¿Sabes leer los resultados de tus esfuerzos? ¿Cómo reconoces el resultado de tus esfuerzos? ¿Cómo sabes que vas por el buen camino? ¿Cómo distingues que no te estás desviando?Josefina estaba muy confusa. Acababa de cumplir 45 años, estaba casada, tenía dos hijos que se acababan de emancipar y un trabajo a media jornada que le ayudaba a llegar a final de mes. Pero Josefina estaba muy confusa desde que la hija pequeña se había ido a vivir con su pareja y se había quedado sola con su marido. La pregunta que se hacía y le martirizaba era: “Si hace poco yo tenía 20 años, dentro de poco tendré 70. Mis hijos ayer eran unos niños y hoy son adultos ¿Qué he hecho de mi vida? El tiempo pasa volando.”
Martín estudió una carrera de grado medio y comenzó a trabajar en una gran empresa automovilística. Comenzó a vivir con su pareja y tuvieron dos hijos. En la empresa comenzaron a promocionarlo debido a su gran capacidad de liderar equipos hasta llegar a dirigir toda una sección. Actualmente, con 52 años, Martín ha visto que dos de sus mejores amigos han muerto recientemente, y se pregunta qué va a hacer el resto de su vida.
—Si me quedan 20 ó 30 años de vida —me dijo— quiero saber dónde me he equivocado y vivir esos años que me quedan con la mayor felicidad. ¿He conseguido todo lo que quería? ¿Qué más me falta para completar mi vida?

La crisis de los 40 años nos hace recapacitar sobre lo que hemos hecho hasta ahora. Josefina se está dando cuenta que la vida pasa muy rápido. La crisis de los 50 años nos obliga a platearnos qué haremos a partir de este momento durante los años que nos quedan de vida. Martín estaba en esa encrucijada, ¿qué hacer el resto de su vida? Aunque se llaman crisis de los cuarenta o de los cincuenta, estas crisis se pueden dar con cualquier edad, a los 20 o a los 80 años. Una vez conocí a un niño de 10 años que tenía una de estas crisis. Se preguntaba “si yo hace poco era un bebé, dentro de nada me tendré que ir a vivir fuera de la casa de mis padres.”
Estas crisis obligan al cambio. Durante estas crisis se producen separaciones, cambios de trabajo y cambios globales de vida.
Pero para saber qué vas a hacer el resto de tu vida, primero tienes que saber leer el resultado de tus esfuerzos. ¿Cómo lo vas a hacer? ¿Qué medida vas a utilizar?
¿Has pasado por alguna de estas crisis? ¿Cómo la resolviste? ¿Qué cambiaste? Es importante que nos cuentes tu experiencia.
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Vivimos llenos de promesas de futuro. Nos dejamos arrastrar por esperanzas que jamás se cumplen. Nuestra vida es un cúmulo de ilusiones, expectativas, sueños y utopías, que casi nunca se plasman en la realidad. Y no lo hacen porque esperamos que ocurran por azar o por la ayuda de algún extraterrestre bondadoso.
Sólo se cumplen los sueños que se trabajan. Los sueños son gratuitos, pero convertirlos en realidad es algo muy caro, en tiempo, esfuerzo, dedicación, sacrificio… Nada es gratis.Andrés vino a mi consulta tras una grave crisis de ansiedad. Estaba casado con una mujer a la que, tras 35 años de matrimonio, todavía quería como el primer día. Tenía tres hijos, dos de ellos emancipados y el tercero a punto de hacerlo, dos nietos a los que adoraba, un trabajo que le gustaba. Andrés tenía un buen sueldo y vivía de forma muy desahogada. Pero Andrés no era feliz. Andrés desde muy pequeño quería ser empresario, como su abuelo, pero ahora, a punto de jubilarse, se daba cuenta de que era un sueño imposible de realizar. Poco a poco, comenzó a darle vueltas a que, como no había conseguido crear una empresa y siempre había trabajado como asalariado, su vida era un fracaso y todo le había salido mal. Comenzó un proceso de ansiedad que acabó en un terrible ataque de ansiedad. A media noche se despertó con la sensación de que iba a morir, con dolor en el pecho y una angustia insoportable.
Andrés, como otros muchos, pensaba que la felicidad estaba en el futuro. Sin embargo, la felicidad está en lo que ya has conseguido, no en lo que podrías conseguir.

Lo vuelvo a repetir: La felicidad está en lo que ya has conseguido, no en lo que podrías conseguir. La felicidad consiste en disfrutar de lo que ya tienes, no de lo que podrías tener. ¿Tienes pareja? ¿Por qué no disfrutas de esa relación? ¿No tienes pareja? ¿Por qué no disfrutas de estar solo? ¿Tienes hijos? ¿Han crecido de repente y no te has enterado? ¿Comes todos los días? ¿Hay gente que te quiere y te respeta? ¿Hoy has visto amanecer? Entonces, ¿dónde crees que se puede encontrar la felicidad? ¿Encontrarás la felicidad dentro de cinco años, cuando hayas podido comprar un automóvil mayor?
Buscamos la felicidad en lo que no tenemos y no valoramos lo que tenemos. Hay personas que nos quieren y personas a las que queremos. La rutina nos hace olvidarnos de ellas. Tenemos una preciosa casa, pero no somos felices pensando en que queremos una mejor.
No quiero decir que te conformes con lo que ya tienes. Claro que tienes que seguir luchando por conseguir cosas mejores. Pero no dejes de disfrutar con lo que ya tienes.
Cuéntame tu experiencia.
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“No puedo hacer eso, no estoy segura de que funcione”, me dijo Maite cuando apoyé la posibilidad de que volviera a estudiar. Con 35 años actualmente, Maite tuvo que dejar de estudiar Derecho por problemas económicos a los 20 y comenzar a trabajar como secretaria. Pero ella no es feliz, sabe que su vocación es el Derecho.
