchicha, pero nada, muy pocas personas aceptaban su oferta. Hizo otra oferta de “bebida a mitad de precio” y entonces comprobó que esa oferta sí que era un éxito, casi todos los ejecutivos y casi todos los niños de los colegios le compraban bebidas al salir de clase y durante el recreo. Pero, claro, con esa oferta no estaba ganando dinero, no había margen de beneficio. Salchichas seguía sin vender.Tienes un problema que te quita el sueño, un problema que te dificulta seguir adelante en algún aspecto de tu vida. Y le das vueltas y vueltas tratando de encontrar una solución.
Lo primero que haces es estudiar los hechos, analizar lo que tienes entre manos. Desgranas el problema, lo divides en partes y estudias cada una de esas partes. Después piensas cómo cada una de esas partes puede ayudarte a encontrar una solución. Pero es complicado encontrar la solución.
Álvaro analizó el servicio que daba, la forma de tratar a los clientes, los platos, el pan, el Ketchup, la mostaza, las servilletas. Cambió de marcas. Pero seguía sin vender salchichas.

Hasta que un día se le ocurrió preguntar a un niño que compraba un refresco todos los días si no le gustaban las salchichas. El niño le contestó que no lo sabía porque nunca las había probado. Le dijo si quería probar una gratis. Y entonces el niño le dijo:
—Gracias, pero no puedo hacer eso, me lo prohíbe mi religión.
Y entonces se fijó que el barrio en el que había puesto su puesto de salchichas era un barrio habitado mayoritariamente por judíos.
Si no encuentras una solución es porque lo que estás analizando es precisamente parte del problema, no de la solución. Los datos que manejas, las partes en las que has dividido el problema, es el problema, no la solución.
No encontrarás una solución mientras sigas buscando dentro del problema, mientras no te salgas fuera del problema.
Álvaro cambió de estrategia. Comenzó a vender salchichas hechas con pollo, no con cerdo, y solucionó la crisis.
¿Cuál es tu experiencia a la hora de salirte del problema?
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Millones y millones de personas en todo el mundo dedican su tiempo a planificar estrategias. Si pusiéramos en fila todas las listas de buenas intenciones de la gente, el montón de papeles llegaría hasta Marte.
Estoy seguro de que tú también lo has hecho muchas veces a lo largo de tu vida. Piensas "hasta aquí hemos llegado, no puedo seguir así", agarras un papel y una pluma y haces interminables listas de las cosas que quieres conseguir y de las cosas que tienes que hacer para conseguirlas. Te han enseñado que tienes que marcarte objetivos y planificar lo que tienes que hacer para alcanzarlos. Cada objetivo junto a su tarea correspondiente. Dedicas mucho tiempo a planificar tu futuro, pero no pasas de ahí, ahí te quedas, en la planificación. No quiero decir que no haya que planificar. Lo que digo es que dedicamos mucho tiempo a planificar y muy poco tiempo a poner en marcha los planes que tanto tiempo nos ha costado realizar.
Hay dos formas de enfocar la vida: crear estrategias para pasar a la acción, o convertir nuestras acciones en estrategias. Parece simple, pero no lo es.
Si creas estrategias para pasar a la acción tendrás la sensación de que no avanzas, de que te quedas siempre esperando que ocurra algo, generalmente algo que depende de los demás. Un buen ejemplo de este enfoque son las buenas intenciones de cada principio de año o de cada inicio de curso, que se quedan la mayor parte de las veces en meras intenciones. Planificas lo que vas a hacer y te quedas en la planificación.
Si, por el contrario, haces que tus acciones se conviertan en estrategias, tu sensación será que ocurren las cosas que tú quieres que ocurran en el momento en que tú has decidido que sucedan. Primero actúas y el resultado se convierte en la estrategia para la siguiente acción.

Los seres humanos sólo creemos en lo que estamos haciendo cuando actuamos, cuando pasamos a la acción. Muchos ensayos, muchos intentos, originan un aprendizaje, una adaptación, un compromiso contigo mismo que te impulsa hacia adelante.
Si haces que tus acciones se vuelvan estrategias te convertirás en el líder de tu propia vida. La misión de un líder consiste en ser el director de la orquesta, tomar lo que existe, traducirlo en actividad y cambiar el resultado en un compromiso duradero que desembocará en una nueva dirección estratégica, para volver a comenzar el ciclo.
