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Este mes, el consultorio de la revista Sexologies tiene los siguientes temas: ¿Me perdonó por amor?, No dejo de pensar en otro, Desde que me dejó estoy triste, Indagué en su móvil.

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La revista Sexologies publica un articulo en relación con el libro de Ricardo Ros "Cómo olvidar a una persona"


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Este es el título de un artículo publicado este mes en la revistas Psicología Práctica.



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La revista Mi farmacéutico publica en su número de este mes un artículo titulado Vive el presente. La revista Mi farmacéutico cuenta con el asesoramiento del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid (COFM)

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Marina García publica un artículo en la revista Mi farmacéutico sobre el estrés.


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Ricardo Gómez, actor que interpreta a Carlitos en la serie Cuéntame, se identifica con su compañero de serie Josete. Publicado en El Magazine del diario El Mundo.

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El Dr. House es el personaje favorito del músico Raúl Quijano. El Magazine de El Mundo publica un análisis.
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La mamá de Sergio está muy preocupada porque su hijo de 21 años desde hace algún tiempo ha comenzado a hacer cosas raras antes de irse a dormir. Enciende y apaga las luces un montón de veces, comprueba una y otra vez si la puerta y las ventanas están bien cerradas, se está haciendo un sarpullido en las manos de tanto lavárselas, no llega a casa hasta que la suma de las matrículas de los coches que encuentra por la calle no sea múltiplo de 7… Sin embargo, Sergio dice que no le pasa nada, que son sólo pequeñas manías y que no necesita ayuda. Pero a Sergio sus “pequeñas manías” le ocupan varias horas al día.Julián comenzó a beber poco a poco, casi sin darse cuenta. Su mujer dice que ya no es como antes, que ya no es cariñoso con ella y que, algunas veces, incluso le ha levantado la mano cuando ella le ha echado en cara su alcoholismo. Pero Julián dice que no le pasa nada, que está bien, que sólo bebe un poco, que no es alcohólico y que puede dejar de beber cuando él quiera. Julián no quiere recibir ayuda.
Ana Luisa comenzó a sentir fuertes dolores de cabeza, pero no dijo nada a nadie. Su marido notó que algo le ocurría y le insistió en ir al médico, pero ella dijo que ya se le pasaría. Ana Luisa dice que no pasa nada.
Jacinto es empresario. Ha estado fabricando componentes electrónicos para pequeños electrodomésticos durante los últimos 20 años. Desde hace dos años sus pedidos han bajado de forma estrepitosa. Los bancos le están empezando a negar créditos. Las empresas prefieren comprar en China porque les resulta más barato. Jacinto dice que ya se darán cuenta de que son de peor calidad y que ya volverán a él. Jacinto dice que es la coyuntura comercial mundial, pero que él no tiene que cambiar nada. Jacinto dice que no pasa nada, que en cuanto pase la crisis él volverá a vender como antes.
Son cuatro ejemplos de cómo los seres humanos nos obstinamos en no ver lo que tenemos delante. La mamá de Sergio sabe que tiene un problema. La mujer de Julián sabe que tiene un problema. El marido de Ana Luisa sabe que tiene un problema. Los bancos que trabajan con Jacinto saben que tiene un problema. Pero todos ellos están ciegos, no ven, no quieren reconocer que tienen un problema.

Si no aceptas que tienes un problema, nunca podrás resolver tu problema. Mientras no aceptes que tienes un problema, no podrás poner en marcha respuestas que eliminen el problema. Lo primero que tenemos que hacer cuando tenemos alguna dificultad es aceptar que tenemos esa dificultad. Llegará un momento en el que Sergio no podrá hacer otra cosa que cumplir sus “manías” durante todo el día, ya que cada día son un poco más elaboradas. Julián acabará con una cirrosis y abandonado por todo el mundo, pues la convivencia se está haciendo insoportable para su familia, incluso sus hijos ya lo rechazan. Ana Luisa acabará enferma del todo si no pone remedio, sus dolores de cabeza cada vez son más insoportables. Jacinto tendrá que cerrar porque económicamente ya no puede soportar los gastos. Primero tenemos que identificar el problema, cuantificarlo y poner cada cosa en su sitio. Así podremos buscar una solución.
Había una vez un ladrón al que el Juez ya le había puesto la soga al cuello. Cuando el Juez le preguntó si quería decir su última palabra, el pobre hombre dijo: “No pasa nada”. El Juez le dijo, “hombre, sí que pasa, lo vamos a ahorcar”. Entonces el ladrón dijo: “Esto puede ser un problema para usted, Señor Juez, pero no para mi, no veo el problema”. El Juez dio la orden y el verdugo movió la palanca. El ladrón estaba ya con los pies en el aire, dando bandazos, cuando dijo: “Creo que en realidad sí que pasa, ¿podemos hacer algo para cambiar la situación?”. El Juez le contestó: “Sí que podemos. ¿Prefiere que lo enterremos boca arriba o boca abajo”. Pero el ladrón ya no pudo decir nada más.
¿Hay algo en tu vida sobre lo que las personas cercanas te dicen que tienes un problema pero tú no lo ves? ¿Alguien te está diciendo que deberías revisar algo pero tú no lo aceptas? ¿Qué puedes hacer si ves que alguien cercano tiene un problema pero él lo rechaza?
¿Cuál es tu experiencia?
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La revista Mi Ginecólogo publica un artículo sobre cómo cumplir los propósitos de año nuevo. Ocho pasos para conseguirlo. La revista Mi Ginecólogo es la revista oficial de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO)