— Ya soy muy mayor para estudiar, no tengo mucho tiempo y, además, no estoy segura de que cuando acabe pueda encontrar trabajo como abogada.La vocación de Miguel Antonio es tocar la guitarra, lo hace desde que tiene uso de razón. Cada día ensaya durante cuatro horas y lleva más de quince años acudiendo a un profesor dos veces a la semana. Miguel Antonio trabaja en un Banco y dedica todo su tiempo libre a la música. Cuando su profesor le ofreció la posibilidad de trabajar con él como ayudante, con el mismo sueldo que en el Banco, Miguel Antonio se quedó bloqueado. Trabajar como profesor de guitarra y dejar el Banco sería su máxima aspiración en la vida, pero tenía miedo. “Trabajar en el Banco me asegura la jubilación, trabajar como profesor de guitarra pone en peligro mi jubilación”. Miguel Antonio sólo tiene 25 años.
Nos educan para buscar objetivos, para buscar resultados. Nos dicen que lo importante es el final del camino, la meta. El premio llegará cuando alcancemos el final del recorrido. Sin embargo, cuando centramos nuestros esfuerzos en la meta, lo más probable es que nos salgamos de la carretera. Tienes que asegurarte de que trazas bien las curvas. Las curvas son parte del proceso.
Responsabilízate del proceso, no del resultado. Lo que importa es que te centres en el proceso. Puedes controlar el proceso. Puedes responsabilizarte del proceso. Pero no puedes responsabilizarte ni controlar el resultado.

Si Maite se centra en el resultado tiene todas las de perder, porque no sabe qué va a pasar. Si Maite se centra en el proceso, estudiar todos los días, el resultado está asegurado, porque puede controlar lo que hace todos los días, pero no puede controlar si conseguirá trabajar como abogada cuando acabe. Cuando acabe de estudiar podrá poner en marcha un proceso para poder trabajar en lo que le gusta.
Podemos responsabilizarnos del proceso, pero nunca del resultado. El resultado dependerá de lo que hagamos con el proceso. En una carrera automovilística, lo que marca la diferencia no es llegar a la meta, sino saber tomar correctamente cada curva del circuito.
Miguel Antonio está pensando en el futuro, pero se está perdiendo el presente que le haría feliz. Puede controlar lo que ocurre en este momento, pero en ningún caso puede controlar lo que ocurrirá cuando tenga 65 años. Miguel Antonio puede controlar cada segundo de su vida, pero no puede controlar el resultado final.
¿Cuál es tu experiencia?
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Es muy frecuente escuchar comentarios de este tipo:
- Yo habría sido un magnífico abogado si hubiera tenido la oportunidad de estudiar…
- Yo habría sido un estupendo actor de cine si hubiera vivido en Hollywood…
- Yo habría sido un extraordinario futbolista, si no hubiera tenido que casarme tan pronto…
- Yo habría sido un fenómeno de las finanzas si mi familia hubiera tenido dinero…
…pero como tuve que trabajar desde muy joven, no he vivido en Hollywood, me tuve que casar rápido y mi familia no tenía dinero, soy un absoluto desgraciado.Realmente, ¿cuál es tu don, tu talento? ¿Qué te hace sobresalir? ¿Qué es valioso en ti? ¿Para qué sirves? ¿Qué puedes aportar?
Todos somos grandes promesas cuando tenemos cinco años. Nuestros padres, nuestros profesores, nos analizan a fondo, tratando de ver una chispa, algo que nos haga destacar en algún aspecto.
— Mi niño de cinco años es un as jugando al fútbol. Cuando sea mayor jugará en el Real Madrid.
— Mi hija de cinco años cuenta unos chistes graciosísimos. Cuando sea mayor tendrá su propio programa de televisión.
— Mi niña de cinco años es extraordinaria inventando cuentos. Cuando sea mayor se hará famosa como escritora.
— Mi hijo de cinco años es increíble con las matemáticas. Cuando sea mayor resolverá los enigmas del universo.
Pero crecemos, nos hacemos mayores, y todas aquellas promesas se quedan en humo. El niño dejó de jugar al fútbol a los catorce años, la niña dejó de contar chistes a los trece, la otra niña abandonó sus aficiones literarias a los doce y el de las matemáticas prefirió dejar de estudiar a los dieciséis. Ninguno de ellos tenía vocación.

Podemos mejorar con entrenamiento, pero nunca podremos superar el no tener vocación por algo. ¿Cuál es tu vocación? ¿Qué actividad te hará completamente feliz?
Además de promesas, ¿qué tienes para dar a los demás?
A Celina siempre le gustó cocinar. Sin embargo, su padre se empeñó en que tenía que estudiar algo en la Universidad. Cuando a los 45 años se dio cuenta de que era una reconocida profesional, pero que no era feliz, Celina decidió dedicarse a lo que siempre le había gustado, la cocina. Con un socio capitalista creó un restaurante y ahora se siente, luchando con los fogones, la persona más creativa y feliz del mundo.
Con 37 años, Óscar comprendió que si seguía desarrollando el trabajo que el azar le había dispuesto cuando tenía 20 años, acabaría siendo un infeliz. Cuando era niño destacaba por su instinto con los animales, así que decidió que sería feliz si encontraba un trabajo relacionado con la fauna. Con 37 años comenzó a estudiar Zoología. Dentro de unos años tendrá la posibilidad de trabajar en lo que le gusta.
Marisa siempre tuvo en su cabeza dedicarse a cosas relacionadas con los números. Cuando era una niña siempre fue brillante en esa materia. Las matemáticas ocupaban la mayor parte de su tiempo de ocio. Pero trabajaba en algo muy diferente que le agobiaba. Hasta que un día decidió crear una página en Internet dedicada a resolver problemas matemáticos.