¿Qué planteamiento prefieres? El primero ya lo conoces y sabes a dónde te ha llevado. ¿Te arriesgas con el segundo?
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Si lo pensamos bien, es extraño que haya seres humanos sobre la Tierra. No sabemos cómo hemos llegado, ni de dónde hemos salido, ni qué hacemos aquí. Tenemos una estancia muy corta, muy breve. Como grupo tenemos una antigüedad de unos pocos cientos de miles de años (una nimiedad comparándolo con la edad del universo que nos acoge). Como individuos vivimos sólo unos pocos años y nos vamos tan rápidos como aparecemos.
Estamos avanzando tecnológicamente como nunca antes se había hecho, pero seguimos sin comprender casi nada de lo que ocurre a nuestro alrededor. Llevamos siglos tratando de entender a la naturaleza o el funcionamiento de nuestro cuerpo sin conseguirlo. El efecto invernadero que nos amenaza es el mayor síntoma de que no entendemos nada. Tenemos sentimientos, nos relacionamos afectivamente, nos autodenominamos "seres racionales", pensamos y nos consideramos inteligentes, pero seguimos sin entender cómo funciona nuestro cerebro.
La mosca del vinagre ha sido objeto de muchos estudios científicos debido a su corto ciclo de vida. A la pobre mosca se le ha hecho de todo en investigaciones genéticas. También se cría para alimentar acuarios. Cuando queremos hacer una metáfora de alguien que ha tomado una decisión equivocada solemos decir que tiene un "cerebro de mosca". Pues bien, las últimas investigaciones han demostrado que la mosca del vinagre es capaz de aprender, formar conceptos abstractos y tomar decisiones. Estas capacidades cognitivas complejas las han conseguido empaquetar en mini-cerebros de un centímetro cúbico, con una maquinaria molecular de precisión y algoritmos neuronales sumamente eficientes, de tal forma que estas investigaciones van a servir para desarrollar robots mucho más pequeños. Las moscas no son tan tontas como pensábamos, tienen una inteligencia básica. Conocemos muy poquito sobre el funcionamiento de esa inteligencia básica, pero no conocemos casi nada de nuestro propio cerebro.

Nuestro ciclo de vida es un poco más amplio que el de la mosca. La mosca del vinagre tiene una importante misión: ayudar a la descomposición de la levadura que se encuentra en frutas licuadas y fermentadas. El hombre utiliza pesticidas para evitar que la mosca cumpla su misión y así retrasar la descomposición de algunos vegetales, pero creo que esa no debe ser la misión del hombre sobre la Tierra.
¿Cuál es la misión del ser humano sobre la Tierra? ¿Para qué el ser humano tiene un cerebro más desarrollado que el de la mosca del vinagre?
¿Cuál es tu misión sobre la Tierra? ¿Para qué tienes un cerebro más desarrollado que el de la mosca del vinagre?
Me interesa mucho tu opinión.
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Marisa no ha trabajado nunca. Fue a la escuela hasta los 14 años, apenas sabe leer y escribir, y ahora, con 21 años, tiene que atender a sus dos hijos y a seis hermanos menores. Ella dice que está enferma y que no puede trabajar. No va al médico, no vaya a ser que le diga que tiene algo grave. Pero Marisa lo que sí sabe hacer es soñar.
Cuando a Marisa se le ofreció la posibilidad de un mini crédito sin intereses para iniciar un negocio, Marisa dijo que iba a comprar y vender ropa de segunda mano. Sin embargo, cuando terminó el plazo y se le pidió que devolviera el dinero, a Marisa no le quedaba nada para devolver. Marisa es pobre, pero sabe soñar a lo grande. En vez de vender ropa usada y empezar poco a poco, lo que hizo fue prestar el dinero a otros más pobres, pidiendo un 20% de interés. Evidentemente nadie le devolvió el dinero. Marisa soñó a lo grande, se veía como un gran prestamista, con una enorme casa con piscina. Es fácil soñar.El mundo es como es, no como a ti te gustaría que fuera. El mundo funciona con sus leyes. Los objetos caen al suelo por la Ley de la Gravedad y si no respiras, te ahogas. Superman vuela y no necesita respirar, pero sólo es una película. La vida real es como es. Nuestra vida no es una película. Un Supermán real se partiría el fémur si saltara entre dos edificios.

