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Acerca de Ricardo Ros

Psicólogo, autor del Método Stop a la Ansiedad ricardo@pnlnet.com Teléfono 948 065020

Se ahogaba y no se atrevía a pedir auxilio

Foto: NASA's Marshall Space(Licensed Under Creative Commons)
Foto: NASA’s Marshall Space(Licensed Under Creative Commons)

Todos los seres humanos tenemos necesidades. Y a todos los seres humanos nos gusta tener cubiertas esas necesidades.

También nos gusta cubrir las necesidades de los demás. Cuando alguien nos pide algo, generalmente, procuramos ayudarle, cubrirle sus necesidades. Sobre todo cuando quien nos pide ayuda es alguien a quien queremos. Cuando quien nos pide algo es alguien a quien queremos, entonces estamos dispuestos a hacer cualquier cosa, incluso traspasando el borde del sacrificio.

Por razones fundamentalmente culturales, nos cuesta mucho, sin embargo, pedir algo a los demás. Tenemos necesidades, los demás están deseando ayudarnos y, a pesar de ello, no nos atrevemos a pedir.

Todavía es peor cuando alguien cree que son los demás quienes tienen que adivinar sus necesidades. “Si me quisieras, sabrías cuáles son mis necesidades”, es una frase absurda, ya que alguien puede quererte pero no saber cuáles son tus necesidades. “Si tengo que pedirlo, entonces ya no merece la pena” es otra de esas creencias sin ninguna base, pero que destrozan parejas y relaciones con los demás.

Si quieres algo, pídelo, no esperes que sean los demás quienes adivinen tus necesidades.

Es fundamental saber pedir. Pide lo que necesitas. Pide a tu pareja, a tus padres, a tus hijos, a tus compañeros de trabajo, a tus jefes, al banco. Pide. No pasa nada por pedir. Lo más que puede ocurrir es que te digan que no. Pero es que los demás también tienen derecho a decirte que no. Y ese ‘no’, no necesariamente significa que no te quieran. Es sólo un ‘no’ a esa demanda concreta que has hecho. Pídelo de otra manera, pídelo en otro momento, pídeselo a otra persona, pero no dejes nunca de pedir. Pedir hace que los demás sepan lo que quieres.

Pide las cosas como si estuvieras seguro de que te las van a dar, con convicción, con entusiasmo. Pide las cosas a quien pueda dártelas. Pide de forma concreta y clara. No utilices rodeos ni segundas intenciones. No uses indirectas. Pide directamente.

Me gustará que durante los próximos días comiences a ejercitar tu capacidad para pedir. Pide todo lo que necesites. Te sorprenderás de lo que ocurre cuando pides. Y si no pides, no responsabilices a los demás de no recibir.

Y recuerda que para recibir, primero hay que dar.

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Stop a la Agorafobia

Ricardo Ros – Stop a la Agorafobia
Segunda Edición

¿Qué es la agorafobia?
– ansiedad cuando te encuentras en lugares o situaciones en los que es difícil escapar si ocurre algo (o te resulta embarazoso).
– miedo a tener una Crisis de Pánico y crees que no vas a tener posibilidad de recibir ayuda.
– miedo a estar solo fuera de casa, a mezclarte con mucha gente, a hacer cola, a pasar por encima de un puente, por debajo de un túnel, subir a un ascensor, montarte en un avión, etc.


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Manipula, manipula, que algo queda

Foto: Rudemusic .NET(Licended Under Creative Commons)
Foto: Rudemusic .NET(Licended Under Creative Commons)

Cuando queremos algo de otra persona, lo más fácil y lógico es pedirlo. La otra persona puede o no proporcionarnos lo que queremos, pero la comunicación permanece limpia, visible.

Hay, sin embargo, muchas personas que consideran que pedir algo directamente va en contra de sus principios, que no tienen derecho a hacerlo o que es una falta de educación. Otras personas creen que no hay que pedir, porque si la otra persona le quiere adivinará sus necesidades. En todos estos casos, lo que generalmente se hace es manipular a los demás.