Cuéntame tu experiencia.
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José Moreno entrevista a Ricardo Ros sobre el Trastorno Obsesivo Compulsivo.[ 1 comentario ] | Enlace permanente



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En la anterior reflexión te hablaba de mi condiscípulo Luis, que lleva treinta años acumulando datos sobre los etruscos con la intención de escribir un libro. Luis es tan perfeccionista que no ha escrito todavía ni una sola línea.
La historia de Luis me ha hecho pensar mucho. ¿Cómo sabrá Luis que está preparado para empezar a escribir sus libros? Porque no sólo hay que estar preparado para el momento oportuno, sino que es imprescindible saber que estás preparado.
A lo largo de la vida se nos presentan miles de oportunidades. Están ahí para todo el mundo, pero sólo las ven quienes están preparados. ¿Cómo podemos saber que estamos preparados?
Imagina que vas en un barco y que el barco naufraga. Imagina que el Capitán se queda sentado esperando que tú, un simple pasajero, des las órdenes de salvamento a la tripulación y a los demás viajeros.Imagina la situación contraria. El Capitán asume la responsabilidad y da las órdenes oportunas para que el pasaje se salve. El Capitán, asumiendo su responsabilidad, ordena lo que hay que hacer.
Estás preparado cuando estás dispuesto a asumir nuevas responsabilidades.
La responsabilidad de aceptar que estás preparado
La responsabilidad de aceptar que te equivocas
La responsabilidad de aceptar que no eres perfecto
La responsabilidad de aceptar el fracaso
La responsabilidad de aceptar la crítica de los demás
La responsabilidad de aceptar que asumes el proceso, pero no el resultado
La responsabilidad de aceptar que no es más que un primer paso.
La responsabilidad de aceptar el éxito
La responsabilidad de aceptar que siempre puedes volver a cambiar
La responsabilidad de aceptar que eres capaz de superar el miedo

Sólo estamos preparados si somos capaces de asumir nuevas responsabilidades. Y sólo podemos asumir nuevas responsabilidades cuando estamos preparados.
Adolfo supo que estaba preparado para dejar su trabajo en la fábrica y crear un nuevo negocio propio cuando se dio cuenta de que lo más que le podía pasar es que el negocio no funcionase y que no tenía ningún inconveniente en volver a buscar trabajo en alguna fábrica.
Nancy supo que estaba preparada para escribir un libro cuando aceptó que ese libro podría no venderse.
Matías supo que estaba preparado para dedicarse a lo que siempre le había gustado, pintar cuadros, cuando admitió que le daba lo mismo lo que pudieran decir los críticos sobre sus obras.
Jorge supo que estaba preparado para dejarlo todo e irse a vivir al campo cuando no tuvo inconveniente en admitir que si se equivocaba, todas las ciudades del mundo, las grandes y las pequeñas, le estaban esperando.
Seguro que tienes tu propia opinión, ¿puedes decírmela?
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Juan Ramón Lucas entrevista en el programa "En días como hoy" a Ricardo Ros sobre su método Stop a la ansiedad. Intervienen también Carlos Santos y Sandra Redondo.12 minutos.
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Lo conocí en la Universidad hace más de 30 años. Yo estudiaba psicología y él Historia. Durante un par de cursos vivimos en el mismo piso de estudiantes. Luis era una persona muy inteligente, con mucha capacidad de estudio. Conseguía unas notas magníficas, casi todo sobresalientes. Estudiaba muchas horas. Yo era un estudiante mediocre, que aprobaba los cursos por la ley del mínimo esfuerzo. Luis se quedaba estudiando, mientras los demás nos íbamos de juerga.
Luis tenía dos grandes intereses: una chica rubita, a la que perdió porque no tenía tiempo para ella, y, su gran afición, los etruscos. Cuando no estaba estudiando, estaba en la biblioteca leyendo y sacando notas de todo lo que tuviera que ver con los etruscos. Mientras los demás teníamos las paredes llenas de fotos de chicas, Luis la tenía llena de fichas con datos sobre los etruscos.Acabamos la Universidad y nos perdimos la pista. Recientemente, a través de una amiga común, he vuelto a encontrármelo. Estuvimos cenando. Trabaja como profesor de Historia en un Instituto de Secundaria y su pasión sigue centrada en los etruscos. Me dice que no es feliz, porque sus alumnos no tienen interés en la historia y porque no ha realizado el sueño de su vida: escribir una serie de libros sobre los etruscos. Me cuenta que tiene un piso de 160 metros cuadrados, con todas las paredes llenas de estanterías, en las que acumula miles de libros y cientos de miles de fichas sobre los etruscos. Me dice que ha querido empezar el libro cientos de veces, pero que todavía no ha dado el paso, porque siempre le falta confirmar algún dato. Me dice que sin falta este año escribirá el primer libro de una colección de doce volúmenes: orígenes, antecedentes, el arte, la cultura, costumbres y leyes, las ciudades, las guerras, la arquitectura, la influencia en otros pueblos, la visión etrusca a través de los siglos, si los etruscos vivieran hoy en día, bibliografía extensa. Doce volúmenes de unas 700 páginas cada uno. Me dice que tiene también pensados los capítulos de cada volumen y, a ver qué opino, si el volumen sobre las leyes tiene que ir antes o después del volumen sobre el arte.

Luis tiene un grave problema. Lleva treinta años acumulando información, almacenando datos, pero sin decidir nada… todavía. Luis tampoco empezará el primer volumen este año, porque se acaban de publicar tres nuevos libros sobre los etruscos, dos en Francia y otro en Italia, y necesita estudiarlos en profundidad antes de ponerse en acción. De estos tres nuevos libros sacará miles de fichas que ocuparán un metro cuadrado más en el pasillo de su casa.