Pero todos imaginamos que triunfamos, nos vemos rodeados del éxito, en el amor, en el trabajo, en los negocios. Es fácil soñar.
Para poder modificar algo primero hay que reconocer que existe. Para poder modificar la realidad, primero tenemos que centrarnos en la realidad. Si negamos la realidad nunca vamos a poder cambiarla. Puedes soñar, pero si no trabajas en contacto con la realidad, la realidad te superará y te absorberá.
No estar bien psicológicamente significa no saber distinguir entre nuestros sueños y la realidad. Tienes que soñar, pero es necesario que sepas que eso no es la realidad, es sólo un sueño, un deseo, una fantasía, una ilusión. Por un lado está la imaginación, y por otro lado está la realidad. Son dos cosas diferentes. Saber diferenciarlas es la frontera entre poder realizar los sueños o quedarnos estancados en la fantasía.
No aceptes las cosas como están, lucha por cambiarlas. Pero tienes que tener claro que sólo puedes cambiar las cosas si estás en contacto directo con la realidad. Las fantasías no necesitan de tu ayuda para cambiar, se cambian solas.
Cuéntanos tu experiencia.
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Aurora nunca había estado en un trance semejante. Dejar su trabajo seguro, pero poco atractivo para ella, o embarcarse en un proyecto seductor, sin ninguna seguridad de futuro. Aurora ha decidido lo segundo, asumir el riesgo de quedarse sin nada y probar fortuna en algo nuevo.
Pablo se ha topado sin querer con el paro. Tenía un futuro muy prometedor como analista de sistemas, pero la crisis mundial le ha afectado directamente. Ahora Pablo está dudando si volver a buscar un trabajo adecuado a su experiencia y conocimientos, o marcharse al extranjero a recorrer mundo, su ilusión frustrada de toda la vida. Pablo ha decidido seguir buscando trabajo. Santi se ha tenido que enfrentar a la decisión más importante de su vida. Ha tenido que decidir si seguir la vida que ha llevado hasta ahora o aceptar un cambio sustancial que marcará el resto de su existencia. La decisión era difícil. O seguir viviendo en la pobreza, sin posibilidades de salir del mundo marginal y sin recursos en el que ha vivido toda su vida, o subirse a un tren que le proporcionará seguridad, acceso a la educación y un futuro prometedor. Santi ha tomado su decisión: quedarse donde está. Pero es que Santi tiene sólo once años.
Edurne tiene claro que no va a seguir soportando a su pareja. Llevan tres años juntos, pero cada día que pasa hay más tensión y menos amor. Separarse significa quedarse sin amistades, todas sus amistades son las de su marido, sin recursos, no trabaja, y tener que volver a vivir con sus padres, ya que la casa también es de él. Duda y duda y no sabe qué hacer.

Estos son ejemplos de grandes decisiones que tenemos que tomar a lo largo de nuestra vida. Pero nuestra existencia está también llena de pequeñas decisiones que igualmente marcan nuestra vida: beber más de la cuenta, tomar una calle en lugar de otra, llamar por teléfono a una persona y no a otra, comer determinados alimentos, decirle algo o no a un hijo, dedicar un tiempo a leer, quedar con los amigos…
¿Qué consecuencias tienen a medio y largo plazo las decisiones que has tomado hoy? Seguramente son pequeñas decisiones, sin demasiada importancia, a las que no les prestas atención. Sin embargo, la suma de pequeñas decisiones son las que marcarán nuestro destino. Es como jugar al tetris, en el que tienes que encajar pequeños ladrillos. Depende de dónde y cómo sitúes los ladrillos tendrá consecuencias en el resto del juego. Ganarás si sabes encajar cada uno de los ladrillos de forma correcta, en función de los que has colocado antes y de los que llegarán después. Perderás si colocas los ladrillos sin pensar en los que vendrán más tarde.
Quizás hoy has decidido dejar de tomar tantos cafés. O quizás has decidido ir al trabajo andando o en transporte público. Puede ser que hoy hayas decidido estar diez minutos más con tus hijos cada noche antes de acostarlos. Son pequeñas decisiones, sin demasiada importancia, pero que seguramente marcarán tu vida y la vida de los demás.