Algunas personas tratan de culpar o de juzgar. Hay personas que se dedican a culpar a quien no le responde respecto a sus necesidades. Basan su estrategia en atacar el sentimiento y el pensamiento que sobre sí mismos tienen las personas. Saben donde les duele y ahí es donde les atacan. Para ello utilizan distintas estrategias, desde suaves y delicadas hasta irónicas y divertidas, pasando por aquellas que giran en torno a interrogaciones irracionales y tras ser rechazados saltan de manera “lógica”. La efectividad de ambas estrategias es temporal, ya que una vez que el entorno comienza a percibirlas con claridad dejan de responder ante esos ataques.

Otras personas fomentan la culpabilidad. Los que utilizan esta estrategia buscan que los otros se sientan culpables por no servirles de ayuda. Tratan despertar ese sentimiento que tenemos todas las personas de ser buenos respecto a los demás, de ser útiles a la sociedad. Tratan de que las personas que no responden a sus necesidades se sientan culpables, hacen que sientan que están fallando a los demás. De esta manera lo que buscan es que, aunque tengan una cierta actitud de rechazo interior hacia quien fomenta su culpabilidad, las personas hagan lo que ellos desean.

Otros tratan de provocar la lástima. Mediante una actitud de pena y abandono buscan llamar la atención y la simpatía de las personas. Lo hacen con distintas tácticas aunque con el paso del tiempo esta estrategia deja de funcionar ya que para la familia, los amigos esta situación se hace insoportable.

Bastantes personas utilizan el chantaje. Utilizando distintas estrategias amenazantes el usuario del chantaje lo que busca es no soltar algo necesario para los demás. Si las técnicas utilizadas no son las correctas poco a poco irá perdiendo efectividad y terminará por no funcionar. Quien utilice esta técnica tendrá que tener en cuenta que puede acabar resultando perjudicial hacia él mismo ya que puede crear una situación de rechazo en las personas a las que intenta chantajear.

Otras utilizan el soborno. El manipulador que utiliza el soborno lo que hace es prestar un interés falso hacia otra persona debido a que necesita algo de ella. El tiempo de efectividad también es escaso pero si se sigue manteniendo puede acarrear una actitud de rechazo desde los demás.

Otro, tratan de apaciguar. Quien utiliza está técnica tiene una actitud muy distinta de las anteriores, ya que busca conseguir una actitud positiva de los demás hacia su persona. No les gusta nada el conflicto y tratan de no llegar a él de cualquier manera. Tratan de resultar personas agradables, con una actitud positiva hacia el hecho de tener que pedir perdón y creen que deben hacerlo, buscando ser aprobadas y con estas tácticas tratan de conseguir después de los demás lo que quieren, ya que se lo deben porque él antes lo hizo por ellos. Con esta táctica buscan que los demás sean como ellos. El problema de esta estrategia reside en que en muchas ocasiones después de haber realizado cosas por los demás estos no le responden, no cumplen lo que se espera que ocurra.

Algunos se vuelven fríos. El manipulador que toma una actitud fría respecto a los demás lo que busca es que tengan claro que no van a conseguir nada de él, trata de intimidar, y los que finalmente consigue es que las personas no confíen en él.

Por último, hay personas que hacen ver que están enfermas. Es la táctica utilizada cuando después de utilizar el resto de las estrategias no se ha conseguido lo que se buscaba. Con esta estrategia tratan de crear un sentimiento de compasión, aunque tampoco dura demasiado, ya que los demás finalmente se dan cuenta de que todo es falso.

¿Cómo evitar todas estas manipulaciones? Muy fácil: pidiendo directamente, sin rodeos, sin indirectas.