En realidad, lo que le ocurre a Luis es que tiene miedo, tiene miedo a equivocarse. Puedes acumular datos toda tu vida, pero al final, si quieres hacer algo, tendrás que arriesgarte. Nunca tendrás la certeza absoluta de que es un trabajo completo y perfecto. Y cuanto más tardes en decidir, el riesgo es mayor. Si Luis hubiera escrito un pequeño libro lleno de errores hace treinta años, en estos momentos tendría escritos, no doce volúmenes, sino doscientos, y sería valorado como uno de los mayores expertos mundiales sobre el mundo etrusco. Pero es un desconocido, al que nadie conoce porque nunca ha dado el paso.
¿Cuántos datos más necesitas acumular para tomar una decisión? ¿Cuánto riesgo estás dispuesto a asumir? ¿Cuánto margen estás dispuesto a dar a la equivocación?
Me interesa tu opinión.
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Merche Carneiro, de Onda Cero Valencia, entrevista a Ricardo Ros sobre la ansiedad y sobre su método Stop a la Ansiedad[ añadir comentario ] | Enlace permanente
Un día, mientras volvías del trabajo se te ocurrió la gran idea. ¿Cómo no la habías pensando antes? Es una idea revolucionaria, algo nuevo, un proyecto que te va a sacar del agujero en el que te encuentras y te va a hacer feliz. ¡Por fin vas a poder trabajar en lo que te gusta! Parece mentira que no lo hubiera pensando nadie antes.
Y desde ese día, ahora hace ya tres años, estás tratando de perfeccionar tu idea. Todos los días, desde hace tres años, piensas y piensas en tu idea.Primero pensaste que cuando tuvieras las vacaciones empezarías el proyecto. Pero llegaron las vacaciones y, ya sabes, en la playa es difícil trabajar. Pasaron las vacaciones y decidiste que empezarías el siguiente fin de semana. Pero pasó ese fin de semana y ciento cincuenta fines de semana más sin empezar. ¡Cómo pasa el tiempo!
Llevas ya demasiado tiempo dándole vueltas a tu proyecto. Es hora de que hagas algo. Pensar no es lo mismo que hacer. Se piensa con la cabeza. Se hace con las manos. Construir una casa se piensa con la cabeza, se hace con las manos. Escribir un libro se piensa con la cabeza, se hace con las manos. Crear una empresa se piensa con la cabeza, se hace con las manos.
Pensar significa imaginar, reflexionar, intentar. Implica especulación. Se piensa con la cabeza.
Hacer significa producir, fabricar, ejecutar algo. Implica movimiento. Se hace con las manos.
Para que haya resultados, ambos procesos tienen que ir juntos.

De cómo gestiones el tiempo dependerán los resultados que consigas. Establece prioridades. ¿Qué es lo más importante? ¿Qué da más beneficios (personales, afectivos, económicos…)?
¿Tienes cinco minutos libres hoy? De tus múltiples obligaciones, ¿puedes hoy ocupar cinco minutos para tu proyecto? Pero en vez de pensar, dedica hoy cinco minutos a hacer. ¿Por dónde puedes empezar a hacer? ¿Cuál es el primer paso que puedes hacer hoy?
Para escribir algo, necesitas usar las manos. Para llamar por teléfono, necesitas usar las manos. Para hacer un plano necesitas usar las manos. Si haces durante cinco minutos, estás mucho más cerca de conseguir tu sueño. Y si mañana dedicas otros cinco minutos a hacer, tu sueño se acerca a toda velocidad.
Deja de protestar y empieza a moverte.
Me gustará saber tu opinión.
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Agencia EFE Madrid | 03/01/2009 |
Los psicólogos alertan sobre el elevado consumo de tranquilizantes, que supera el 15% de la población española
La Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés ha alertado sobre el elevado consumo de tranquilizantes en España, especialmente porque "la pastillita crea adicción en lugar de curar la enfermedad".
El psicólogo Ricardo Ros, autor del libro Stop Ansiedad, se ha sumado a esta tendencia critica, al recordar a los médicos del Sistema Nacional de Salud que es necesario poner fin a este abuso, teniendo en cuenta que España duplica a países como Alemania y Holanda en el recurso a estos fármacos.
El 15,5% de los españoles toma tranquilizantes a lo largo del año, una tasa que es todavía superior en el caso de personas con ansiedad y pánico, puesto que más de la mitad se consuela con medicamentos. Según la citada Sociedad, la media europea es del 12,3% (8,2 en varones y 16 en mujeres) en una clasificación encabezada por Francia, con el 19,2, seguida de España (15,5), Italia (13,7), Bélgica (13,2), Holanda (7,4) y Alemania (5,9).
Aumento del 40% en cinco años
Un informe de la Dirección General de Farmacia del Ministerio de Sanidad y Consumo, al que ha hecho referencia este especialista, reconoce que en sólo cinco años el uso de ansiolíticos ha aumentado casi en un 40%.
El consumo de estas pastillas, según Sanidad, ha pasado de 23 millones de envases a 33 millones en un quinquenio, lo que significa que al departamento que dirige Bernat Soria le cuesta curar la ansiedad de los españoles 231 millones de euros. "Con ese dinero se podría pagar el sueldo de más de 9.000 psicólogos y psiquiatras", ha comentado Ros, quien ha lamentado que la Administración del Estado siga "apostando por la pastillita".
El factor humano
El psicoterapeuta ha recordado que en la última convocatoria de Psicólogos Internos Residentes sólo se han ofertado 129 plazas. "Si queremos mejorar la salud mental en nuestra sociedad, no podemos hacerlo solamente a base de química", ha aseverado. "El factor humano debe estar presente" y estas plazas para psicólogos en un país de más de cuarenta millones de habitantes son un número "muy escaso", ha argumentado. Ros ha informado de que a los europeos les cuesta cada año 19.000 millones de euros hacer frente a sus problemas de ansiedad y depresión con medicación.
