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Marta es una chica estupenda. Es animada, emprendedora, inteligente, alegre, cariñosa e incluso guapa. Marta no tuvo suerte con su primer matrimonio.
Posiblemente eligió mal, solíamos comentar sus amigos, ya que él era un tipo siniestro, triste, manipulador, egoísta. Evidentemente no estaba ni por asomo a la altura de Marta. Qué vio en aquel sujeto todavía es un misterio para todos nosotros.
Afortunadamente Marta, no sin esfuerzo, consiguió salir de aquella relación tan destructiva y que nada aportaba a una persona tan vital como ella.
Todos respiramos al fin, pero nuestro gozo duró poco.
Hace menos de un año conoció a otro tipo, Juan, un antiguo profesor de instituto ya retirado y con una catadura muy parecida a la de su anterior marido. Cayó perdidamente enamorada de él y pronto se fueron a vivir juntos.
Como todos anticipábamos las cosas pronto comenzaron a ir por los mismos derroteros que su anterior matrimonio. Incluso sospechamos, aunque todavía es pronto para decirlo, que él la maltrata… físicamente. Aunque cuando se lo insinuamos, ella lo niega.
La historia de Marta es una historia particular, pero todos conocemos historias parecidas, con puntos comunes a esta. Son historias de gente normal, incluso brillantes en algunos aspectos, y que solemos decir que no han tenido suerte…
Sin embargo, muchas de estas historias nos hacen reflexionar sobre si no es del todo casualidad que las personas establezcamos con otras relaciones destructivas y viciadas desde un principio y que además podamos volver a recaer en ellas.
A pesar de su aparente “normalidad” Marta no aprendió de una experiencia negativa, de su primer matrimonio, y aunque tuvo suficientes fuerzas para saber salir de ella, la nueva relación que estableció se cimentó en los mismos principios erróneos.
Posiblemente podamos pensar que si Marta tiene la suficiente fuerza para cortar con su actual relación y rehacer su vida de nuevo, si no corrige esos principios erróneos, pueda volver a caer en los brazos de un tipo tan frío y egoísta como sus anteriores parejas.
La historia de Marta es una historia típica de cómo la personalidad es trastornada por algunos patrones de pensamiento autodestructivos que conducen a las personas a la infelicidad.
Las personas llegan a establecer como normales situaciones que no lo son. “Yo siempre he sido así”, suelen decir. “Mis relaciones con los hombres siempre han sido así”, podría decir Marta.
Acostumbramos a reproducir los mismos patrones de
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conducta y de pensamiento sin plantearnos muchas veces si estos son los más adecuados, los más sanos para nosotros y para los que nos rodean.
Freud ya lo denominaba como “compulsiones de repetición”. Una hija de un matrimonio de alcohólicos que ha sido maltratada en su infancia crece y se casa con un alcohólico que le seguirá maltratando. A su vez, ella maltratará sus hijos.
Tendemos a repetir las conductas que hemos heredado de manera negativa, reproduciendo en nuestras vidas los errores de nuestros mayores.
Aprender a cuestionarnos esas actitudes viciadas no es una labor fácil, pero afortunadamente tenemos toda una vida por delante para equivocarnos y volver a rectificar.
Aprender a salir de este tipo de patrones no es una tarea fácil. Vemos estas situaciones como “algo normal”, son patrones profundamente vertebrados en nuestra propia personalidad.
Aunque se traten de comportamientos profundamente aferrados en nuestras vidas si contamos con nuestra fuerza de voluntad lograremos cambiarlos con éxito. Cambiar de enfoque, estar abiertos a establecer nuevos puntos de vista sobre las cosas nos ayudará en gran medida en nuestra labor.
Debemos estar atentos a nuestro propio cuerpo, a nuestros sentimientos. Ellos nos indicarán cuando nuestra dirección es la adecuada.
Cuando hacemos lo que debemos nos sentimos bien, más sanos, más felices. Nuestro cuerpo y nuestra mente saben que lo que hemos hecho ha estado bien. Debemos hacer caso a nuestros propios sentimientos.
Descubrir nuestra propia felicidad es un proceso aparentemente sencillo pero no lo es tanto. Mucha gente se muere sin descubrirlo, frustrados y amargados, enfrascados en actitudes, “compulsiones de repetición”, sin ningún tipo de posibilidad de salir de ellas.
La mayoría de las personas no saben realmente lo que les gusta hacer, lo que realmente les hace sentirse bien y felices. Quererse a uno mismo es el principio básico para cualquier cambio en el terreno de la construcción de la personalidad. Quererse a uno mismo es saber lo que se quiere hacer con la propia vida, que tipo de relaciones se quieren establecer con los demás y que grado de autonomía queremos mantener con respecto a ellos, cual va a ser el grado de compromiso social que se está dispuesto a asumir.
En resumidas cuentas se trata de establecer cuáles van a ser los principios básicos que van a regir nuestra vidas, cuáles van a ser las prioridades que se van a implantar (los valores).
Todo esto sin olvidarnos de lo importante que es contar con la ayuda de un buen profesional que nos ayude a salir de esos círculos viciados en los que nos vemos envueltos.
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Ricardo Ros – El niño que iba a resolver los problemas del universo
Es fácil soñar. Para poder modificar algo primero hay que reconocer que existe. Para poder modificar la realidad, primero tenemos que centrarnos en la realidad. Si negamos la realidad nunca vamos a poder cambiarla. Puedes soñar, pero si no trabajas en contacto con la realidad, la realidad te superará y te absorberá. No estar bien psicológicamente significa no saber distinguir entre nuestros sueños y la realidad. Tienes que soñar, pero es necesario que sepas que eso no es la realidad, es sólo un sueño, un deseo, una fantasía, una ilusión. Por un lado está la imaginación, y por otro lado está la realidad.
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