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Stop a la Agorafobia

Ricardo Ros – Stop a la Agorafobia, Segunda Edición

¿Qué es la agorafobia?
– ansiedad cuando te encuentras en lugares o situaciones en los que es difícil escapar si ocurre algo (o te resulta embarazoso).
– miedo a tener una Crisis de Pánico y crees que no vas a tener posibilidad de recibir ayuda.
– miedo a estar solo fuera de casa, a mezclarte con mucha gente, a hacer cola, a pasar por encima de un puente, por debajo de un túnel, subir a un ascensor, montarte en un avión, etc.
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El chimpancé que miraba hacia otro lado

Foto: owenbooth(Licended Under Creative Commons)
Foto: owenbooth(Licended Under Creative Commons)

Los seres humanos funcionamos por hábitos. Repetimos y repetimos los mismos procesos, las mismas estrategias, una y otra vez. Incluso las repetimos cuando nos llevan al fracaso. Mejor dicho, las repetimos sobre todo cuando nos llevan al fracaso.

En el camino hacia el éxito, es imprescindible que abras tus ojos (y no me refiero a los ojos que tienes en la cara, sino a los que están en tu mente), que abras tu percepción, que despiertes, que no sigas dormido, repitiendo y repitiendo siempre lo mismo. Las oportunidades pasan a tu lado y tú miras hacia la otra esquina. ¿Cómo haces para no enterarte de lo que ocurre a tu alrededor? ¿Cómo haces para dejar pasar oportunidades sin ni siquiera enterarte?

Escucha. No corras tanto hacia ninguna parte y escucha. Escucha lo que te dicen tus amigos, escucha las palabras de tus familiares, escucha lo que hablan tus competidores, escucha lo que se comenta en la sociedad en la que vives. Oír significa prestar atención a las pautas, entender el significado de sus mensajes, atender a sus requerimientos. En lo que te dice la gente que te rodea hay miles de oportunidades, mientras tú sigues aferrado a tus propios pensamientos e ideas preconcebidas.

Mira. No corras tanto hacia ninguna parte y mira. Mira tu casa, mira tu barrio, mira tu lugar de trabajo, mira tu país, mira el bosque, mira ese perrito que te miró ayer cuando paseabas. En todo lo que puedes ver hay opciones. Pero tú sigues viendo sólo lo que siempre has visto, sin darte cuenta de que te estás perdiendo cosas importantes.

Toca. No corras tanto hacia ninguna parte y toca. Toca tu cuerpo, toca a tus seres queridos, toca las cosas que te rodean. Tocar significa formar parte de lo que tocas, fundirte con lo que tocas, establecer un puente de comunicación con lo que tocas.

Observa. No corras tanto hacia ninguna parte y observa. Obsérvate a ti mismo y observa el mundo que tienes alrededor. El mundo de las oportunidades está dentro de ti. El mundo de las oportunidades está en el mundo que tienes alrededor. Sólo tienes que observar, estar atento, no perderte en disquisiciones.

¿Estás cómodo donde estás? Entonces no hace falta que cambies nada. Tampoco te quejes. Si no estás cómodo, ¿qué haces que no te mueves? ¿Vas a mantener esa postura incómoda simplemente porque no sabes qué ocurrirá si la cambias? ¿Prefieres lo conocido a lo desconocido? Está bien. Entonces no te quejes. Cambiar significa arriesgar, andar por terrenos desconocidos, la posibilidad de tropezarte, de salirte del camino, de caer a un charco lleno de lodo. Cambiar es no saber qué va a pasar. No es una apuesta segura.

Atento. Estate atento a todo lo que está ocurriendo alrededor de tu vida.

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Stop a la Agorafobia

Ricardo Ros – Stop a la Agorafobia, Segunda Edición

¿Qué es la agorafobia?
– ansiedad cuando te encuentras en lugares o situaciones en los que es difícil escapar si ocurre algo (o te resulta embarazoso).
– miedo a tener una Crisis de Pánico y crees que no vas a tener posibilidad de recibir ayuda.
– miedo a estar solo fuera de casa, a mezclarte con mucha gente, a hacer cola, a pasar por encima de un puente, por debajo de un túnel, subir a un ascensor, montarte en un avión, etc.
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El león que se creía gacela

Foto: kepjuru(LCC)

Estamos hablando sobre el éxito como si fuera algo ajeno a nuestras vidas, como si fuera algo a lo que queremos llegar, pero que no conocemos. Nada hay más alejado de la realidad. Conoces el éxito en casi todas sus facetas. Si analizas tu vida, te darás cuenta de que es el éxito el que la rodea desde que naciste. Has obtenido el éxito en casi todas las cosas, aunque tu atención está centrada en lo que no has conseguido.