Teniendo en cuenta que la Sanidad española cubre más del 85% del gasto en tranquilizantes, se ha preguntado si "realmente es económica y eficaz la medida de tratar esta enfermedad con medicación y mantenerla en el tiempo, en lugar de curarla con un mes de tratamiento psicológico". El abuso de píldoras puede adormecer además la reacción natural de ansiedad que se genera en el organismo ante un peligro real, ha explicado.
Ansiedad "negativa"
Lo que hay que combatir es la ansiedad "negativa" o aquella que se produce por miedos infundados, que provocan una serie de síntomas en el sistema nervioso, siendo los más leves sudoración, taquicardia, palpitaciones, un nudo en el estómago, falta de aire y la sensación de que la cabeza se embota.
Una vez que la ansiedad "se ha enganchado" cada vez hay más cosas cotidianas y habituales que desencadenan esos síntomas. "Primero te da miedo ir a una tienda, después te da miedo pasear por la ciudad, finalmente te da miedo salir de casa...", ha relatado.
Ros ha afirmado que el tratamiento psicológico no suele durar más de unas semanas, mientras que el uso de tranquilizantes puede mantenerse indefinidamente por la dependencia que generan. Ha advertido de que aunque a simple vista parece que la farmacología es "lo más rápido y eficaz", se dan casos de personas que pasan años, incluso décadas, tomando ansiolíticos sin curarse.
El doctor ha propuesto enseñar a "cambiar la manera de elaborar los pensamientos", un método a través del cual en un mes los enfermos "pueden estar libres de este mal", evitar ese sufrimiento a sus familias y ahorrar años de gasto a la Seguridad Social.
Ros ha esgrimido que la propuesta de centrarse más en el pensamiento y menos en la química debe ser examinada, sobre todo "viendo cómo crece alarmantemente el número de personas, en su mayoría adolescentes, adictos a los tranquilizantes".
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En las reflexiones del año pasado traté de transmitir la idea de que los pensamientos, si no van acompañados de acción, no llevan a ningún sitio. Recuerda la fórmula mágica:
CHOP – CHOP – CHOP – CHOP
Comenzar – Hacer – Observar – Pensar
Primero comienzas, después haces algo, observas los resultados, piensas sobre ello y vuelves a comenzar en una cadena sin fin.
Este año voy a darte ejemplos concretos para que puedas utilizar tu inteligencia operativa en cada una de las pequeñas cosas que ocurren en tu vida cotidiana.
Puedes leer estas reflexiones y lograrás un gran conocimiento sobre la inteligencia operativa. Pero tu vida seguirá siendo exactamente la misma. Nada cambiará. Te servirá para dar bonitas charlas y aconsejar a otras personas, pero tu vida seguirá igual.
No quiero que leas, quiero que hagas, que pongas en práctica las pequeñas reflexiones que voy a ir dándote poco a poco, semana a semana. Si haces, dentro de poco tiempo tu vida será diferente, porque tendrás una nueva perspectiva de lo que es posible.
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Mañana vienen los Reyes Magos. Con sus enormes carrozas llenas de regalos, repartirán ilusión o desengaño a millones de niños. ¿Qué es verdad y qué es mentira? Que algo lo crean millones de personas no lo convierte en verdad. Que algo lo crean sólo dos personas, no lo convierte en mentira. Hay mentiras que se han ido transmitiendo de generación en generación. Hay mentiras públicas que se están creando ahora mismo a través de los medios de comunicación. El poder crea mentiras para seguir detentando el poder. Nos tratan como a niños y. como niños, nos gusta que nos mientan, porque, muchas veces, la verdad puede ser peor que la mentira.
Dicen que en estos momentos hay una crisis financiera y económica mundial. Nos dicen que el terrorismo es la mayor amenaza para los países desarrollados. Nos dicen que las guerras son inevitables si no queremos sucumbir ante los “malos”. Nos dicen que ellos son los “buenos” y que todos los demás son los “malos”. Nos dicen que tenemos que consumir mucho para que el sistema no se caiga. Nos dicen que tenemos que estar siempre endeudados, para que la economía resista. Nos dicen tantas mentiras, que llega un momento en que es necesario creerlas para no perder la esperanza. Nos tratan como a niños. Mienten todos, los políticos, los sacerdotes de todas las religiones, los periodistas… Hablan de LA Verdad, con mayúscula, cuando precisamente no existe LA Verdad. Lo que hoy se puede aproximar a la verdad, mañana estará lejos.

El problema de las mentiras es que las transmitimos a los demás sin ponerlas en duda. Nos las creemos y las transmitimos a los demás. Por ejemplo, la mayor parte de lo que se enseña a los niños es mentira. Los niños viven en una permanente mentira por parte de los adultos. No sólo les ocultamos las cosas importantes para su propia vida, sino que además les mentimos. Decimos que es por su bien, para protegerlos, porque no están preparados o porque no las van a entender. Nos convertimos en jueces y decidimos qué es verdad y qué es mentira para ellos. ¡Y encima nos quejamos de que los niños mienten, cuando somos los adultos los que les ocultamos la verdad!
El Estado trata de proteger a los niños con leyes. Pero no existe ninguna ley que prohíba mentirles. Y no me refiero a mentiras tontas, como los reyes magos, sino mentiras que marcarán su vida, sus relaciones, su sexualidad, su desarrollo y su felicidad; mentiras basadas en creencias falsas, en moralidades dudosas, en ideologías absurdas.