Cuéntanos tu experiencia.
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Cuando estudias en la escuela o en la Universidad, los profesores evalúan tu esfuerzo a través de los exámenes y las calificaciones. Cuando trabajas en una empresa, tus jefes valoran tu trabajo y lo recompensan con promociones, dinero, etc. ¿Cómo haces tú para evaluar tu vida?
¿Sabes leer los resultados de tus esfuerzos? ¿Cómo reconoces el resultado de tus esfuerzos? ¿Cómo sabes que vas por el buen camino? ¿Cómo distingues que no te estás desviando?Josefina estaba muy confusa. Acababa de cumplir 45 años, estaba casada, tenía dos hijos que se acababan de emancipar y un trabajo a media jornada que le ayudaba a llegar a final de mes. Pero Josefina estaba muy confusa desde que la hija pequeña se había ido a vivir con su pareja y se había quedado sola con su marido. La pregunta que se hacía y le martirizaba era: “Si hace poco yo tenía 20 años, dentro de poco tendré 70. Mis hijos ayer eran unos niños y hoy son adultos ¿Qué he hecho de mi vida? El tiempo pasa volando.”
Martín estudió una carrera de grado medio y comenzó a trabajar en una gran empresa automovilística. Comenzó a vivir con su pareja y tuvieron dos hijos. En la empresa comenzaron a promocionarlo debido a su gran capacidad de liderar equipos hasta llegar a dirigir toda una sección. Actualmente, con 52 años, Martín ha visto que dos de sus mejores amigos han muerto recientemente, y se pregunta qué va a hacer el resto de su vida.
—Si me quedan 20 ó 30 años de vida —me dijo— quiero saber dónde me he equivocado y vivir esos años que me quedan con la mayor felicidad. ¿He conseguido todo lo que quería? ¿Qué más me falta para completar mi vida?

La crisis de los 40 años nos hace recapacitar sobre lo que hemos hecho hasta ahora. Josefina se está dando cuenta que la vida pasa muy rápido. La crisis de los 50 años nos obliga a platearnos qué haremos a partir de este momento durante los años que nos quedan de vida. Martín estaba en esa encrucijada, ¿qué hacer el resto de su vida? Aunque se llaman crisis de los cuarenta o de los cincuenta, estas crisis se pueden dar con cualquier edad, a los 20 o a los 80 años. Una vez conocí a un niño de 10 años que tenía una de estas crisis. Se preguntaba “si yo hace poco era un bebé, dentro de nada me tendré que ir a vivir fuera de la casa de mis padres.”
Estas crisis obligan al cambio. Durante estas crisis se producen separaciones, cambios de trabajo y cambios globales de vida.
Pero para saber qué vas a hacer el resto de tu vida, primero tienes que saber leer el resultado de tus esfuerzos. ¿Cómo lo vas a hacer? ¿Qué medida vas a utilizar?
¿Has pasado por alguna de estas crisis? ¿Cómo la resolviste? ¿Qué cambiaste? Es importante que nos cuentes tu experiencia.
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Vivimos llenos de promesas de futuro. Nos dejamos arrastrar por esperanzas que jamás se cumplen. Nuestra vida es un cúmulo de ilusiones, expectativas, sueños y utopías, que casi nunca se plasman en la realidad. Y no lo hacen porque esperamos que ocurran por azar o por la ayuda de algún extraterrestre bondadoso.
Sólo se cumplen los sueños que se trabajan. Los sueños son gratuitos, pero convertirlos en realidad es algo muy caro, en tiempo, esfuerzo, dedicación, sacrificio… Nada es gratis.Andrés vino a mi consulta tras una grave crisis de ansiedad. Estaba casado con una mujer a la que, tras 35 años de matrimonio, todavía quería como el primer día. Tenía tres hijos, dos de ellos emancipados y el tercero a punto de hacerlo, dos nietos a los que adoraba, un trabajo que le gustaba. Andrés tenía un buen sueldo y vivía de forma muy desahogada. Pero Andrés no era feliz. Andrés desde muy pequeño quería ser empresario, como su abuelo, pero ahora, a punto de jubilarse, se daba cuenta de que era un sueño imposible de realizar. Poco a poco, comenzó a darle vueltas a que, como no había conseguido crear una empresa y siempre había trabajado como asalariado, su vida era un fracaso y todo le había salido mal. Comenzó un proceso de ansiedad que acabó en un terrible ataque de ansiedad. A media noche se despertó con la sensación de que iba a morir, con dolor en el pecho y una angustia insoportable.