Quiero pedirte que ahora centres tu atención en todo aquello que te ha salido bien a lo largo de tu vida: has crecido sano y has superado la mayor parte de las enfermedades, has desarrollado tu inteligencia resolviendo prácticamente todos los desafíos que se te han presentado, has conseguido ser feliz con tu pareja durante mucho tiempo, tienes unos hijos que te quieren, tu trabajo te ha llenado durante muchos años… ¡Hay tantas cosas que se pueden considerar como un éxito!

Haz, por favor, una lista, con todo aquello que has conseguido a lo largo de tu vida en el aspecto personal, familiar, social y laboral. Analiza tu vida desde que naciste. Supiste salir adelante cuando te quedaste sin trabajo, encontrando uno mejor. Acabaste tus estudios a pesar de tener que trabajar al mismo tiempo. Superaste aquella crisis familiar tomando unas decisiones sabias. Has sabido convertir a tus hijos en unos seres felices…

Seguro que encuentras cientos, miles, de situaciones en tu vida que has sabido resolver con éxito.

¿Cómo lo has hecho? ¿Cómo has conseguido el éxito en esas situaciones? ¿Has analizado cuáles han sido las estrategias que has utilizado para conseguir esos éxitos? ¿Has desmenuzado las etapas, los mecanismos que te han acercado hacia el éxito en tantas situaciones? ¿Te das cuenta de que eres un experto en éxito?

Pero no te quedes ahí. Las cosas que has conseguido con éxito están muy bien, realmente tienes que felicitarte a ti mismo. ¿Son suficientes? ¿Merece la pena apoltronarte de por vida en determinadas áreas, porque ya has conseguido el éxito en algunas cosas?

Me gustaría pedirte que revisaras todas esas cosas que han constituido un éxito para ti. ¿Te va muy bien con tu pareja? Estupendo, ¿cómo puedes hacer para que te vaya todavía mucho mejor? ¿Has tenido éxito en tu negocio? Perfecto, ¿cómo vas a hacer para que tu negocio sea todavía más próspero? ¿Tienes muchos y buenos amigos? Maravilloso, ¿cómo vas a hacer para tener todavía más y mejores amigos? ¿Son tus hijos felices? Genial, ¿cómo ayudarás a tus hijos para que todavía sean más felices?

¿Por qué te conformas con lo que ya tienes? Las cosas que has conseguido convertir en éxito pueden ser una buena plataforma para seguir invirtiendo en nuevos éxitos cada día.

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Stop a la Agorafobia

Ricardo Ros – Stop a la Agorafobia, Segunda Edición

¿Qué es la agorafobia?
– ansiedad cuando te encuentras en lugares o situaciones en los que es difícil escapar si ocurre algo (o te resulta embarazoso).
– miedo a tener una Crisis de Pánico y crees que no vas a tener posibilidad de recibir ayuda.
– miedo a estar solo fuera de casa, a mezclarte con mucha gente, a hacer cola, a pasar por encima de un puente, por debajo de un túnel, subir a un ascensor, montarte en un avión, etc.
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El dragón que pensaba que no podía salir de la cueva

Foto: Jdmoar(Licensed Under Creative Commons)
Foto: Jdmoar(Licensed Under Creative Commons)

Pedro me escribe un email en el que me dice que desde siempre ha vivido en función de los demás, que siempre ha tratado de agradar a los demás. Me dice que siempre hizo lo que pensaba que quería su padre, que estudió lo que pensaba que quería su padre y que, ahora, todo lo hace en función de lo que cree que su mujer espera de él o de lo que cree que su jefe desea de él. Va con su familia a las vacaciones que planean sus amigos, se compra la ropa que ve que se compran sus amigos, lee los libros que le prestan sus amigos… Me explica que el otro día, al leer una de mis reflexiones, se dio cuenta de que él no estaba viviendo su vida. La profesión que tiene no es de su agrado, le gustaría ir de vacaciones a otros sitios, vestirse de otra manera y llevar una vida diferente.