¿Cómo saber si algo es verdad o mentira? Lo podemos conseguir aplicando una simple fórmula, explicada hace ya muchos años por el Nobel de Literatura Joseph Rudyard Kipling (1865-1936), autor, entre otras muchas novelas, de Kim de la India. Dice Kipling:
“Tengo seis hombres honestos a mi disposición.
Ellos me enseñaron todo lo que yo sé.
Sus nombres son
QUÉ, QUIÉN, CÓMO, CUÁNDO, DÓNDE y POR QUÉ.
Una duda sometida a estas preguntas decide qué es verdad y qué es mentira. Buscar la verdad es un proceso, en el que hay que ir despejando incógnitas.
¿Qué, quién, cómo, cuándo, dónde y por qué nos dicen que tenemos que estar siempre endeudados? ¿Qué, quién, cómo, cuándo, dónde y por qué nos dicen que tenemos que consumir mucho? ¿Qué, quién, cómo, cuándo, dónde y por qué nos dicen que…?
Enseña a tus hijos a plantearse estas preguntas y les darás una herramienta muy poderosa.
¿Existen los reyes magos o es sólo una mentira más? ¿Qué, quién, cómo, cuándo, dónde y por qué existen los reyes magos?
¿Qué opinas? ¿Existe la verdad o nunca es posible acercarse a ella?
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¿Cómo puedes tenerme en ayunas, sin ni siquiera darme un poquito de queso?, le dijo el ratoncito al gato
René Descartes escribió en París en 1637 su famosa frase "Pienso, luego existo" (cogito, ergo sum). Si Descartes viviera ahora no tendría más remedio que cambiar su frase y adaptarla a los nuevos tiempos. Ahora diría "Pienso, luego pienso que existo" (cogito, ergo, cogito sum)
Sabiendo lo que sabemos ahora sobre el desarrollo del cerebro, Descartes, el gran matemático francés, hoy sería consciente de que su cerebro primero conoce y después re-conoce la información. Sabría que su cerebro forma sus patrones neuronales y posteriormente reutiliza la información almacenada en esos patrones, como experiencia. Sin ese reconocimiento del modelo, no habría sí mismo, no habría primera persona, no habría "yo". Sólo habría información arbitraria, ya que la ausencia de patrones es la arbitrariedad absoluta. Un modelo, sin embargo, es la información que se repite más a menudo puesta en orden.Los seres humanos utilizamos patrones y, afortunadamente, los reconocemos. Nos gustan los modelos y nos gusta reconocerlos. Así funciona nuestro cerebro. Nos gusta leer. Nos gusta la música. Nos gusta hacer chistes. Nos gusta nuestro color favorito. Nos gusta reconocer a nuestros padres. Y nos gusta que nuestros padres nos reconozcan.
Una amiga de mi madre ha empezado a tener algunos síntomas de Alzheimer. El otro día le dijo a uno de sus hijos "¿tú quién eres y qué haces en mi casa?" Ha empezado a no reconocer (re-conocer) patrones que hasta ese momento le habían servido de orientación en la vida. Ha olvidado los modelos, las pautas, que conformaban su identidad. El hijo le dijo "soy Pepe, tu hijo", y ella le contestó "no me mientas, que yo no tengo hijos".
En la física cuántica moderna, reconocer una partícula es la señal de su propia existencia. Ciertamente, cuando somos reconocidos, es confirmada y afirmada nuestra propia existencia. Y eso es algo sano. Cuando nuestros modelos primarios de información (o sea, los patrones de nuestra propia existencia) son reconocidos de alguna manera, nuestro sí mismo (el self que dirían algunos), es alimentado y nuestra existencia es reforzada. Esta especie de caricia sobre nuestra existencia, no sólo es muy sana, sino que se convierte en un motor de poder.
Es bien sabido que la productividad de una empresa aumenta considerablemente cuando los empleados son reconocidos de alguna manera. Los jinetes saben que es suficiente un terrón de azúcar para que un caballo haga lo que ellos quieran. Los padres saben que sus bebés responden al reconocimiento. Las cuidadoras saben que la gente mayor se marchita cuando les falta reconocimiento.
Mi amiga Suriñe trabaja cuidando ancianos en sus casas. Su labor consiste en hacer la compra, la comida y la limpieza. Para eso le pagan. Pero Suriñe sabe que los ancianos a los que cuida no quieren eso, quieren reconocimiento. Les da lo mismo quedarse sin comer. Pero no pueden estar sin reconocimiento. Por eso Suriñe dedica mucho de su tiempo en hablar con ellos, en darles cariño, en escuchar sus historias.

Suriñe me contaba el otro día que una anciana a la que cuidaba, que estaba bien de salud, había muerto de tristeza porque sus hijos llevaban dos meses sin ir a verla. "Sus hijos la han matado, y no lo saben", fue el comentario de mi amiga.
Todos necesitamos reconocimiento. Sin reconocimiento nos morimos. Los seres humanos nos alimentamos con el reconocimiento. Incluso preferimos un reconocimiento negativo (un insulto, un desprecio, un agravio) antes que ser ignorados.
Una forma de reconocimiento es la recompensa. Una recompensa no tiene por qué ser sólo un terrón de azúcar, pero un terrón de azúcar es mucho más que nada. Una recompensa es algo que es reconocido como tal por la persona recompensada. Puede ser un guiño del ojo o una sonrisa. Puede ser un abrazo o un apretón de manos. Una medalla, una ronda de aplausos, un título, un premio, un regalo. Hasta el dinero puede ser una recompensa. Una recompensa puede ser para uno mismo, para el otro o para la comunidad. Desde siempre se han usado recompensas. Estoy seguro que Atila daba recompensas a sus guerreros. Incluso las religiones dan como recompensa el cielo.