Andrés, como otros muchos, pensaba que la felicidad estaba en el futuro. Sin embargo, la felicidad está en lo que ya has conseguido, no en lo que podrías conseguir.

Lo vuelvo a repetir: La felicidad está en lo que ya has conseguido, no en lo que podrías conseguir. La felicidad consiste en disfrutar de lo que ya tienes, no de lo que podrías tener. ¿Tienes pareja? ¿Por qué no disfrutas de esa relación? ¿No tienes pareja? ¿Por qué no disfrutas de estar solo? ¿Tienes hijos? ¿Han crecido de repente y no te has enterado? ¿Comes todos los días? ¿Hay gente que te quiere y te respeta? ¿Hoy has visto amanecer? Entonces, ¿dónde crees que se puede encontrar la felicidad? ¿Encontrarás la felicidad dentro de cinco años, cuando hayas podido comprar un automóvil mayor?
Buscamos la felicidad en lo que no tenemos y no valoramos lo que tenemos. Hay personas que nos quieren y personas a las que queremos. La rutina nos hace olvidarnos de ellas. Tenemos una preciosa casa, pero no somos felices pensando en que queremos una mejor.
No quiero decir que te conformes con lo que ya tienes. Claro que tienes que seguir luchando por conseguir cosas mejores. Pero no dejes de disfrutar con lo que ya tienes.
Cuéntame tu experiencia.
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“No puedo hacer eso, no estoy segura de que funcione”, me dijo Maite cuando apoyé la posibilidad de que volviera a estudiar. Con 35 años actualmente, Maite tuvo que dejar de estudiar Derecho por problemas económicos a los 20 y comenzar a trabajar como secretaria. Pero ella no es feliz, sabe que su vocación es el Derecho.
— Ya soy muy mayor para estudiar, no tengo mucho tiempo y, además, no estoy segura de que cuando acabe pueda encontrar trabajo como abogada.La vocación de Miguel Antonio es tocar la guitarra, lo hace desde que tiene uso de razón. Cada día ensaya durante cuatro horas y lleva más de quince años acudiendo a un profesor dos veces a la semana. Miguel Antonio trabaja en un Banco y dedica todo su tiempo libre a la música. Cuando su profesor le ofreció la posibilidad de trabajar con él como ayudante, con el mismo sueldo que en el Banco, Miguel Antonio se quedó bloqueado. Trabajar como profesor de guitarra y dejar el Banco sería su máxima aspiración en la vida, pero tenía miedo. “Trabajar en el Banco me asegura la jubilación, trabajar como profesor de guitarra pone en peligro mi jubilación”. Miguel Antonio sólo tiene 25 años.
Nos educan para buscar objetivos, para buscar resultados. Nos dicen que lo importante es el final del camino, la meta. El premio llegará cuando alcancemos el final del recorrido. Sin embargo, cuando centramos nuestros esfuerzos en la meta, lo más probable es que nos salgamos de la carretera. Tienes que asegurarte de que trazas bien las curvas. Las curvas son parte del proceso.
Responsabilízate del proceso, no del resultado. Lo que importa es que te centres en el proceso. Puedes controlar el proceso. Puedes responsabilizarte del proceso. Pero no puedes responsabilizarte ni controlar el resultado.

Si Maite se centra en el resultado tiene todas las de perder, porque no sabe qué va a pasar. Si Maite se centra en el proceso, estudiar todos los días, el resultado está asegurado, porque puede controlar lo que hace todos los días, pero no puede controlar si conseguirá trabajar como abogada cuando acabe. Cuando acabe de estudiar podrá poner en marcha un proceso para poder trabajar en lo que le gusta.
Podemos responsabilizarnos del proceso, pero nunca del resultado. El resultado dependerá de lo que hagamos con el proceso. En una carrera automovilística, lo que marca la diferencia no es llegar a la meta, sino saber tomar correctamente cada curva del circuito.