Adonis me dice que está cansado de la vida que lleva. Tiene 48 años y ha vivido hasta el año pasado con su madre, ya que ella nunca le ha permitido independizarse. Cuando tenía una novia, su madre se ponía muy enferma y tenía que quedarse en casa para cuidarla. Una vez que se fue a vivir a otro sitio, su madre trató de suicidarse, con lo que nunca más se atrevió a dar otro salto fuera de la casa de su madre. Vive muy frustrado, porque ahora su madre tiene Alzheimer y la ha tenido que ingresar en una residencia, pero me cuenta que en este momento ya no sabe qué hacer con su vida, porque no está preparado para vivir sin su madre.

Mariángeles ha vivido toda su vida dependiendo de alguien. Primero de su madre, después, cuando se casó, de su marido. Tanto su madre como su marido son personas autoritarias y nunca le han pedido su opinión sobre las decisiones que la implicaban. Por ejemplo, me cuenta que su madre la matriculó en un curso de peluquería, sin consultarla, y que después le buscó un trabajo de peluquera sin preguntarle su opinión. Ahora su marido toma todas las decisiones, la obligó a dejar de trabajar, y decide todo sin preguntarle nada. “Me siento muy triste, me dice, porque mi marido no ha querido tener hijos y sé que tiene varias amantes. Mi vida es un desastre, pero no sé cómo escaparme y rehacer mi vida”

Tú existes por ti mismo, no son los demás los que te crean. Tu vida es independiente de los demás. Cuanto más construyas tu personalidad en función de los demás, más te alejarás de la felicidad. La felicidad depende del estado de tu mente, no de lo que los demás piensen sobre ti. La felicidad depende de lo que escojas en cada instante de tu vida. Incluso esas pequeñas decisiones que parece que no tienen importancia, marcan lo que ocurrirá en el presente y en el futuro. Si dejas que los demás creen tu mundo, quizás los demás alcancen sus objetivos, pero tú te alejarás cada vez más de los tuyos. Vives en el mundo que creas cada día. Es tu mundo, es tu vida, nada ni nadie tiene derecho a intervenir en tu vida.

No tienes que dedicarte al bienestar de los demás. Tú no puedes hacer feliz a los demás, porque la felicidad depende de cada uno. Nadie es capaz de hacerte feliz. La felicidad está en tu mente, en cómo te vives a ti mismo y al mundo.

El otro día en un viaje en avión, mi compañero de asiento me dijo que tenía 38 años y que lo había dejado todo, su trabajo y su pareja, y que se iba a una isla del pacífico sin nada, con las manos vacías, porque sabía que la vida que llevaba no le estaba haciendo feliz y quería empezar de nuevo. Siempre puedes iniciar una nueva vida. No importa que te equivoques, si estás atento a esa equivocación.

Haz lo que quieres hacer. Sé lo que quieres ser.

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Stop a la Agorafobia

Ricardo Ros – Stop a la Agorafobia, Segunda Edición

¿Qué es la agorafobia?
– ansiedad cuando te encuentras en lugares o situaciones en los que es difícil escapar si ocurre algo (o te resulta embarazoso).
– miedo a tener una Crisis de Pánico y crees que no vas a tener posibilidad de recibir ayuda.
– miedo a estar solo fuera de casa, a mezclarte con mucha gente, a hacer cola, a pasar por encima de un puente, por debajo de un túnel, subir a un ascensor, montarte en un avión, etc.
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