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Los seres humanos hemos evolucionado mucho en las últimas décadas. La revolución industrial y la actual revolución tecnológica nos han dado a los seres humanos una forma de controlar lo que ocurre a nuestro alrededor. Los grandes avances en la medicina, en las comunicaciones, en los procesos tecnológicos hacen que cada vez estemos más alejados evolutivamente de los hombres del medievo o de los primeros homínidos. No obstante, hay algo que todavía arrastramos desde que el ser humano comenzó a considerase como tal y que no hemos podido eliminar ni con las más modernas técnicas. Seguimos teniendo miedo.Al igual que cualquier animal, el ser humano lleva en sus genes, en su cerebro más reptiliano, respuestas automáticas ante la amenaza. Cuando nos vemos en peligro, como cualquier animal, huimos o evitamos la situación. Esto nos ha hecho sobrevivir, nos ha permitido seguir adelante a lo largo de los siglos.
Pero también existen miedos aprendidos. Los primeros homínidos tenían miedo porque vivían en un mundo muy peligroso. Cualquier error, cualquier duda, les llevaba a la muerte. Hay muchos miedos que no están en nuestros genes y que, sin embargo, hemos ido arrastrando en las diferentes generaciones humanas. Los miedos aprendidos son aquellos que no están basados en peligros reales, sino que se basan en nuestra imaginación. Los seres humanos, al contrario que los animales, tenemos imaginación, podemos crear ideas nuevas, tener fantasías. Pero las fantasías nos pueden jugar malas pasadas, porque nos pueden hacer creer como real algo que no existe.
Esa es la base de la ansiedad. La persona que tiene ansiedad se imagina peligros de futuro que no existen en el presente. La ansiedad está basada en preguntas del tipo “¿Y si me pasa tal cosa?”, “a lo mejor me ocurre tal otra”, etc. Sin embargo, la ansiedad comienza cuando nuestro cerebro detecta que han ocurrido cambios en nuestra vida, pero nosotros seguimos haciendo lo mismo. Es decir, la ansiedad es consecuencia de que no nos adaptamos bien a los cambios.
Pero no es de ansiedad de lo que quiero hablar hoy. Hoy quiero hablar de los miedos no patológicos que tenemos los seres humanos y que nos bloquean, nos impiden avanzar. Cuando un bebé nace no tiene miedo, el miedo lo adquiere por aprendizaje. A principios del siglo XX unos investigadores entregaban a unos bebés serpientes para que jugaran. Los bebés, que no tenían experiencia previa, aceptaban muy complacidos sus nuevos juguetes. Después los investigadores, al mismo tiempo que entregaban las serpientes, hacían que los padres de los bebés comenzaran a gritar y lamentarse. Claro, lo bebés aprendían que las serpientes eran peligrosas y a partir de ese momento los bebés habían aprendido una fobia ante las serpientes.

No sólo aprendemos a tener fobias, sino que aprendemos de nuestro entorno todos los miedos culturales que hemos ido arrastrando a lo largo de los siglos, sobre todo miedo al cambio, miedo al riesgo, miedo a salirnos de nuestra zona de seguridad. Los miedos tienen que ver con lo desconocido, con la zona de sombra que rodea a cada persona.
¿Cuáles son tus miedos? ¿Cómo sería tu vida si no tuvieras ningún miedo? ¿Cómo sería tu vida si supieras que no te vas a equivocar? ¿Cómo sería tu vida si fueras capaz de modificar cualquier pequeño detalle que ya no te hace feliz? ¿Cómo sería tu vida si fueras capaz de asumir pequeños riesgos?
Cuéntame tu experiencia.
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Dani tiene doce años y se ha quedado sin amigos. Dice que todos sus compañeros del colegio son tontos, que los chicos con los que juega al fútbol son estúpidos y que sus vecinos no merecen la pena como amigos. Dani se ha quedado sin amigos, no porque crea que él sea el único válido, sino porque Dani trata a los demás como si fueran de segunda categoría. Los demás le huyen. Dani es competitivo, siempre quiere ganar, él es quien hace todo bien y los demás lo hacen mal, él siempre trata de estar por delante. Esto se comprende porque Dani tiene un hermano mayor que hace lo mismo con él. Cuando su hermano mayor toma esa actitud, Dani se siente humillado, dominado, hundido. Pero Dani repite ese modo de tratar a los demás. ¿Quién es la persona más importante para cada uno de nosotros? La persona más importante para cada uno de nosotros somos nosotros mismos y cualquier mínimo atentado a esta percepción nos hace sentirnos oprimidos. Todos somos orgullosos y todos tenemos una dignidad que mantener.
Solemos olvidarnos de esto y, aunque lo hagamos de forma soterrada incluso para nosotros mismos, miramos a los demás por encima del hombro. Lo hacemos con nuestros amigos, con los compañeros de trabajo, con los dependientes de los comercios, con los clientes, con los desconocidos. Nos olvidamos que todos somos iguales y que todos tenemos una dignidad que defender.
Lo inteligente es hacer ver a los demás que son importantes, que hacen bien su trabajo, que son personas con todos sus derechos. Ser inteligente es reconocer el honor de los demás.