Miguel Antonio está pensando en el futuro, pero se está perdiendo el presente que le haría feliz. Puede controlar lo que ocurre en este momento, pero en ningún caso puede controlar lo que ocurrirá cuando tenga 65 años. Miguel Antonio puede controlar cada segundo de su vida, pero no puede controlar el resultado final.
¿Cuál es tu experiencia?
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Es muy frecuente escuchar comentarios de este tipo:
- Yo habría sido un magnífico abogado si hubiera tenido la oportunidad de estudiar…
- Yo habría sido un estupendo actor de cine si hubiera vivido en Hollywood…
- Yo habría sido un extraordinario futbolista, si no hubiera tenido que casarme tan pronto…
- Yo habría sido un fenómeno de las finanzas si mi familia hubiera tenido dinero…
…pero como tuve que trabajar desde muy joven, no he vivido en Hollywood, me tuve que casar rápido y mi familia no tenía dinero, soy un absoluto desgraciado.Realmente, ¿cuál es tu don, tu talento? ¿Qué te hace sobresalir? ¿Qué es valioso en ti? ¿Para qué sirves? ¿Qué puedes aportar?
Todos somos grandes promesas cuando tenemos cinco años. Nuestros padres, nuestros profesores, nos analizan a fondo, tratando de ver una chispa, algo que nos haga destacar en algún aspecto.
— Mi niño de cinco años es un as jugando al fútbol. Cuando sea mayor jugará en el Real Madrid.
— Mi hija de cinco años cuenta unos chistes graciosísimos. Cuando sea mayor tendrá su propio programa de televisión.
— Mi niña de cinco años es extraordinaria inventando cuentos. Cuando sea mayor se hará famosa como escritora.
— Mi hijo de cinco años es increíble con las matemáticas. Cuando sea mayor resolverá los enigmas del universo.
Pero crecemos, nos hacemos mayores, y todas aquellas promesas se quedan en humo. El niño dejó de jugar al fútbol a los catorce años, la niña dejó de contar chistes a los trece, la otra niña abandonó sus aficiones literarias a los doce y el de las matemáticas prefirió dejar de estudiar a los dieciséis. Ninguno de ellos tenía vocación.

Podemos mejorar con entrenamiento, pero nunca podremos superar el no tener vocación por algo. ¿Cuál es tu vocación? ¿Qué actividad te hará completamente feliz?
Además de promesas, ¿qué tienes para dar a los demás?
A Celina siempre le gustó cocinar. Sin embargo, su padre se empeñó en que tenía que estudiar algo en la Universidad. Cuando a los 45 años se dio cuenta de que era una reconocida profesional, pero que no era feliz, Celina decidió dedicarse a lo que siempre le había gustado, la cocina. Con un socio capitalista creó un restaurante y ahora se siente, luchando con los fogones, la persona más creativa y feliz del mundo.
Con 37 años, Óscar comprendió que si seguía desarrollando el trabajo que el azar le había dispuesto cuando tenía 20 años, acabaría siendo un infeliz. Cuando era niño destacaba por su instinto con los animales, así que decidió que sería feliz si encontraba un trabajo relacionado con la fauna. Con 37 años comenzó a estudiar Zoología. Dentro de unos años tendrá la posibilidad de trabajar en lo que le gusta.
Marisa siempre tuvo en su cabeza dedicarse a cosas relacionadas con los números. Cuando era una niña siempre fue brillante en esa materia. Las matemáticas ocupaban la mayor parte de su tiempo de ocio. Pero trabajaba en algo muy diferente que le agobiaba. Hasta que un día decidió crear una página en Internet dedicada a resolver problemas matemáticos.
Cuéntame tu experiencia.
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José Moreno entrevista a Ricardo Ros sobre el Trastorno Obsesivo Compulsivo.[ 1 comentario ] | Enlace permanente



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En la anterior reflexión te hablaba de mi condiscípulo Luis, que lleva treinta años acumulando datos sobre los etruscos con la intención de escribir un libro. Luis es tan perfeccionista que no ha escrito todavía ni una sola línea.
La historia de Luis me ha hecho pensar mucho. ¿Cómo sabrá Luis que está preparado para empezar a escribir sus libros? Porque no sólo hay que estar preparado para el momento oportuno, sino que es imprescindible saber que estás preparado.
A lo largo de la vida se nos presentan miles de oportunidades. Están ahí para todo el mundo, pero sólo las ven quienes están preparados. ¿Cómo podemos saber que estamos preparados?