Por ejemplo, el sistema de recompensas mejor pensado de toda la historia de la humanidad fue inventado por San Agustín. Decidió que sólo se podía entrar en el cielo si se estaba libre de pecado, pero como todos nacemos con el pecado original, era necesario limpiar ese pecado para poder entrar en el cielo. San Agustín puso un torniquete en la puerta de cielo que sólo se abría si se pagaba una cantidad de dinero y dio los derechos exclusivos a la Iglesia. Si viviera ahora, se podrían pagar las indulgencias con Visa. Bueno, de hecho ese sistema todavía se mantiene. Millones de personas pagan misas para que sus familiares difuntos consigan llegar al cielo.
Nada consigue mejores resultados que el reconocimiento. Lo que reconoces es lo que consigues. Si reconoces a tus clientes con un servicio mejor que tus competidores, tus clientes preferirán comprarte a ti. Si reconoces a tus compañeros de trabajo con un trato exquisito, trabajar con ellos se convertirá en una experiencia deliciosa. Si reconoces a tu pareja, los pequeños problemas de la vida cotidiana se esfumarán como por ensalmo. La mayor parte de los niños prefieren a los adultos que los reconocen y los recompensan. Muchos de los grandes gerentes de las grandes empresas trabajan más por el reconocimiento que por el sueldo que ganan (Pavlov, Maslow, James y Gallup lo han demostrado en sus investigaciones)
Si quieres resultados, da reconocimiento. Si quieres aumentar los resultados diez veces, aumenta el reconocimiento diez veces.
Como la mayor parte de los instrumentos de poder, hay dos lados en el reconocimiento y la recompensa: dar y recibir. Algunas personas tienen problemas a la hora de recibir una recompensa por sus esfuerzos y se les pone en un aprieto si se les da un premio especial. Otras personas son incapaces de mostrar un mínimo reconocimiento hacia los demás.
Hay algo evidente: para recibir, primero hay que dar. Si no das, no recibes, y si no recibes, no das. ¿Quién empieza?
Aquí tienes una oportunidad para poner en marcha reconocimiento y recompensa. Escribe una lista de diez aspectos a los que puedes dar reconocimiento y recompensa:
1. A mí mismo:
2. A mí mismo:
3. A mí mismo:
4. A otros:
5. A otros:
6. A otros:
7. A otros:
8. A la comunidad:
9. A la comunidad:
10. A la comunidad:
Escribe una lista de diez aspectos de los que puedes recibir reconocimiento y recompensa:
1. De mí mismo:
2. De mí mismo:
3. De mí mismo:
4. De otros:
5. De otros:
6. De otros:
7. De otros:
8. De la comunidad:
9. De la comunidad:
10. De la comunidad:
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Una vez hayas comprendido en qué consiste el problema y tengas una idea clara de qué es lo que buscas, crea un plan para encontrar la solución al problema. Sabemos los datos, sabemos cuál es el elemento que nos falta (si no nos faltara un elemento no estaríamos hablando de un problema) y sabemos cuáles son las condiciones que tiene que cumplir la solución para que sea válida.
Mi amigo Dani estaba prácticamente en la ruina. Su tienda de electrodomésticos se estaba hundiendo debido a la cercanía de un nuevo y poderoso centro comercial. Las ventas habían caído en picado. Su tienda ya no era rentable. Era evidente que tenía un problema, no vendía lo suficiente como para mantener el negocio. Los datos eran que su facturación había descendido en un 85% en los últimos tres meses y que estaba a punto de despedir al 95% de la plantilla. Las condiciones que tenía que cumplir la solución, pasaban por no tener que despedir a nadie (casi toda su plantilla tenía una antigüedad de más de 25 años en la empresa, formaban parte de su núcleo de amistades y despedirlos iba en contra de sus valores más profundos). Dani sabía que podía vivir el resto de su vida si vendía el local en el que estaba la tienda, pero, ¿cómo salvar la tienda y evitar los despidos? El siguiente paso es buscar las relaciones que existen entre los distintos elementos que forman el problema.
Dani sabía que su problema venía de la competencia desleal del gran centro comercial. Dani estaba viendo cómo muchos otros negocios de la zona estaban cerrando sus puertas. La zapatería contigua había cerrado tras 80 años de servicio al público; una mercería había cerrado después de haber estado en manos de tres generaciones. Uno tras otro, los comercios de la zona estaban cerrando. El siguiente sería el suyo. Era un problema de competencia, pero no era un problema de precios, ya que el centro comercial tenía unos precios más elevados. Sin embargo, la publicidad del centro comercial daba a entender lo contrario. Su tienda estaba en la mejor zona comercial de la ciudad y su atención al público era muy personal y de gran calidad. Sus empleados eran fieles y muy profesionales ¿Qué podía hacer?

Dani estaba desesperado y me preguntó qué podía hacer. Yo le dije "tú sabes, usa tu experiencia"
Una cosa es comprender el problema y otra muy diferente es pasar a la acción para encontrar una solución al problema. Generalmente no se pasa con facilidad de lo uno a lo otro. A veces lleva mucho tiempo. A veces es consecuencia de una idea genial que aparece de repente. Pero las ideas geniales suelen ser fruto de la experiencia. Y Dani tenía mucha experiencia en la venta de electrodomésticos.
Dani se puso a pensar y comprendió que su problema no era la competencia del centro comercial, sino que su tienda utilizaba un modelo de venta que había servido en el pasado, pero ya no servía para la realidad actual. ¿Había algo en su experiencia anterior que le pudiera ayudar a resolver su problema presente?
Dani comenzó a trabajar con diecisiete años vendiendo con un sistema de puerta a puerta. Era un trabajo duro, con docenas de rechazos diarios. Cuando pudo, montó su primera tienda. Ya no tenía que salir a buscar a sus clientes, los clientes entraban solos.