El otro día tenía que hacer unas gestiones en un Banco. Llegué justo en el momento en que estaban cerrando. El Guarda de Seguridad me dijo que estaba cerrado. Yo tenía urgencia en hacer las gestiones, así que mi táctica no fue enfrentarme al Guardia de Seguridad, sino tratarlo muy bien. Le dije que comprendía su postura, ya que él era el responsable de la seguridad del Banco y que tenía que hacer respetar las normas. Le agradecí su profesionalidad y le pedí como favor que me dejara entrar. Lo traté como a un profesional y se lo pedí como un favor, como algo que él, desde su posición de autoridad, podía conceder. Y lo hizo, me dejó entrar, ya que no puse en duda su posición de poder.
Trata mejor a la gente, reconoce y respeta su dignidad, y observa lo que pasa. Te llevarás muchas sorpresas.
¿Cuál es tu experiencia?
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La revista Sexologies publica este mes en su consultorio las siguientes cartas: Cuando los hijos se van de casa, ¿Cómo saber si siente algo por mi?, A mi pareja ya no le intereso y Estoy con mi novio por necesidad.

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La mayor fuente de inteligencia no está en ti, por muy bien que uses tu inteligencia. La mayor fuente de inteligencia está en las personas que te rodean. Avanzamos, nos desarrollamos y pulimos nuestra inteligencia cuando aprendemos de otros, cuando hablamos con otros, cuando leemos a otros. Las personas son el mayor tesoro que tenemos a nuestra disposición. Si no conocieras nuevas personas, dentro de diez años seguirías pensando lo mismo y estarías situado en el mismo sitio.
Hoy me he desplazado en un autobús urbano. Y lo he pensando. He pensado que si hubiera podido hablar con cada una de las personas que iban en aquél autobús, mis conocimientos habrían aumentado de forma considerable. Cada una de esas personas tiene una experiencia, algo que domina, algo sobre lo que tiene maestría.
Y lo he hecho. He hablado con una chica que estaba sentada a mi lado. Llevaba una funda de algún instrumento de cuerda y le he preguntado qué instrumento era. Me ha dicho que era profesora de viola en el conservatorio y que la viola que llevaba metida en aquella funda era del siglo XVIII. En los diez minutos que hemos recorrido juntos hemos hablado de música, de Bach, de la educación musical.
Pero estoy seguro de que cada una de las personas que iban en aquél autobús tenía una interesante historia que contar. Conocemos a muchas personas, pero casi no hablamos con ellas. Pasan a nuestro lado y no hablamos con ellas. Incluso hablamos poco con las personas con las que hablamos, porque hablamos de cosas superficiales.
— Parece que va a llover
— Sí, esta mañana hacía mucho frío
Cada persona tiene un mundo en su interior que desconocemos.

Conozco a Ángel desde la infancia. Siempre habíamos hablado de tonterías. Un día, por pura casualidad, me enteré que Ángel, cuya profesión es carpintero, es uno de los mayores expertos en arte medieval sacro, autor de docenas de libros, conferenciante y ponente en todos los congresos que se celebran en el mundo sobre la materia. Ángel es muy conocido en los ambientes relacionados con el arte, pero era un desconocido para mí. Lo tenía al lado, pero yo estaba desperdiciando sus enormes conocimientos.
Lo mejor que podemos hacer es conocer a muchas personas, cuanto más diferentes sean de nosotros, mejor. Tendemos a relacionarnos con personas afines, con personas que coinciden con nosotros. Nos perdemos la diversidad, oír nuevas formas de pensar o de ver la vida. El mundo está lleno de personas interesantes. Muchas de ellas viven a tu alrededor.
Inteligente es la persona que se rodea de personas diferentes a él, de personas que tienen una formación académica distinta, que tienen otras culturas, otras religiones, otras lenguas, otras ideologías.
Será muy interesante saber qué opinas y cuál es tu experiencia.
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