Imagina que vas en un barco y que el barco naufraga. Imagina que el Capitán se queda sentado esperando que tú, un simple pasajero, des las órdenes de salvamento a la tripulación y a los demás viajeros.Imagina la situación contraria. El Capitán asume la responsabilidad y da las órdenes oportunas para que el pasaje se salve. El Capitán, asumiendo su responsabilidad, ordena lo que hay que hacer.
Estás preparado cuando estás dispuesto a asumir nuevas responsabilidades.
La responsabilidad de aceptar que estás preparado
La responsabilidad de aceptar que te equivocas
La responsabilidad de aceptar que no eres perfecto
La responsabilidad de aceptar el fracaso
La responsabilidad de aceptar la crítica de los demás
La responsabilidad de aceptar que asumes el proceso, pero no el resultado
La responsabilidad de aceptar que no es más que un primer paso.
La responsabilidad de aceptar el éxito
La responsabilidad de aceptar que siempre puedes volver a cambiar
La responsabilidad de aceptar que eres capaz de superar el miedo

Sólo estamos preparados si somos capaces de asumir nuevas responsabilidades. Y sólo podemos asumir nuevas responsabilidades cuando estamos preparados.
Adolfo supo que estaba preparado para dejar su trabajo en la fábrica y crear un nuevo negocio propio cuando se dio cuenta de que lo más que le podía pasar es que el negocio no funcionase y que no tenía ningún inconveniente en volver a buscar trabajo en alguna fábrica.
Nancy supo que estaba preparada para escribir un libro cuando aceptó que ese libro podría no venderse.
Matías supo que estaba preparado para dedicarse a lo que siempre le había gustado, pintar cuadros, cuando admitió que le daba lo mismo lo que pudieran decir los críticos sobre sus obras.
Jorge supo que estaba preparado para dejarlo todo e irse a vivir al campo cuando no tuvo inconveniente en admitir que si se equivocaba, todas las ciudades del mundo, las grandes y las pequeñas, le estaban esperando.
Seguro que tienes tu propia opinión, ¿puedes decírmela?
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Juan Ramón Lucas entrevista en el programa "En días como hoy" a Ricardo Ros sobre su método Stop a la ansiedad. Intervienen también Carlos Santos y Sandra Redondo.12 minutos.
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Lo conocí en la Universidad hace más de 30 años. Yo estudiaba psicología y él Historia. Durante un par de cursos vivimos en el mismo piso de estudiantes. Luis era una persona muy inteligente, con mucha capacidad de estudio. Conseguía unas notas magníficas, casi todo sobresalientes. Estudiaba muchas horas. Yo era un estudiante mediocre, que aprobaba los cursos por la ley del mínimo esfuerzo. Luis se quedaba estudiando, mientras los demás nos íbamos de juerga.
Luis tenía dos grandes intereses: una chica rubita, a la que perdió porque no tenía tiempo para ella, y, su gran afición, los etruscos. Cuando no estaba estudiando, estaba en la biblioteca leyendo y sacando notas de todo lo que tuviera que ver con los etruscos. Mientras los demás teníamos las paredes llenas de fotos de chicas, Luis la tenía llena de fichas con datos sobre los etruscos.Acabamos la Universidad y nos perdimos la pista. Recientemente, a través de una amiga común, he vuelto a encontrármelo. Estuvimos cenando. Trabaja como profesor de Historia en un Instituto de Secundaria y su pasión sigue centrada en los etruscos. Me dice que no es feliz, porque sus alumnos no tienen interés en la historia y porque no ha realizado el sueño de su vida: escribir una serie de libros sobre los etruscos. Me cuenta que tiene un piso de 160 metros cuadrados, con todas las paredes llenas de estanterías, en las que acumula miles de libros y cientos de miles de fichas sobre los etruscos. Me dice que ha querido empezar el libro cientos de veces, pero que todavía no ha dado el paso, porque siempre le falta confirmar algún dato. Me dice que sin falta este año escribirá el primer libro de una colección de doce volúmenes: orígenes, antecedentes, el arte, la cultura, costumbres y leyes, las ciudades, las guerras, la arquitectura, la influencia en otros pueblos, la visión etrusca a través de los siglos, si los etruscos vivieran hoy en día, bibliografía extensa. Doce volúmenes de unas 700 páginas cada uno. Me dice que tiene también pensados los capítulos de cada volumen y, a ver qué opino, si el volumen sobre las leyes tiene que ir antes o después del volumen sobre el arte.