Dani estableció un plan. Reunió a su veinte empleados (vendedores, transportistas e instaladores) y les planteó un reto.
— Si queremos salvar nuestro trabajo —les dijo— tenemos que cambiar nuestra mentalidad. Ya no se trata de estar esperando a que entre el público en nuestra tienda, ahora tenemos que salir a buscarlo y convencerlo de que nuestros productos son más baratos y nuestro servicio más profesional. Así que…
Así que los empleados de Dani salieron a la calle y comenzaron a visitar uno por uno a todos los clientes que habían comprado algo en los últimos diez años. Les preguntaban sobre su satisfacción con el producto y con el servicio y les daban información sobre nuevos productos, comparativas de precios, facilidades de pago, ofertas para renovar los electrodomésticos, regalos…
Comenzaron a vender de nuevo. Mucho más que antes. Los antiguos clientes volvieron al redil y aconsejaban a sus amigos y parientes que compraran en la tienda de Dani. La tienda multiplicó su facturación un 300%. Tuvo que contratar nuevos empleados.
¿Todos contentos? No, Dani no estaba contento. Tenía que asegurarse de que el resultado no era fruto del azar o algo temporal. Dani siguió pensando y trabajando en la solución. Fue cambiando cosas en la forma en que los vendedores visitaban a los clientes, en lo que les ofertaban, en los argumentos de venta…
Dani está actualmente pensando en abrir otra tienda en un nuevo barrio de la ciudad. Dani convirtió un problema en una gran oportunidad.
Primero tenemos que comprender el problema, cuáles son sus elementos y cuál es exactamente el elemento que nos falta para resolver el problema. Después tenemos que establecer relaciones entre los datos que conocemos del problema. En tercer lugar tenemos que revisar en nuestra experiencia si existe alguna solución anterior que se pueda aplicar a nuestro problema actual. En cuarto lugar tenemos que establecer un plan de acción. En quinto lugar tenemos que poner en marcha nuestro plan de acción. Finalmente tenemos que revisar la ejecución del plan y cambiar de forma flexible todos los elementos que sea necesario.
La araña sabe que los deseos no son realidades. Cuando se da cuenta de que su presa se ha escapado, se agazapa y espera tranquilamente a que otro mosquito más despistado caiga en la telaraña. El mosquito sabe que un necio hace al final lo que un cuerdo hace desde el principio: utiliza su experiencia para no volver a caer en otras trampas.
¿Qué opinas?
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El mundo está lleno de dificultades. Quien no tiene por lo menos una docena de problemas es que está muerto. Los problemas forman parte de la vida de los seres humanos. Todos los seres humanos tenemos problemas, trabas, complicaciones, obstáculos, inconvenientes. Todos. Algunos se lían la cabeza con esos problemas y convierten su vida en un infierno. Otros aprovechan esos mismos problemas para avanzar. ¿En qué consiste la diferencia?
Tener un problema no es lo mismo que comprender un problema. Comprender un problema no es lo mismo que actuar para resolver el problema. Comienza enunciando claramente en qué consiste el problema, cuáles son sus partes, de qué aspectos está compuesto. Divide el problema en partes más pequeñas o trata de localizar el problema en un todo más completo. ¿El problema forma parte de otro problema mayor? ¿Se pueden aislar partes dentro de ese problema? ¿Cuál es la parte del problema que desconoces? ¿Qué datos reales tienes sobre el problema? ¿Te falta saber algo? ¿Te sobran elementos?
Trata de establecer alguna pauta con algún problema parecido que has resuelto anteriormente. ¿Hay aspectos comunes? ¿En qué se diferencian? ¿Puedes establecer alguna relación entre alguna de las partes del problema actual con alguna de las partes del problema ya resuelto?
Mira hacia atrás y busca alguna conexión con experiencias anteriores. ¿Te sirve algún conocimiento anterior? ¿Hay algo en tu pasado que te ayudó a comprender un problema parecido? ¿Podrías utilizar la solución que aplicaste a un problema completamente diferente para comprender el problema actual?
Lo que te ocurre, ¿es realmente un problema para ti o es algo que alguien te dice que es un problema? ¿El origen del problema está en ti o en los demás? ¿Existen circunstancias exteriores a tu capacidad de maniobra?
Cambia tu punto de vista y mira el problema al revés. ¿Qué tendrías que hacer para complicar más el problema? ¿Cómo puedes conseguir que el problema se agrave? ¿Qué elementos tendrías que eliminar del problema para que se convierta en algo completamente imposible de resolver? ¿Qué elementos tendrías que añadir para que el problema se vuelva una madeja absolutamente enmarañada?

Busca ideas, cualquier idea. Abre una revista por una página al azar, quédate con la primera frase que oigas al encender la TV, fíjate en lo primero que te diga tu pareja al levantarte por la mañana. ¿Puedes encontrar ahí alguna idea que te permita comprender mejor tu problema? Si no es así, abre otra revista por otra página, cambia de canal de TV, fíjate en lo que te dice el conductor del bus cuando vas hacia el trabajo. ¿Hay alguna nueva idea que puedes aplicar a la comprensión del problema? Si hay una mínima comprensión, trabaja esa idea más a fondo. Si no la hay, sigue buscando.
Cuando encuentres una idea interesante que te ayude a tener una mejor comprensión del problema, atrápala, no la dejes escapar. Necesitas comprender el problema, necesitas saber cuál es la esencia de problema. Si no entiendes el problema, ¿cómo lo vas a resolver?
Todos los mosquitos se encuentran con telarañas. Casi todos caen, muchos se escapan. Se escapan los que comprenden que caer en una telaraña es un verdadero problema. La araña lo sabe, por eso hace tan intrincada su red. Pero la conoce al dedillo, por eso ella misma sabe cómo salir de su propia trampa.
Explícame cuál es tu punto de vista.
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