Luis tiene un grave problema. Lleva treinta años acumulando información, almacenando datos, pero sin decidir nada… todavía. Luis tampoco empezará el primer volumen este año, porque se acaban de publicar tres nuevos libros sobre los etruscos, dos en Francia y otro en Italia, y necesita estudiarlos en profundidad antes de ponerse en acción. De estos tres nuevos libros sacará miles de fichas que ocuparán un metro cuadrado más en el pasillo de su casa.
En realidad, lo que le ocurre a Luis es que tiene miedo, tiene miedo a equivocarse. Puedes acumular datos toda tu vida, pero al final, si quieres hacer algo, tendrás que arriesgarte. Nunca tendrás la certeza absoluta de que es un trabajo completo y perfecto. Y cuanto más tardes en decidir, el riesgo es mayor. Si Luis hubiera escrito un pequeño libro lleno de errores hace treinta años, en estos momentos tendría escritos, no doce volúmenes, sino doscientos, y sería valorado como uno de los mayores expertos mundiales sobre el mundo etrusco. Pero es un desconocido, al que nadie conoce porque nunca ha dado el paso.
¿Cuántos datos más necesitas acumular para tomar una decisión? ¿Cuánto riesgo estás dispuesto a asumir? ¿Cuánto margen estás dispuesto a dar a la equivocación?
Me interesa tu opinión.
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Merche Carneiro, de Onda Cero Valencia, entrevista a Ricardo Ros sobre la ansiedad y sobre su método Stop a la Ansiedad[ añadir comentario ] | Enlace permanente
Un día, mientras volvías del trabajo se te ocurrió la gran idea. ¿Cómo no la habías pensando antes? Es una idea revolucionaria, algo nuevo, un proyecto que te va a sacar del agujero en el que te encuentras y te va a hacer feliz. ¡Por fin vas a poder trabajar en lo que te gusta! Parece mentira que no lo hubiera pensando nadie antes.
Y desde ese día, ahora hace ya tres años, estás tratando de perfeccionar tu idea. Todos los días, desde hace tres años, piensas y piensas en tu idea.Primero pensaste que cuando tuvieras las vacaciones empezarías el proyecto. Pero llegaron las vacaciones y, ya sabes, en la playa es difícil trabajar. Pasaron las vacaciones y decidiste que empezarías el siguiente fin de semana. Pero pasó ese fin de semana y ciento cincuenta fines de semana más sin empezar. ¡Cómo pasa el tiempo!
Llevas ya demasiado tiempo dándole vueltas a tu proyecto. Es hora de que hagas algo. Pensar no es lo mismo que hacer. Se piensa con la cabeza. Se hace con las manos. Construir una casa se piensa con la cabeza, se hace con las manos. Escribir un libro se piensa con la cabeza, se hace con las manos. Crear una empresa se piensa con la cabeza, se hace con las manos.
Pensar significa imaginar, reflexionar, intentar. Implica especulación. Se piensa con la cabeza.
Hacer significa producir, fabricar, ejecutar algo. Implica movimiento. Se hace con las manos.
Para que haya resultados, ambos procesos tienen que ir juntos.

De cómo gestiones el tiempo dependerán los resultados que consigas. Establece prioridades. ¿Qué es lo más importante? ¿Qué da más beneficios (personales, afectivos, económicos…)?
¿Tienes cinco minutos libres hoy? De tus múltiples obligaciones, ¿puedes hoy ocupar cinco minutos para tu proyecto? Pero en vez de pensar, dedica hoy cinco minutos a hacer. ¿Por dónde puedes empezar a hacer? ¿Cuál es el primer paso que puedes hacer hoy?
Para escribir algo, necesitas usar las manos. Para llamar por teléfono, necesitas usar las manos. Para hacer un plano necesitas usar las manos. Si haces durante cinco minutos, estás mucho más cerca de conseguir tu sueño. Y si mañana dedicas otros cinco minutos a hacer, tu sueño se acerca a toda velocidad.
Deja de protestar y empieza a moverte.
Me gustará saber tu opinión.
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